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Presentación

Crecí en Detroit, Michigan. Mis padres eran inmigrantes italianos que llegaron a Estados Unidos antes de que naciera yo. Mi primer idioma fue su dialecto Abruzo, por lo que no supe hablar bien en inglés hasta que comencé a asistir al colegio.

Me crié en la fe católica y era muy creyente: me confesaba todos los sábados e iba a misa los domingos, sin falta. No obstante, a los doce años empecé a experimentar una crisis de fe, y a los trece, tuve que enfrentar el hecho de que probablemente me iría al infierno debido a ciertas prácticas de las que disfrutaba, y decidí dejar de asistir a la confesión y a la iglesia. A los catorce, un compañero de colegio murió de una sobredosis de heroína, tras lo cual quise retornar a la iglesia, pero lo único que encontré fue condenación y amenazas de acabar en el infierno por mis pecados mortales. Me enojé mucho con los sacerdotes, la iglesia y Dios, y me declaré ateo.

Era bastante popular en el colegio, sacaba buenas calificaciones, me fue bien en los deportes y las chicas gustaban de mí, pero al igual que la mayoría de los de mi generación, empezaba a rebelarme contra el sistema establecido. Empecé a escuchar rock duro, a fumar marihuana y tomar sin control alguno. También me rebelé contra la guerra de Vietnam. Ingresé a la universidad, pero lo único que conseguí fue desilusionarme aún más con la vida.

Hasta que un día, mi mundo se desmoronó por completo. En tan solo unos días, uno de mis amigos se suicidó y mi novia me informó que había tenido un aborto. Quedé en estado de shock y acabé sumido en una depresión. Dejé el consumo de drogas y empecé a buscar la verdad, volviéndome primero al yoga y después al budismo. Al mismo tiempo decidí ir tras mis raíces viajando por Italia y el sur de Europa. Fue allí donde conocí a unos integrantes de LFI.

En mayo de 1973 conocí a Jesús de una manera nueva y personal, gracias a unos cuantos miembros de La Familia de Nápoles, en Italia. Logré comprender a Dios y Su amor. Él se llevó mi remordimiento, mi sentimiento de culpabilidad y mi depresión, y la reemplazó con amor, felicidad, significado y propósito en la vida.

Esto cambió mi vida para mejor, y para siempre.

Por qué estoy afiliado a La Familia Internacional

Encontré el amor de Jesús con los Niños de Dios. No se me ocurre mejor lugar para servir a Jesús y a los demás que en la Familia Internacional. ¡Llevo una vida maravillosa y llena de sentido!

Cómo vivo mi fe

Soy misionero a plena dedicación en la República Democrática del Congo. Aquí, hago lo que más me gusta: dar a conocer mi fe a quienes Él me ha llamado a alcanzar, en particular en países pobres y subdesarrollados, a los que siento que he sido llamado a servir.

Experiencia misionera

Labores de evangelización para jóvenes
He participado en programas para jóvenes en Italia, Irán, Afganistán, Paquistán, India, Perú, Chile, Argentina, Francia, Kazakstán, Sudáfrica y la República Democrática del Congo. En todos mis ministerios me he desempeñado como profesor de la Biblia, desde cursos básicos hasta avanzados.
Testificación individual
Me encanta transmitir mi fe a los demás. Impartir clases de la Biblia y de evangelización utilizando publicaciones y producciones cristianas de LFI es mi método predilecto para dar a conocer mi fe. También tengo amplia experiencia como consejero.
Labores humanitarias y de voluntariado
Realicé mis primeras labores de ayuda humanitaria en la India y en Almaty, Kazakstán, y después en Madagascar. En 2001 participé en un programa de distribución de alimentos en la pequeña aldea de Kikimi, situada en las afueras de Kinshasa (RDC). Después, a principios de 2010, mi esposa y yo fundamos la asociación Espoir Congo, que en la actualidad se ha convertido en un proyecto de la aldea que proporciona educación primaria y atención médica en colaboración con nuestros socios congoleses de SABEC.
Otros
A lo largo de mis años trabajando con LFI he administrado centros misioneros y diversos programas, incluyendo un centro de producciones en Madrás, India, al igual que otro en París, Francia. Más recientemente, participé en el programa de orientadores de LFI. Sé hablar en inglés, francés y español, y en algún momento supe algo de ruso y farsi.
Mi padre me enseñó el valor del trabajo, la diligencia y la fidelidad, y en mis épocas de estudiante trabajé en varios empleos durante los meses del verano: como jardinero, como obrero de fábrica, en un depósito de materiales, como encargado de inventario y stock, haciendo entregas, conduciendo camiones, como vendedor, como empleado administrativo, en restaurantes, y varias cosas más. Todas esas experiencias hicieron que me resultara fácil identificarme con toda clase de personas al realizar labores de evangelización, ya se tratase de gerentes como de empleados, de alumnos como de maestros, en todo tipo de industrias y servicios.

Afiliados

Conoce a otros…