• Su alegría. Nuestra fuerza.

  • El mundo pasará; pero la Palabra de Dios permanecerá para siempre.

  • Dios amó tanto al mundo. A cada persona.

  • Busquen primero Su reino.

  • Donde Dios está, hay amor. (1 Juan 4:7-8)

Áncora

Devocionales presentados de forma sencilla

  • Difunde la buena nueva, uno a uno

    Tesoros

    [Sharing the Good News—One Heart at a Time]

    Dar a conocer tu fe a otras personas y guiarlas hacia la salvación por la fe en Cristo puede resultar difícil, pero es una labor muy gratificante. No a todo el mundo le interesa conocer a Jesús o descubrir cómo iniciar una relación con Dios. Pero cuando alguien recibe tu testimonio y acepta a Cristo —en ese mismo momento o más tarde—, te das cuenta de que es un privilegio maravilloso haber participado o desempeñado un papel en ello.

    Algunas de las personas con las que hables o a las que entregues folletos evangélicos se encontrarán en un momento de su vida en que están abiertas y listas para recibir el mensaje y desean saber más del cristianismo. Es posible que otros al testificarles hayan dejado semillas en ellas, o que Dios haya obrado en ellas de otras maneras para llevarlas a ese punto. Entonces Él las pone en tu camino para que lleguen a conocer a Cristo y lo acepten como su Señor y Salvador.

    Pero no te sorprendas si algunos rechazan abiertamente tu testimonio o incluso vilipendian tu fe. Puede resultar un poco descorazonador acercarse a alguien para hablarle de la verdad que lo hará libre (Juan 8:31,32) y encontrarte con que te ignora, cambia de tema, adopta una postura crítica o en algunos casos te menosprecia o te reprende. Cuando pase eso —a todo el mundo le sucede en algún momento—, no te rindas. Nuestra tarea consiste en poner en las personas las semillas de la verdad y de la fe; solo Dios puede hacerlas crecer en corazones receptivos, tal como expone la parábola del sembrador.

    Un sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, una parte cayó junto al camino; fue pisoteada y los pájaros se la comieron. Otra parte cayó sobre las piedras y cuando brotó, las plantas se secaron por falta de humedad. Otra parte cayó entre espinos que, al crecer junto con las semillas, ahogaron las plantas. Pero otra parte cayó en buen terreno; así que brotó y produjo una cosecha del ciento por uno. […]

    Este es el significado de la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Los que están junto al camino son los que oyen, pero luego viene el diablo y les quita la palabra del corazón, no sea que crean y se salven. Los que están sobre las piedras son los que reciben la palabra con alegría cuando la oyen, pero no tienen raíz. Estos creen por algún tiempo, pero se apartan cuando llega la prueba. La parte que cayó entre espinos son los que oyen, pero los ahogan las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida, y no maduran. Pero la parte que cayó en buen terreno son los que oyen la palabra con corazón noble y bueno, la retienen y, como perseveran, producen una buena cosecha.  Jesús, Lucas 8:5–151

    Cualquiera que tenga experiencia en horticultura o agricultura sabe que quien siembra no controla si las semillas germinarán. Lo que hace el horticultor o agricultor es labrar la tierra, sembrar, regar y abonar. Pero solo Dios puede hacer que las semillas germinen. Por muy convincentemente que hables del evangelio, los frutos o resultados de tu testificación están en manos del Señor y dependen de la respuesta de las personas. Uno puede labrar el terreno, otro sembrar y otro regar, pero es Dios quien hace crecer (1 Corintios 3:6).

    Puede que algunos tengan una reacción inicial negativa cuando un cristiano les testifica por el simple hecho de que les pilla por sorpresa. No se lo esperaban o no estaban preparados para entablar una conversación sobre un tema tan profundo como el de la fe en Dios o el lugar al que irán a parar después de esta vida. Es posible que otros hayan tenido malas experiencias o escuchado argumentos en contra del cristianismo que los han desilusionado. A otros hay que conquistarlos predicándoles con el ejemplo —siendo un evangelio andante— para que luego estén dispuestos a escuchar un sermón.

    A algunos les parece que aceptar a Jesús como Salvador sería traicionar la religión con la que sus padres los criaron, o tienen miedo de que eso los aparte de su familia y su cultura. Algunos todavía no han descubierto la futilidad de buscar la verdad suprema y el propósito y significado de la vida en las cosas de este mundo, o no quieren que se les hable de la muerte y la otra vida, y mucho menos del pecado y de cuál será su destino eterno.

    Hay mil motivos por los que algunos no le abren su corazón a Jesús la primera vez que se les presenta la oportunidad. En países no cristianos y culturas seculares es habitual que tome bastante tiempo y paciencia llevar a alguien a conocer a Jesús y salvarse. En ciertos casos hace falta entablar primero una amistad con la persona y ser un buen vecino, amigo, colega o compañero de estudios. Algunos se sienten atraídos al cristianismo al ver un ejemplo vivo de lo que creemos, al conocer nuestra forma de vivir y nuestro amor e interés en los demás.

    Si alguien no está listo para que se le testifique, no hay que insistir, pero tampoco rendirse. Tal vez tu encuentro con esa persona no es sino un paso más en su acercamiento a Jesús. Puedes orar por ella y pedirle al Señor que siga obrando en su corazón y que riegue las semillas que tú sembraste. Puedes ponerte a su disposición y decirle que te encantaría conversar con ella. A lo mejor puedes infundirle fe enviándole mensajes por correo electrónico o entregándole publicaciones cristianas de tanto en tanto.

    Nuestra labor consiste en sembrar la Palabra y la verdad de Dios en el corazón de las personas. El sol del amor de Dios combinado con el agua de Su Palabra hará que en algunos casos se produzca el milagro de una nueva vida en los que lo acepten. Nuestra pasión y nuestro deseo es difundir la buena nueva de la salvación y ayudar a las personas a descubrir la fe en Cristo, pero únicamente Dios puede obrar en su corazón y en su vida. Nosotros solo podemos ofrecerles la verdad del evangelio y manifestarles el amor de Dios. La decisión de creer, aceptar y seguir a Jesús como Señor y Salvador debe tomarla cada uno delante de Dios.

    Nosotros nos limitamos a preparar la tierra, ablandarla con nuestras oraciones y depositar en ella la semilla. Puede que no siempre lleguemos a ver la cosecha, pero podemos confiar en que el Señor obrará en las personas que lo acepten. Si damos testimonio fielmente y repartimos folletos evangélicos, nuevos testamentos y otras producciones cristianas, podemos confiar en que el Espíritu Santo obrará en el corazón y en la vida de las personas. Tanto si deciden creer el mensaje y aceptar a Cristo como si no, nosotros estamos cumpliendo fielmente el llamado a predicar el evangelio (Marcos 16:15).

    Consejos para difundir eficazmente la buena nueva

    Se nos ha encargado que comuniquemos la buena nueva a todo el mundo, por todas partes. Al hacerlo, es importante que tengamos presente que cada persona con la que nos cruzamos tiene un valor intrínseco a los ojos de Dios y es objeto de Su amor. Debemos mirar más allá de las apariencias y verlas como Él las ve, como creaciones únicas.

    Jesús dio ejemplo de relacionarse con todo tipo de personas aun cuando la cultura de Su época lo desaprobaba. Hablaba con los odiados recaudadores de impuestos, como Zaqueo, y llamó a uno de ellos, Mateo, para que fuera discípulo Suyo. Fue al encuentro de María Magdalena y de la samaritana a la que conoció junto a un pozo, y sanó a los marginados y parias de Su época. «El Señor no mira lo que mira el hombre: El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón» (1 Samuel 16:7). Pídele a Dios que te ayude a ver a cada persona que ponga en tu camino como Él la ve.

    Hay personas discutidoras que presentan argumentos contra el cristianismo porque son escépticas e incrédulas y quieren soltar su opinión. Pero no todos los que discuten entran en esa categoría. Hay quienes buscan sinceramente la verdad y que discuten y cuestionan la Biblia y el cristianismo porque de veras ansían respuestas. Quieren que les resuelvan sus objeciones.

    Aprendamos de cómo respondía Jesús a las preguntas que le hacían. Algunas se las plantearon personas que querían sinceramente conocer la verdad, como Nicodemo, que le preguntó cómo podía nacer de nuevo (Juan 3:1–21), y la samaritana con la que conversó junto a un pozo, que le hizo una pregunta sobre el agua viva (Juan 4:5–15). Jesús respondió a sus preguntas y les reveló la verdad sobre quién era Él y cómo podían entrar en el reino de Dios.

    Por otra parte estaban las preguntas de los líderes religiosos de Su época, con las que pretendían tenderle trampas. Cuando Jesús percibía que quienes lo interrogaban solo querían meterlo en aprietos, les respondía con mucha prudencia, haciéndoles preguntas que los desenmascaraban y revelaban sus verdaderas intenciones (v. por ejemplo Mateo 22:15–22; Juan 8:6–9).

    La Biblia nos insta a hablar con convicción, pero también con gentileza y respeto. «Estén siempre preparados para responder a todo el que pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con gentileza y respeto» (1 Pedro 3:15). El apóstol Pablo escribió: «Un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse. Así, humildemente, debe corregir a los adversarios, con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la verdad» (2 Timoteo 2:24,25).

    Si después de un rato tratando de entender a una persona discutidora u hostil y de responder a sus preguntas u objeciones te das cuenta de que claramente no quiere escuchar las respuestas de Dios contenidas en la Biblia, retírate cortésmente de la conversación. En Colosenses se nos manda: «Anden sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Que la palabra de ustedes sea siempre agradable, sazonada con sal, para que sepan cómo les conviene responder a cada uno» (Colosenses 4:5,6). A menudo la mejor estrategia para lidiar con los puntos de desacuerdo no es refutar lo que dice el otro, sino escucharlo y seguidamente presentarle la verdad de una manera amorosa y positiva.

    Cuando se testifica a dos o más personas juntas, a veces una de ellas es poco receptiva e intenta poner trabas al testimonio que das ante todo el grupo, haciendo comentarios peyorativos y preguntas capciosas o denigrantes, o creando distracciones molestas. Por eso en general es más eficaz, siempre que se pueda, conversar uno a uno, ya que muchas personas se sienten incómodas si tienen que hablar de Dios, de la fe y de cuestiones de orden espiritual delante de otros, sobre todo delante de sus compañeros. En conversaciones privadas, aun algunos que pueden haber parecido poco receptivos cuando estaban con otros terminan siendo más receptivos.

    Que tu testificación sea atractiva

    En 1 Corintios, Pablo expone su estrategia para difundir el evangelio: «Me he hecho siervo de todos para ganar al mayor número. […] A todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él» (1 Corintios 9:19–23).

    Al evangelizar, también nosotros podemos buscar un enfoque con el que las personas se puedan identificar en función de su situación, sus experiencias y su cultura. Hay que abordarlas y dirigirse a ellas de una manera amistosa, comprensiva, compasiva y empática. Busquemos tantos puntos de coincidencia como sea posible. Si alguien a quien testificamos no ha tenido una formación cristiana, podemos centrarnos en Jesús, la única figura religiosa que tomó forma humana, vino a la Tierra, vivió como un ser humano y dio Su vida para redimirnos y salvarnos a todos. Podemos hablar de Su gran amor por la humanidad y de Su poder para transformar, sanar, consolar y reparar vidas y corazones destrozados.

    Jesús dijo que había venido «a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10). El Señor también nos advierte que seamos prudentes y que miremos bien cómo, cuándo y a quién testificamos. «He aquí, Yo los envío como a ovejas en medio de lobos —dijo a Sus discípulos—. Sean, pues, astutos como serpientes y sencillos como palomas» (Mateo 10:16). Debemos transmitir a todos el mensaje acerca del amor y la verdad de Dios, pero particularmente a quienes lo vayan a creer y aceptar.

    Recompensas

    Los cristianos nacidos de nuevo hemos sido llamados a cumplir la misión de dar testimonio de Jesús y comunicar la buena nueva a las personas que el Señor pone en nuestro camino. «Somos embajadores de Cristo; Dios hace Su llamado por medio de nosotros. Hablamos en nombre de Cristo cuando les rogamos: “¡Vuelvan a Dios!”» (2 Corintios 5:20). Ser Sus embajadores es tanto un llamado como un privilegio.

    ¡Difundir la buena nueva del evangelio es una experiencia sumamente gratificante! Es un privilegio participar en las transformaciones que obra el Señor en el espíritu y la vida de las personas, y saber que un ser querido, un amigo o alguien a quien hemos testificado ha accedido a la salvación eterna. «Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente» (Lucas 15:10), y nosotros, que somos instrumentos de Dios en la Tierra, también participamos de ese gozo. Eso sería recompensa suficiente. Sin embargo, hay mucho más. Jesús prometió copiosas recompensas en el Cielo a quienes lo sirvan y den testimonio de Él. «A cualquiera que me confiese delante de los demás, también el Hijo del hombre lo confesará delante de los ángeles de Dios» (Lucas 12:8).

    No siempre es fácil. Hay momentos en que nos desanimamos o nos sentimos frustrados porque nos parece que nuestra testificación es un tanto infructuosa. En esos momentos conviene recordar que todo sacrificio que hagamos en esta vida habrá valido la pena cuando estemos con Jesús. Un día tendremos la alegría de saber que participamos en la salvación de otras personas y cumplimos fielmente la gran misión que Él nos encomendó.

    Publicado en Áncora en febrero de 2026. Traducción: Esteban.


    1 La parábola del sembrador se encuentra también en el capítulo 13 de Mateo y en el capítulo 4 de Marcos.

  • Feb 2 El llamado a perdonar
  • Ene 30 4 razones para aceptar que los Evangelios son recuentos de testigos oculares
  • Ene 29 Maravillas eternas
  • Ene 27 Seguir la guía de Dios
  • Ene 22 Efectos del cristianismo: trabajo y descubrimientos científicos
  • Ene 21 La historia de una relojera que perdonó a sus enemigos
  • Ene 16 La historia de Elías
  • Ene 13 Cruzar la línea de meta
  • Ene 7 5 maneras de convertirse en un mejor seguidor de Cristo por medio de las devociones diarias
   

Rincón de los Directores

Estudios bíblicos y artículos edificantes para la fe

  • 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 20-36)

    [1 Corinthians: Chapter 15 (verses 20–36)]

    En 1 Corintios 15:14–19 Pablo abordó las consecuencias de negar la resurrección de Cristo y concluyó afirmando: «Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es inútil; todavía están en sus pecados. […]¡Si solo en esta vida hemos tenido esperanza en Cristo, somos los más miserables de todos los hombres!» Ahora bien, en la siguiente parte de su plática sobre la resurrección, Pablo ya no lo presenta como una hipótesis, algo posible, sino que lo declara un hecho.

    Pero ahora, Cristo sí ha resucitado de entre los muertos, como primicias de los que durmieron (1 Corintios 15:20).

    Jesús resucitó de los muertos por obra de Dios después de Su muerte en la cruz. Pablo califica la resurrección de Cristo como las primicias. Primicias es un término que se utilizaba para referirse al primer manojo de la cosecha de grano, que se llevaba al templo y se ofrecía a Dios para consagrar la cosecha.

    Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayan entrado en la tierra que Yo les doy y hayan segado su mies, traerán al sacerdote un manojo de espigas como primicia de su siega. Este mecerá el manojo delante del SEÑOR, para que sean aceptados (Levítico 23:10-11).

    Cuando Cristo resucitó después de Su crucifixión, Él fue la primicia y el precursor de los que ya habían muerto y se levantarán de nuevo en la resurrección del cuerpo. Su resurrección demuestra lo que en el futuro aguarda a todos los creyentes. «He aquí, les digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados» (1 Corintios 15:51). «Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Pero sabemos que, cuando Él sea manifestado, seremos semejantes a Él porque lo veremos tal como Él es» (1 Juan 3:2). Así como Dios hizo volver a Jesús a la vida, asimismo revivirá a todos los que confían en Cristo cuando llegue la hora. Siendo que Cristo ha vuelto a la vida, nosotros también reviviremos.

    Puesto que la muerte entró por medio de un hombre, también por medio de un hombre ha venido la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados (1 Corintios 15:21,22).

    Pablo se sirve de Adán como ejemplo. Adán fue el primer hombre y debido a que pecó, la muerte se introdujo en el mundo. Por medio de otro hombre —Jesús— llegaron la vida y la resurrección de los muertos. Jesús abrió el camino para que todos los que creyesen en Él fueran perdonados por sus pecados.

    El pecado de Adán introdujo la muerte en el mundo y su muerte marcó la pauta para todos los demás que vendrían después de él. Puesto que Adán murió, todos los demás seres humanos mueren. De igual modo, la resurrección de Cristo de entre los muertos posibilitó que los que obtienen el perdón de sus pecados mediante la fe en Él, vuelvan a la vida también. Dado que Jesús resucitó, los que están en Cristo también serán vivificados al resucitar corporalmente de la tumba.

    Pero cada uno en su orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en Su venida (1 Corintios 15:23).

    Pablo describe el orden en que resucitarán los creyentes. Nos dice que Cristo se levantó de los muertos; por ende, existe la promesa de que todos los salvos resucitarán igualmente. La resurrección de Cristo no fue un suceso aislado, sino más bien la primicia de todos los creyentes que también se levantarán de los muertos.

    Durante la Segunda Venida los muertos en Cristo resucitarán tal como Él resucitó tras Su crucifixión. Su resurrección revela lo que les habrá de suceder a todos los creyentes. Nos tranquiliza asegurándonos que, si bien todos enfrentamos la muerte, lo podemos hacer sin temor, pues así como Cristo se levantó de los muertos, también nosotros lo haremos.

    Después el fin, cuando Él entregue el reino al Dios y Padre, cuando ya haya anulado todo principado, autoridad y poder (1 Corintios 15:24).

    Una vez que todos los creyentes hayan vuelto a la vida, la Historia llega a su fin. El tiempo dará paso a la eternidad. Jesús anunció ese día, precedido por Su segunda venida, en Mateo 24.  «Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y luego vendrá el fin» (Mateo 24:14).

    El fin llegará cuando Cristo culmine Su obra y como consecuencia entregue el reino al Padre. Habrá cumplido el plan de Dios y destruido todo imperio, autoridad y poder (2 Pedro 3:10–13). Sobre este punto, el exégeta Leon Morris escribió:

    Una vez que Cristo regrese, vendrá el fin. Será la hora del juicio final y el establecimiento de una nueva creación. En ese momento Cristo entregará el reino a Dios Padre. […] Esa cesión del reino al Padre no ocurrirá sino hasta que Cristo haya destruido todo dominio, autoridad y poder. En otro pasaje Pablo usa esa misma terminología para describir tanto la autoridad humana (Romanos 13:1–3) como los poderes demoniacos (Efesios 1:21). En ese contexto él tenía en mente la destrucción de todos los poderes que se alzan contra el reino de Cristo, sean humanos o sobrenaturales[1].

    Ello representa la derrota final de toda oposición y pone de relieve la victoria de Cristo. Este versículo también alienta a los creyentes a permanecer fuertes en la fe, sabiendo que aunque enfrentemos luchas y dificultades, estas forman parte del designio divino que acaba en victoria.

    Porque es necesario que Él reine hasta poner a todos Sus enemigos debajo de Sus pies (1 Corintios 15:25).

    El reinado de Cristo continuará luego de la resurrección corporal de los creyentes hasta que todo enemigo sea hollado y derrotado. Esto indica la plena autoridad que posee Jesús sobre todo adversario. Poner a «Sus enemigos debajo de Sus pies» expresa la victoria de Cristo y la derrota definitiva que infligirá a todos Sus enemigos. Todo pecado, contienda y oposición tocarán a su fin durante Su reinado.

    El último enemigo que será destruido es la muerte (1 Corintios 15:26).

    Pablo se proyecta hacia un futuro en el que la muerte será aniquilada y en el que la muerte y el temor de la muerte no ejerzan ya poder sobre nosotros. Tenemos cifrada nuestra esperanza en la promesa de una eternidad con Dios. Ese conocimiento nos ayuda a vencer el temor de la muerte y libra «a los que por el temor de la muerte estaban toda la vida condenados a esclavitud» (Hebreos 2:14,15). La victoria de Cristo sobre la muerte nos da esperanza, tranquilidad y seguridad. Si bien todos enfrentaremos la muerte, tenemos la promesa de la vida eterna.

    Porque ha sujetado todas las cosas debajo de Sus pies. Pero cuando dice: «Todas las cosas están sujetas a Él», claramente está exceptuando a aquel que le sujetó todas las cosas (1 Corintios 15:27).

    Al declarar que Dios sujetó todo bajo los pies de Cristo se infiere que el Hijo tiene autoridad sobre toda cosa creada, incluidos los ángeles, los gobernantes, las fuerzas naturales y los demonios. Esta subordinación de todas las cosas a Cristo deriva en la resurrección de todos los creyentes y en la derrota y destrucción de la muerte misma. Pablo añade una excepción a aquello de que todas las cosas están sujetas a Cristo, y es Dios. Fue Dios quien sujetó todo bajo los pies de Cristo, excepto a Sí mismo.

    Pero cuando aquel le ponga en sujeción todas las cosas, entonces el Hijo mismo también será sujeto al que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea el todo en todos (1 Corintios 15:28).

    Una vez que Cristo haya derrotado a todos los enemigos, entre ellos la muerte, y haya acopiado todo bajo Su autoridad, se entregará Él mismo otra vez al Padre y le devolverá Su reino «para que Dios sea el todo en todos». «Porque de Él y por medio de Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén» (Romanos 11:36). Jesús estará en eterna sumisión al Padre. Naturalmente que Jesús también es igual a Dios por ser Él la Segunda Persona de la Trinidad. Así como el Padre tiene autoridad absoluta como Creador, asimismo Jesús tiene autoridad absoluta como Creador. «Él es la imagen del Dios invisible; el primogénito de toda la creación porque en Él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de Él y para Él» (Colosenses 1:15,16).

    Por otro lado, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos? Si los muertos de ninguna manera resucitan, ¿por qué, pues, se bautizan por ellos? (1 Corintios 15:29).

    En este versículo y los versos 30-34, Pablo emplea la lógica para intentar persuadir a los corintios de que en los postreros días habrá una resurrección en la cual todos los cristianos se levantarán de los muertos. Su modo de plantear el tema es apelar a la propia experiencia de los corintios y a la del mismo Pablo y los apóstoles preguntándoles por qué hacen esas cosas si es que no hay resurrección[2].

    Pablo empieza refiriéndose a lo que parece ser una costumbre entre algunos integrantes de la iglesia de Corinto. Aunque se han propuesto varias interpretaciones respecto al significado de este versículo, la más evidente es que los corintios practicaban bautismos sustitutorios a nombre de los que habían fallecido[3]. Diríase que Pablo se remitía a esa práctica para desafiar a los corintios acerca de sus creencias sobre la vida después de la muerte; es decir, si no había resurrección de los muertos, ¿qué sentido tenía esa costumbre? Sin embargo, no hay indicio alguno de que él refrendara dicha costumbre, que por cierto no se practica en la iglesia hoy en día. Como lo manifiesta un comentario bíblico: «La Biblia no da ningún sustento a la idea de que alguien pueda salvarse por ningún otro medio que no sea la fe personal en Cristo[4].

    ¿Y por qué, pues, nos arriesgamos nosotros a toda hora? (1 Corintios 15:30).

    Pablo pasa a este versículo para apelar a las adversidades que enfrentaron y los sacrificios que hicieron él mismo y los otros apóstoles al proclamar el evangelio y edificar la iglesia primitiva. Sobre este punto, un comentarista expuso:

    Él [Pablo] pidió que le dieran alguna explicación por el hecho de que se hubieran puesto en peligro a toda hora. Los que primero llevaron el evangelio de Cristo lo hicieron corriendo enormes riesgos para su persona. Los encarcelaron, los golpearon, los apedrearon y los asesinaron. […] Toda la labor misional de Pablo implicó peligro y sacrificio diarios. La pérdida que él mismo sufrió fue tan cierta como el hecho de que se glorió o se deleitó en los fieles creyentes de Corinto en Cristo Jesús, el Señor[5].

    La declaración de Pablo también indica que enfrentar peligros es parte de ser cristiano. Llevar una vida basada en la fe comporta riesgos, sacrificios y aventurarnos a salir de nuestra zona de confort. Es preciso enfrentar adversidades, permanecer firmes y creer en las promesas de Dios. Al recalcar la frase «a toda hora» Pablo manifiesta claramente que nuestro caminar con Cristo no es un acontecimiento aislado, sino un compromiso de seguirlo día a día y hora tras hora.

    Sí, hermanos, cada día muero; lo aseguro por lo orgulloso que estoy de ustedes en Cristo Jesús nuestro Señor (1 Corintios 15:31).

    Al hablar de morir cada día, Pablo se refiere a los sacrificios que hace cotidianamente y a la abnegación y renuncia de deseos personales que sobrelleva por seguir a Cristo. Resalta el costo de su discipulado cuando afirma: «Cada día muero». En otros pasajes alude a los peligros que afrontó mientras predicaba el evangelio, toda vez que su vida misionera estuvo plagada de dificultades. Cinco veces recibió 39 azotes. Tres veces fue flagelado con varas. Una vez fue apedreado. Tres veces padeció naufragios (Véase 2 Corintios 11:24,25).

    Si como hombre batallé en Éfeso contra las fieras, ¿de qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, ¡comamos y bebamos, que mañana moriremos! (1 Corintios 15:32).

    Pablo menciona sus experiencias en Éfeso, donde enfrentó duros apremios y peligros mientras propagaba el evangelio. Lo hace, una vez más, para plantear qué sentido tendrían todas esas cosas si no hubiera resurrección. Cuando menciona que batalló contra fieras muy probablemente se refería a las pruebas y conflictos que encaró, las falsas enseñanzas que tuvo que refutar y la intensa persecución con la que bregó en su labor de predicar el evangelio y edificar la iglesia de la ciudad. Pablo expone el argumento de que los sacrificios que implica vivir por Cristo no pueden justificarse sin la esperanza de la resurrección[6].

    Pablo deja bien sentado que si no hay esperanza más allá de esta vida, los esfuerzos que hacemos para llevar una vida acorde con Dios y los sacrificios que hacemos para servir a Cristo son todos en vano. Si no hay resurrección, meramente existimos en un mundo lleno de penalidades y sufrimiento, y nuestro único recurso sería «comamos y bebamos, que mañana moriremos». A Dios gracias, no es así. La resurrección es cierta. La promesa de vida eterna existe. «La fe es la constancia de las cosas que se esperan, la comprobación de los hechos que no se ven» (Hebreos 11:1).

    No se dejen engañar: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres» (1 Corintios 15:33).

    A Pablo le preocupaban los falsos maestros que ingresaron a la iglesia de Corinto. Citó un proverbio de un poeta griego: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres». Es muy probable que esta máxima fuera bien conocida por los corintios. El apóstol indica claramente que los creyentes deben ser cautelosos en cuanto a las personas con las que se asocian —en este caso con gente que niega la resurrección, una doctrina cristiana esencial—, ya que eso puede apartar a la gente de la verdad.

    Vuelvan a la sobriedad, como es justo, y no pequen más, porque algunos tienen ignorancia de Dios. Para vergüenza de ustedes lo digo (1 Corintios 15:34).

    Pablo llama entonces a los corintios a entrar en razón. No insinúa que hayan estado bebiendo ni que estén realmente borrachos. Más bien los incita a despertar y avisparse para salir de la borrachera de alma y pensamiento en la que se encuentran. Los corrige severamente diciéndoles que deberían avergonzarse. Los amonesta para que dejen de pecar, vuelvan a su sano juicio y tengan un acertado conocimiento de Dios y lucidez sobre la futura resurrección de los creyentes. Al escribir «para vergüenza de ustedes lo digo», Pablo reprende a los corintios por no practicar un modo de vida coherente con su conocimiento de Dios.

    Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo vienen? Necio, lo que tú siembras no llega a tener vida a menos que muera (1 Corintios 15:35,36).

    Pablo prosigue su discurso y aborda las objeciones y preguntas sobre la resurrección y la otra vida, las cuales probablemente ya había oído o presentía que surgirían. Los interrogantes que plantea aquí tienen que ver con el modo en que Dios levantará a los muertos y la forma corporal que tendrán. Pablo responde a la pregunta de manera categórica. Probablemente le han formulado muchas veces preguntas acerca de la resurrección de los muertos y qué clase de cuerpo poseerán. Es muy factible que sea consciente de que no le hacen esas preguntas con sinceridad y tilda de necia a la persona ficticia que se las plantea.

    Pablo señala que las semillas deben morir para producir nueva vida y que lo sembrado no crece si antes no muere la semilla. En la siguiente sección de este capítulo él presenta el argumento de que el cuerpo resucitado guarda cierta similitud con el que poseíamos antes de la muerte. Nuestros cuerpos terrenales sufrirán una transformación. Los cuerpos que poseemos actualmente se ven afectados por el envejecimiento, la enfermedad y, a la postre, la muerte. Pablo expresa que al momento de la resurrección tendrá lugar una transformación. Los cuerpos nuevos que recibiremos serán incorruptibles y libres de descomposición (1 Corintios 15:51–53).

    (Continuará.)



    [1] Morris, Leon, 1 Corinthians: An Introduction and Commentary, Vol. 7, Tyndale New Testament Commentaries (InterVarsity Press, 1985), 186.

    [2] Johnson, Alan F. 1 Corinthians, The IVP New Testament Commentary Series (IVP Academic, 2004), 295.

    [3] Morris, 1 Corinthians: An Introduction and Commentary, 190.

    [4] Crossway, ESV Study Bible (Crossway Bibles, 2008).

    [5] Pratt, Richard L., Holman New Testament Commentary—1 & 2 Corinthians. Vol. 7 (B&H Publishing Group, 2000).

    [6] Pratt, Holman New Testament Commentary—1 & 2 Corinthians.

    © La Familia Internacional, 2026. Política de privacidad Política de cookies

  • Ene 20 Vivir como discípulos, 7ª parte: Servir a Dios sirviendo al prójimo
  • Dic 16 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 1-19)
  • Dic 2 Vivir como discípulos, 6ª parte: Amar al prójimo
  • Nov 11 1 Corintios: Capítulo 14 (versículos 26–40)
  • Oct 28 Vivir como discípulos, 5ª parte: Buscar primeramente el reino de Dios
  • Oct 14 1 Corintios: Capítulo 14 (versículos 1–25)
  • Sep 30 Vivir como discípulos, 4ª parte: Relación con Dios
  • Sep 16 Vivir como discípulos, 3ª parte: Permanecer en Cristo
  • Sep 1 Vivir como discípulos, 2ª parte: Amar a Dios con todo nuestro ser
   

Creencias

Más…
  • …una comunidad cristiana, en línea, dedicada a difundir el mensaje del amor de Dios por todo el mundo. Creemos que toda persona puede entablar una relación personal con Dios por medio de Jesucristo y gracias a ello tener felicidad, paz interior y el incentivo para ayudar a otros y dar a conocer las buenas nuevas del amor de Dios.

Misión

Más…
  • El objetivo primordial de La Familia Internacional es mejorar la calidad de vida de las personas al difundir el vivificante mensaje de amor, esperanza y salvación que se encuentra en la Palabra de Dios. Creemos que el amor de Dios —puesto en práctica en nuestra vida cotidiana— es la clave para resolver muchos de los problemas de la sociedad, incluso en el mundo actual, complejo y acelerado. Al transmitir la esperanza y la orientación que se encuentran en las enseñanzas de la Biblia, creemos que podemos trabajar hacia la construcción de un mundo mejor; y transformarlo, corazón por corazón.

Valores

Más…
  • Discipulado

    Animamos a las personas a seguir a Jesús conforme al llamado que haya recibido cada una y a cumplir su compromiso de llevar a cabo la voluntad de Dios.

Acerca de LFI

LFI en línea es una comunidad virtual para los integrantes de La Familia Internacional. LFI es una comunidad cristiana dedicada a compartir el mensaje del amor de Dios en el mundo entero.

Visita nuestra página de LFI para conocer mejor nuestra agrupación.

Si estás afiliado a LFI, iniciar sesión para ver todo el contenido.

Últimas series

Más…
1ª y 2ª a los Tesalonicenses
Un estudio de las epístolas de Pablo a los Tesalonicenses y cómo se aplican esas enseñanzas en la actualidad.
Pasemos a Lo esencial
Artículos que tratan los temas fundamentales de la doctrina y fe cristiana.
Vivir el cristianismo
Aplicar las enseñanzas de la Biblia a nuestra vida diaria y decisiones.