• El mundo pasará; pero la Palabra de Dios permanecerá para siempre.

  • Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

  • Así brille vuestra luz.

  • Llevar las buenas nuevas. En todo momento.

  • Donde Dios está, hay amor. (1 Juan 4:7-8)

Áncora

Devocionales presentados de forma sencilla

  • Dios no tiene prisa

    Recopilación

    [God Is Not in a Hurry]

    «El amor es paciente, es bondadoso». 1 Corintios 13:4

    La paciencia y la vida cotidiana pueden parecer tan incompatibles como el agua y el aceite. Ya sea que esté esperando en una fila lenta para pagar, atrapada en el tráfico o pidiéndole a uno de mis hijos por enésima vez que haga algo que olvidó, la impaciencia parece surgir fácilmente.

    La impaciencia a menudo revela más sobre mi corazón que de mis circunstancias. Cuando las cosas no salen como yo quiero, los planes tardan más de lo que esperaba o la vida interrumpe mi agenda tan cuidadosamente planificada, surge la frustración. En el fondo, la impaciencia suele tener que ver conmigo: con mi comodidad, mi cronograma, mis expectativas.

    Pero Dios me pide algo diferente. Con el Espíritu de Dios que vive en mí, Él cultiva el fruto de la paciencia (Gálatas 5:22). Me da la capacidad de disminuir la marcha, esperar y confiar en el momento elegido por Él. […]

    La Biblia describe a Dios como que «tiene paciencia con [la gente], porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan» (2 Pedro 3:9). Dios fue paciente para guiarme hacia Él, y sigue siendo paciente conmigo mientras cultivo una relación con Él.

    Así es el amor verdadero. Como escribió el apóstol Pablo: «El amor es paciente» (1 Corintios 13:4). El amor de Dios toma su tiempo. Espera. No apresura el proceso. Su amor no es agresivo; es paciente y persistente.

    Si Dios no tiene prisa conmigo, entonces yo tampoco tengo que vivir con prisa constante. Puedo descansar sabiendo que Él está obrando, incluso cuando me parece que la vida es lenta o desordenada. Su paciencia me da espacio para crecer y también me da un ejemplo de cómo demostrar paciencia a las personas que me rodean.

    Así que hoy, cuando surja la impaciencia, quiero recordar: Dios no me apresura. Él se deleita en mí y promete que perfeccionará la obra que comenzó en mí (Filipenses 1:6). Esa verdad me libera para extender Su amor y paciencia a los demás, e incluso a mí misma. Señor, recuérdame que no tienes prisa conmigo y que puedo confiar en Tú sabes cuál es el momento oportuno para todas las cosas. Ruth Schwenk1

    Dios siempre llega a tiempo

    Dios nunca tiene prisa y nunca llega tarde. Él siempre llega a tiempo.

    El momento dispuesto por Dios es perfecto, incluso cuando no podemos entenderlo. Nunca lo entenderemos completamente, porque Dios existe en una longitud de onda diferente. Como Dios es eterno, tiene una visión diferente del tiempo.

    En 2 Pedro 3:8, la Biblia habla de cómo Dios entiende el tiempo. Dice: «Para el Señor un día es como mil años y mil años, como un día». […] La eternidad de Dios tiene grandes implicaciones para tu vida. […]

    ¿Qué visión te ha dado Dios? Con el correr de los años he visto que, aunque todo el mundo suele empezar muy joven con una visión, conforme pasa el tiempo, más y más personas renuncian a su sueño antes de que lograrlo. En muchos casos, la razón es que no sucede lo suficientemente rápido.

    Tal vez tienes un sueño maltrecho. Quizá tu sueño se ha roto. O podría ser que por desánimo y desilusión, has enterrado tu sueño; has renunciado a él.

    Dios no quiere que hagas eso. Si Dios te dio un sueño para tu vida, se cumplirá. Lo que pasa es que se cumplirá en el momento indicado por Dios, no en el tuyo.

    Dios dice esto acerca de tu sueño: «Esta visión es para un tiempo futuro. Describe el fin, y este se cumplirá. Aunque parezca que se demora en llegar, espera con paciencia, porque sin lugar a dudas sucederá. No se tardará» (Habacuc 2:3).

    Empecé la iglesia Saddleback cuando yo tenía 25 años; tenía prisa por hacer todo rápido. Pero Dios me dijo lo mismo que te dirá a ti con respecto a tu sueño: «No, no todo va a suceder en este momento. De manera lenta, constante, la visión se cumplirá».

    Quiero que recuerdes esta poderosa verdad: Dios nunca llega antes en tu vida. Él nunca llega tarde en tu vida.

    Dios siempre llega a tiempo. Rick Warren2

    Sacudir el kétchup

    Hace poco vi un aviso publicitario de una famosa marca de kétchup (salsa de tomate con vinagre y especias) en el que se mostraba el producto saliendo de un recipiente muy lentamente al son de la música de At Last. Me recordó cuando era niña y esperaba que el kétchup cayera con lentitud exasperante sobre mi hamburguesa.

    Algunas marcas son muy aguadas, lo que hace que servir la salsa ya no sea un inconveniente, salvo que resulta desabrida. Algunas marcas ahora vienen en recipientes de plástico blando o en pequeños paquetes de plástico que se cortan en una punta, para que los impacientes como yo podamos apretarlas para extraer el contenido. A lo que me refiero aquí es a las botellas de vidrio de cuello estrecho, que no te dejaban otra opción que esperar.

    Recuerdo que me ponía muy impaciente con el kétchup. Probaba sacudiendo la botella. Le daba golpes en la base. A veces hasta recurría a meter un cuchillo para sacarlo. Pero en la mayoría de los casos me tocaba esperar hasta que el contenido se deslizara y saliera pausadamente y a su ritmo de la botella.

    Hace unos días me quedé dormida una mañana y me desperté con ganas de golpear, alegóricamente hablando, aquella botella de kétchup. Me empeñaba en apurarme para no llegar tarde a una cita. Hasta intenté unos atajos y me pasé algunos semáforos en amarillo con tal de llegar a tiempo. Era como si estuviera metiéndole un cuchillo a la botella de kétchup para que se apresurara en salir.

    Caí entonces en la cuenta de que la vida es como aquella mentada botella de kétchup. Todo transcurre a su propio ritmo. Aunque en nuestra impaciencia nos pongamos a sacudir y golpear, los acontecimientos se irán dando como deba ser. Algunas de las mejores cosas de la vida transcurren despacito: Baladas suaves, atardeceres paulatinos, besos largos y hasta el moroso kétchup. Joyce Suttin

    Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración. Romanos 12:12

    Con paciencia esperé que el Señor me ayudara, y Él se fijó en mí y oyó mi clamor. Salmo 40:1

    Bueno es el Señor para los que en Él esperan, para el alma que lo busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor. Lamentaciones 3:25,26

    Tengan paciencia y no se desesperen, pues ya pronto viene Cristo el Señor. Hagan como el campesino, que con paciencia espera. Santiago 5:8

    Dios no tiene prisa… ¿por qué tenemos prisa nosotros?

    ¿Has conocido a alguien que lleva una vida ajetreada como si fuera una insignia que se luce con orgullo? Dios nos ha dado distintas capacidades y vocaciones, así que no puedo juzgar la agenda de una persona, pero sé lo que es asignar al ajetreo un valor erróneo, lo que en mi vida produjo una sensación de premura.

    Al crecer, sin darme cuenta, me tomé a pecho el proverbio «la ociosidad es la madre de todos los vicios». Al llegar a la edad adulta, oí decir que estar ocupado es igual a llevar la carga del yugo de Satanás y también que si el diablo no puede hacer que seas una mala persona, te mantendrá ocupada.

    Todas esas frases tienen algo de verdad, dependiendo de cómo se apliquen. Sin embargo, el ajetreo me quitó algo más que la quietud. Y equivocadamente asignar valor al ajetreo ha saboteado momentos de quietud con una sensación persistente de que debería estar haciendo algo. […]

    Mi deseo de ser responsable me llevó a una falta de equilibrio en mi vida. Un día, mi esposo dijo: «Cuando estás sobrecargada, todos sufrimos». Le había pedido que me dijera lo que pensaba de una nueva oportunidad de servicio, pero sus palabras me dolieron, porque yo sabía que él tenía razón. […]

    Los evangelios cuestionaron mis opiniones sobre la productividad. Nunca vi a Jesús apresurándose durante Su misión de tres años. Me sorprendió que dijo que no a grandes oportunidades de misión. Se alejó de las multitudes ansiosas a fin de seguir el ritmo de Su Padre (Marcos 1:35–38). Elogió a María que se sentó a Sus pies a escucharlo, mientras que su hermana Marta se quejó de que María no hacía lo suficiente.

    «El Señor le dijo: “Mi apreciada Marta, ¡estás preocupada y tan inquieta con todos los detalles! Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará”» (Lucas 10:41,42). […]

    Tal vez el problema no está en el ajetreo ni en la ociosidad, sino en un corazón distraído que nos vuelve inquietos. La vida tiene ritmos. Las personas tienen diferentes habilidades. Sin embargo, todos necesitamos permanecer en sintonía con nuestro Señor a fin de no perder la capacidad de disfrutar de Él, de las personas importantes en nuestra vida, y de la vida misma.

    Señales de que se le da demasiada importancia al ajetreo:

    • Sentirnos culpables cuando no producimos
    • Vincular nuestra autoestima a lo que conseguimos
    • Juzgar a otros por lo ocupados que están en comparación con nosotros
    • Impaciencia con quienes consideramos que hacen que vayamos más lento
    • Tener prisa

    Si estamos acostumbrados a mucha actividad y tenemos que disminuir nuestro ritmo, es posible que nos parezca que nos han puesto en un estante. No es verdad. Dios valora que tengamos comunión con Él, como apreció lo que hizo María. Disfruta de nuestra compañía. […]

    ¿No es esa la vida que todos anhelamos? Dedicarnos plenamente a la obra que Dios nos pide que realicemos, sin prisas y sin compararnos a nosotros mismos ni a los demás con nuestros propios criterios poco realistas. Apreciar a quienes tienen inclinaciones y dones diferentes. Disfrutar de nuestro Señor, de nuestros seres queridos e incluso de nosotros mismos. Debbie W. Wilson3

    Publicado en Áncora en octubre de 2026.


    1 Ruth Schwenk, Dios no tiene prisa contigo, proverbs31.org, 29 de diciembre de 2025, https://proverbs31.org/es/lee/devocionales/texto-completo/2025/12/29/spanish-december-29

    2 Rick Warren, Dios siempre llega a tiempo, www.pastorrick.com, 23 de diciembre de 2025 https://www.pastorrick.com/es/current-teaching/devotional/dios-siempre-llega-a-tiempo-2025

    3 Debbie W. Wilson, God Isn’t in a Hurry—Why Are We?, debbiewwilson.com, 28 de julio de 2025, https://debbiewwilson.com/god-isnt-in-a-hurry.

  • Oct 6 Aliento para la carrera
  • Oct 1 La parábola de la higuera estéril
  • Sep 30 ¿Es compatible la evolución con el cristianismo?
  • Sep 29 Una vida llena del Espíritu
  • Sep 22 No te alteres, sé Jesús
  • Sep 21 Estamos en esto juntos
  • Sep 17 Confraternidad cristiana
  • Sep 16 El gran alboroto de Éfeso
  • Sep 15 Seguir a nuestro Salvador
   

Rincón de los Directores

Estudios bíblicos y artículos edificantes para la fe

  • Vivir como discípulos, 12ª parte: Discipulado cotidiano

    [The Life of Discipleship, Part 12: Everyday Discipleship]

    El discipulado es una misión para toda la vida que requiere perseverancia, determinación, convicción, el amor de Dios y el poder del Espíritu Santo. El difunto reverendo Billy Graham dijo en cierta ocasión: «El paso de un cristiano por la vida no es un sprint, sino una maratón. […] Ser discípulo es un compromiso para toda la vida, día tras día». El proceso de crecer como discípulos y transformarnos en imagen de Cristo es una tarea permanente. Alguien lo expresó de esta manera:

    Fuimos creados como borradores que deben pasar por un proceso de corrección. Dios obra en nosotros para transformarnos paso a paso en artículos bien acabados que valga la pena leer. Nuestra sustancia sufre sucesivas modificaciones a raíz de las decisiones que tomamos; las pruebas de la vida eliminan lo superficial y superfluo, y las manos del Redactor Jefe nos van ajustando y puliendo.  Scott Montrose[1]

    Nuestro discipulado debe abarcar todos los aspectos de nuestra vida, entre otros nuestra relación con Dios y nuestro trato cotidiano con Él, así como nuestro amor por el prójimo, por cada persona con la que nos cruzamos a lo largo del día. Ser discípulos es ser embajadores de Cristo y transmitir la buena nueva a las personas que Él nos pone delante, ser un vivo reflejo de Su amor en cada faceta de nuestra vida y esforzarnos por volvernos más como Él.

    Vivimos como discípulos en nuestra casa, en el trabajo, en el lugar donde estudiamos y en la comunidad. Incorporamos principios de discipulado a la crianza de nuestros hijos, nuestras relaciones y la forma en que empleamos nuestro tiempo, habilidades y recursos. Procuramos ser un ejemplo vivo de nuestra fe ante nuestras familias, amigos y vecinos, en nuestro trato con diversas personas a lo largo del día y en nuestras comunicaciones en línea.

    El llamado a ser discípulos de Jesús es un llamado a toda una manera de vivir. Es un llamado a ajustar nuestro orden de prioridades de manera que Dios ocupe el primer lugar en nuestra vida. No es que no podamos tener otros afectos, sino que ante todo debemos ser leales a Dios, por encima de nuestros deseos, nuestra voluntad, nuestros seres queridos, nuestros bienes materiales y hasta nuestra propia vida. No es fácil vivir como un discípulo de Cristo; de hecho, Jesús dijo que «el camino es difícil», pero es un camino «de acceso a la vida» (Mateo 7:13,14). Es preciso compromiso, dedicación y centrar en Dios nuestra vida, nuestras decisiones y nuestras relaciones.

    En los evangelios, Jesús insta a Sus seguidores a dar la vida por Él y seguirlo. En el Evangelio de Mateo dice: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame,porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará» (Mateo 16:24,25).

    Negarnos a nosotros mismos puede entenderse como dejar a un lado nuestros deseos personales, ambiciones y objetivos, optar por buscar la orientación de Dios y hacer Su voluntad por encima de la nuestra. Eso no significa que Él nunca nos vaya a indicar que persigamos nuestras ambiciones y procuremos alcanzar nuestros objetivos personales. Si nos esforzamos por descubrir Su voluntad y deseamos agradarle, es muy probable que Su voluntad coincida con nuestros anhelos (Salmo 37:4). No obstante, si la dirección que Él nos indica no encaja con la que nosotros nos inclinábamos por tomar, como discípulos Suyos debemos estar dispuestos a negarnos a nosotros mismos para seguirlo.

    Jesús nos dio la clave para ser capaces de cumplir nuestro compromiso como discípulos, desde el momento de nuestro renacimiento espiritual al salvarnos: «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí» (2 Corintios 5:17; Gálatas 2:20).

    La capacidad y la gracia para vivir como discípulos no provienen solo de nuestro deseo de obedecer los mandamientos de Dios y nuestros esfuerzos por vivir como a Él le agrada, sino también del poder de Dios por el hecho de que Cristo está en nosotros (Colosenses 1:27) y el Espíritu Santo mora en nosotros (Juan 14:15–17). «Somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Efesios 2:10).

    Cristo en nosotros

    Cada mañana podemos dar por sentado que ese día el Señor Jesucristo se manifestará a través de nosotros y realizará algún aspecto de Su obra, aunque nosotros no logremos identificar qué hace. Es un privilegio que tenemos y una responsabilidad.

    El hecho de que Cristo esté en nosotros nos confiere poder. Nos es imposible ser eficaces con otras fuerzas que no sean las derivadas de la vida de Jesucristo, pues Él dijo: «Separados de Mí nada pueden hacer» (Juan 15:5). Y el hecho de que nosotros estemos en Cristo nos da un propósito. No se trata de un poder para vivir centrados en nosotros mismos, sino de un poder que nos faculta para cumplir los planes de Cristo. […]

    El hecho de que Cristo esté en nosotros nos ofrece recursos. Todo lo que podamos necesitar es nuestro en el Señor Jesucristo. Y el hecho de que nosotros estemos en Cristo nos impone obligaciones. Como soy parte de Su cuerpo, la pregunta más importante que debo plantearme es: «¿Qué [quiere Él] que haga?»

    El hecho de que Cristo esté en nosotros nos aporta dinamismo. Y el hecho de que nosotros estemos en Cristo nos atrae requerimientos. Si hay algo que Él quiere lograr, tiene derecho a valerse de nosotros para hacerlo. Si hay un eunuco etíope en el camino del desierto, tiene derecho a decirte que abandones Samaria y vayas a su encuentro (Hechos 8:26–40). Pero para cada misión que te encarga, Él pone en ti el dinamismo de Su Espíritu para que la lleves a cabo.

    Así es la vida cristiana. Tras reconocer nuestro fracaso a la hora de reflejar Su figura e imagen en el mundo, acudimos a la Cruz en busca de perdón, recibimos el Espíritu Santo y nos incorporamos a Cristo, para convertirnos en instrumentos que manifiesten Su vida y Su propósito. El mundo necesita urgentemente saber esto, pero no tendrá motivos para creerlo si no ve la vida y la manera de ser de Jesucristo plasmadas en nuestra propia vida. ¡Ese es el propósito de Dios con relación a nosotros!  Charles Price[2]

    Únete a la misión del reino de Dios

    Dios te invita a cambiar el mundo con Él. Él tiene un sueño con respecto a este mundo; es lo que Jesús llamó el reino de Dios. Dios te creó para que desempeñaras un papel importante en Su visión sobre este reino. No descubrirás tu propósito más profundo en la vida a menos que encuentres tu lugar en la construcción del reino de Dios.

    Para cambiar el mundo no hace falta que seas inteligente, rico, influyente o un gigante espiritual. Pero sí es preciso que aceptes la invitación. Tienes que estar disponible y dispuesto a ser un instrumento en Sus manos, y es posible que seguir a Jesús tenga un precio para ti, porque cambiar el mundo y seguir a Jesús no es fácil, no viene regalado. Tendrás que hacer sacrificios, siempre es así.

    Nuestra fe cristiana no es solo la vía para obtener el perdón de nuestros pecados y acceder a la vida eterna, que lo es. No es solo un sistema de creencias correctas sobre la verdad suprema y el orden de las cosas, que lo es. Ni es solo una manera de recibir consuelo de Dios en tiempos difíciles, o un código de conducta que sirva para llevar una vida buena y provechosa, que lo es. Básicamente, la fe cristiana es un llamado a […] seguir a nuestro Señor y Salvador Jesucristo y unirnos a Su gran misión en nuestro mundo. […] Solo así nos volvemos personas completas, que vivan de acuerdo con el propósito más profundo de Dios.  Richard Stearns[3]

    Conclusión: Nuestra pauta de vida

    Tal como hemos visto en esta serie sobre discipulado, la Biblia nos enseña qué clase de relación quiere tener Dios con nosotros y cómo podemos vivir de una manera que le agrade. Crecer en la imitación de Cristo y ser transformados en Su imagen es la base para disfrutar de una vida plena y productiva en armonía con Dios y los demás, y produce en ellos y en nosotros el fruto de Su Espíritu (Gálatas 5:22,23). En la Biblia aprendemos verdades que Dios nos ha revelado para que ajustemos a ellas nuestra vida.

    En la Palabra de Dios hallamos los preceptos bíblicos que nos sirven de brújula y nos ayudan a encarar los retos que se nos presentan a diario y a dar un testimonio eficaz de Cristo. Su Palabra transmite principios que son nuestra guía para relacionarnos con los demás y tomar decisiones y nos permiten distinguir entre el bien y el mal. Tales principios espirituales determinan nuestra moral, nuestra ética y nuestra actitud frente a la vida, el amor, el mundo, el medioambiente y las relaciones con nuestros semejantes. Si bien la Biblia no trata todas las situaciones en que podemos encontrarnos, sí nos ofrece los principios para navegar por entre las complejidades de la vida de una forma que agrade a Dios.

    Su Palabra nos enseña a vivir como discípulos amando y sirviendo a nuestros semejantes. Nuestro amor a Jesús nos impulsa a servirlos en Su nombre. Nos motiva a ser embajadores Suyos en cualquier situación en que nos hallemos. Nos induce a prestar asistencia a los desvalidos y ofrecer esperanza y sanación a quienes necesitan lo uno o lo otro. Podemos ser las manos de Jesús, que ayuden y toquen; Su boca, que declare la verdad de Su Palabra y comunique aliento y esperanza; Sus ojos, que expresen compasión; Sus pies, que caminen junto al fatigado; Sus brazos, que lo ayuden a llevar su pesada carga. De este modo, nuestra vida lo glorificará y será una bendición para los demás, tal como ponen de relieve los siguientes artículos.

    Una vida bella

    Cuando la vida de un seguidor de Jesús es tal como Él quisiera que fuera, se vuelve bella. El hecho de ser cristianos y tener una relación con Dios debería impregnar nuestras experiencias cotidianas, estar integrado en nuestras decisiones y brindar color a nuestra percepción de nosotros mismos, de los demás y de la propia vida. Las incontables muestras del amor de Dios que tiene un cristiano para con otras personas en el transcurso de su vida pueden parecer a veces insignificantes en sí mismas. Sin embargo, Dios las ve en el contexto de la totalidad de una vida que lo glorifica, y se complace en su belleza.

    Cuanto más nos proponemos fortalecer nuestra relación con Jesús y más deseamos disfrutar de una profunda conexión espiritual con Él, más puede Él manifestar Su Espíritu a través de nosotros. Somos hechura Suya. Si le permitimos que combine los diversos matices de Su amor y misericordia y desarrolle la belleza de forma que Él siempre quiso que adquiriéramos, nos convertimos en una obra maestra, destinada a hablar al corazón de muchas personas. Acojamos con entusiasmo el preciado don de Su presencia en nuestra vida. Si cultivamos la cautivante belleza del amor de Dios en todo lo que hacemos y decimos, los demás se sentirán atraídos a Él en nosotros.  María Fontaine

    El aroma de Cristo

    El apóstol Pablo escribió que la Iglesia es el olor de Cristo para el mundo: «Para Dios somos grato olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden» (2 Corintios 2:15). Quería decir que cada creyente —y cada comunidad de creyentes— constituye una presencia de Cristo en el mundo que es palpable para los no creyentes. […]

    Pero, ¿cuál es esa fragancia? ¿De qué maneras es de esperar que los demás perciban la presencia de Jesús en nosotros? Principalmente de dos: la verdad del evangelio y el amor de Jesucristo. La verdad de Dios incide en todos los aspectos de la vida humana. Por Su Palabra de verdad en manos de Su Espíritu, Cristo hace nuevas todas las cosas en nosotros (Apocalipsis 21:5). Eso significa que, en cada faceta de nuestra vida —en todas nuestras relaciones, funciones y obligaciones—, los cristianos demostramos una lozanía que no cuadra con el espíritu del mundo, sino con el Espíritu Santo de Cristo. Nuestra conversación es diferente: no está llena de murmuraciones y quejas, trivialidades y frivolidades, críticas y comentarios mezquinos, sino que nuestras palabras son siempre amables y edificantes, respetuosas de las personas con las que hablamos (Colosenses 4:6; Efesios 4:29).

    Lo mismo ocurre con nuestra forma de trabajar, de criar a nuestros hijos, de participar en la cultura de nuestro tiempo y de conducirnos con dignidad y gracia. Somos nuevas criaturas en Jesucristo, por lo que en muchos aspectos no estamos en sintonía con la cultura que nos rodea. Pero al actuar conforme a la verdad en todos los aspectos, introducimos la luz de Jesús y la fragancia de Su visión del mundo en cada rinconcito de nuestra vida.

    Los creyentes debemos hacer un gran esfuerzo por ser la fragancia de Jesús. Si nos empapamos de la Palabra de Dios y vivimos con una actitud de oración […], empezaremos a exhalar el aroma fragante del rey Jesús en más aspectos y ámbitos cotidianos. Propongámonos ser esa fragancia de verdad y amor, y descubriremos que el viento del Espíritu de Dios nos acompaña dondequiera que vamos, llevando el aroma de Jesús hacia todos sin excepción, incluso hacia Dios.  T. M. Moore[4]

    Jesús nos ha confiado la misión de transmitir a nuestros semejantes, a los que conviven hoy con nosotros en este planeta, Su amor personal, incondicional y abarcador. La misión que Él encomienda a Sus discípulos es que lleven el evangelio a todo el mundo. Tu campo de misión es el lugar al que el Señor te ha llamado, cualquiera que sea, y se te pide que sirvas y evangelices a las personas que Él pone en tu camino. Cada uno de nosotros tiene alguna oportunidad, alguna red de contactos, algún ámbito en el que puede comunicar el amor y la verdad de Dios, infundiendo fe, esperanza y ánimo a las personas.

    Que el Señor bendiga tu discipulado y tu servicio a Él, así como tu testimonio ante los demás; de esa manera serás la sal de la tierra y la luz del mundo que Él quiere que seas (Mateo 5:13,14). Jesús dijo: «Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16). Hacer eso es vivir como discípulos que glorifican a Dios (1 Corintios 10:31).

    Reflexiones

    Ser un discípulo no es participar en un programa o en un evento; es una forma de vivir. No es algo transitorio, sino para toda la vida. El discipulado […] es para todos los creyentes, para cada día de su vida.  Bill Hull

    Todo creyente que se tome en serio su vocación como discípulo de Jesús se verá a sí mismo como un enviado dondequiera que se encuentre y procurará movilizarse para actuar en ese lugar. Tal vez siendo un buen testigo en el trabajo o un buen vecino para quienes viven cerca, o haciendo voluntariado.  Michael Frost y Alan Hirsch

    No permitas que las palabras de Jesús no pasen de ser letras impresas en tu Biblia. Dales alas, ponlas en acción. Hay personas en tu vida que necesitan tu atención. Piensa cómo puedes preocuparte por su bienestar, amándolas y cuidándolas de la misma manera que te amas y cuidas a ti. Al hacer eso, completarás la cadena de amor que se inició la primera vez que Dios te amó.  Karen Ehman

    Qué dice la Biblia

    «El que permanece en Mí y Yo en él, este lleva mucho fruto. Pero separados de Mí nada pueden hacer. En esto es glorificado Mi Padre: en que lleven mucho fruto y sean Mis discípulos» (Juan 15:5; 15:8).

    «De la manera que han recibido a Cristo Jesús el Señor, así anden en Él,firmemente arraigados y sobreedificados en Él, y confirmados por la fe así como han sido enseñados, abundando en acciones de gracias» (Colosenses 2:6,7).

    «Ustedes, queridos hermanos, edificándose sobre la base de su santísima fe y orando en el Espíritu Santo, manténganse en el amor de Dios, mientras esperan que nuestro Señor Jesucristo, en Su misericordia, los lleve a vida eterna» (Judas 1:20,21).

    Oración para vivir cada día como una discípula

    Padre celestial, gracias por salvarme, llamarme y darme un propósito. Eres tan bueno, y Tu gracia me basta. Te ruego que limpies mi corazón de pecado y quites de mi mente las distracciones que hoy intentan apartarme de la comunión contigo. Ayúdame a permanecer en Cristo, a aprender de Él y apoyarme en Él, de manera que viva para Él y encamine a otros hacia Él. Eres digno de toda mi devoción y alabanza. Haz que sea una discípula fiel, que dé fruto y te glorifique cada día. Te lo pido en el poderoso e incomparable nombre de Cristo, mi Rey. Amén[5].

    Traducción: Esteban.



    [1] Scott Montrose, «La vida nos va puliendo», Conéctate, enero de 2021, https://activated.org/es/vida/el-ser-integral/desarrollo-personal/la-vida-nos-va-puliendo/

    [2] Charles Price, Un cristiano de verdad: Cómo llegar a ser más como Cristo.

    [3] Richard Stearns, Por terminar: Creer es solo el principio (Grupo Nelson, 2013).

    [4] T. M. Moore, «The Fragrance of Truth and Love», 29 de enero de 2010.

    [5] Annie McGuire, «What is a disciple of Christ?», Daily His Disciple, 11 de enero de 2022, https://dailyhisdisciple.com/2022/01/11/what-is-a-disciple-of-christ/.

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  • May 26 Vivir como discípulos, 11ª parte: Dar de lo que tenemos
  • Abr 28 Vivir como discípulos, 10ª parte: Nuestra vida laboral
  • Mar 17 Vivir como discípulos, 9ª parte: Formar discípulos
  • Mar 3 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 37-58)
  • Feb 17 Vivir como discípulos, 8ª parte: Transmitir nuestra fe
  • Feb 3 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 20-36)
  • Ene 20 Vivir como discípulos, 7ª parte: Servir a Dios sirviendo al prójimo
  • Dic 16 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 1-19)
  • Dic 2 Vivir como discípulos, 6ª parte: Amar al prójimo
   

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