Jesús, Su vida y mensaje

por Peter Amsterdam

Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos.

Dios, por amor, envió a Su Hijo al mundo en determinado momento y lugar a fin de que viviera como un ser humano, muriera crucificado y resucitara para redimir a la humanidad pecadora, de manera que la humanidad tuviera oportunidad de entrar en Su reino y gozar de una relación especial con Él. Los cuatro evangelios narran esa historia, la vida de un ser humano único, un judío galileo que si bien en numerosos aspectos fue muy similar a todas las demás personas que han vivido, también era muy diferente.

Los Evangelios nos cuentan lo que distinguía a Jesús. Explican que vino al mundo para entregar Su vida por la humanidad, para que a consecuencia de Su muerte y resurrección los seres humanos pudieran disfrutar de una nueva relación con Dios. No vino con el propósito de enseñar a las personas a portarse bien, sino de capacitarlas para conducirse bien, mediante el supremo sacrificio que hizo por todos nosotros. No hay relato más importante que este, dado que nuestro destino eterno viene determinado por la postura que adoptemos con relación a este personaje único, Jesús. Los Evangelios nos permiten entender el gran regalo que se nos ofrece: el don de convertirnos en hijos de nuestro Padre celestial, el procedimiento para integrarnos en Su familia, y la maravilla de vivir perpetuamente con Él.

Los Evangelios sientan la base de la doctrina cristiana. En sus páginas aprendemos que Jesús fue más que un hombre bueno o recto, más que un maestro de moral y ética y más que un hacedor de milagros. En ellos descubrimos que ese personaje único es el Salvador prometido por Dios. Los Evangelios nos hablan del cumplimiento de la promesa que hizo Dios al antiguo patriarca hebreo Abraham, de que por medio de él sería bendito el mundo entero.

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Creencias

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  • Si bien nuestras creencias fundamentales por lo general coinciden con las sostenidas por la mayoría de los cristianos, también abrazamos otras doctrinas menos tradicionales. Nuestra aplicación de la ley del amor que enseñó Jesús —principio cardinal del cristianismo— es una de las características distintivas de nuestro modo de vida y nuestra fe. Este principio, expuesto por Jesús, establece que para cumplir «toda la ley y los profetas» basta con amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos.

Valores

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  • Perseguir el Espíritu de Dios

    Deseamos conocer y entender la verdad contenida en la Palabra de Dios, la esencia de Su naturaleza divina. Valoramos la importancia fundamental de Su Palabra escrita, de escuchar Su voz y seguir Su guía.

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