• La Tierra es del Señor y también todos los que viven en ella.

  • El futuro es tan prometedor como las promesas de Dios.

  • Pon tu mano en la mano de Dios.

  • Llevar las buenas nuevas. En todo momento.

  • Nuestra misión. Llevar el mensaje al mundo.

Áncora

Devocionales presentados de forma sencilla

  • Mirar hacia el futuro con esperanza

    Recopilación

    [Looking to the Future with Hope]

    Cuando cumplí 60 años, hice un examen introspectivo. Estaba claro que no había logrado todo lo que podía o debería haber logrado hasta ese momento. ¿Significaba eso que yo era un fracasado? Un poco más adelante respondo a esa pregunta.

    Habían cambiado varias cosas en mi vida, y me encontraba en un punto, tanto geográfica como profesionalmente, que distaba mucho de las aspiraciones que había abrigado. Aunque no estaba descontento, tampoco me sentía del todo satisfecho con las circunstancias. Tenía la impresión de estar en medio de un mar en calma, sin viento que inflara las velas, rodeado de monótonas extensiones de océano por los cuatro costados. Aunque divisaba el horizonte, no me servía de mucho. No era capaz de decidir hacia dónde dirigirme. Y aunque hubiera podido, no tenía medios para impulsarme. ¿Cuál era mi misión en la vida? ¿Cómo podía averiguarlo?

    Durante toda mi vida adulta me había dedicado a lo que consideraba que era el designio de Dios para mí. Había estado bastante convencido de cuál era ese designio; sin embargo, ahora me encontraba con que la situación había cambiado radicalmente. Me había preparado para grandes cosas, que a esas alturas parecían solo un sueño imposible.

    Al reflexionar sobre mi vida y la de otros, me di cuenta de que hay personas que la mayoría consideramos grandes, no necesariamente porque aprobemos todo lo que dijeron o hicieron, sino por el impacto que tuvieron. En algún aspecto, es innegable que su vida y sus logros fueron grandes. En vista de eso, ¿cabe afirmar que esas personas —relativamente pocas— fueron las únicas que cumplieron su destino? Y para el caso, ¿existe el destino? ¿Debe la vida de por sí hacer que nos sintamos realizados? ¿Es imperioso que al final nos sintamos satisfechos? ¿Es esa la finalidad? ¿O hay otros factores que entran en juego?

    San Pablo escribió: «Si nuestra esperanza en Cristo fuera únicamente para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los hombres» (1 Corintios 15:19). Yo antes, cuando meditaba en ese versículo, lo hacía desde la perspectiva de Pablo en el siglo I. Todos sabemos que los primeros cristianos —a quienes Pablo se dirigía en sus epístolas— enfrentaron mucha persecución. Su intención era hacerles ver que su breve vida aquí no era la última palabra ni todo lo que cabía esperar.

    Con frecuencia se compara la vida con una escuela. Recuerdo que, como muchos de mis compañeros de clase, yo me quejaba de estar encerrado en el colegio cuando lo que quería era lanzarme a la vida. Sin embargo, el colegio no debía entenderse como la culminación de nuestra vida. Ese no era nuestro destino. Se trataba simplemente de un centro de preparación, una oportunidad de obtener conocimientos y aptitudes que emplearíamos más tarde.

    Esta vida es apenas una etapa. Naturalmente, debemos sacarle todo el provecho posible; pero si no tenemos nada que podamos lucir salvo unas cuantas cicatrices y algo de sabiduría ganada con gran esfuerzo, no debemos pensar que de algún modo hemos dejado de alcanzar nuestro destino.

    A la luz de todo esto, ¿qué se espera, entonces, que logremos aquí? ¿Qué quiere o qué espera Dios de nosotros en esta vida? ¿Cuál es nuestra razón de ser? Salomón lo expresó de la siguiente manera: «Teme a Dios y cumple Sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre» (Eclesiastés 12:13).

    Aunque seamos todavía una obra inacabada, si somos capaces de mirarnos en el espejo y afirmar con sinceridad que procuramos vivir de esa manera, estamos haciendo lo que se espera de nosotros. Nuestro destino es hacer de eso una realidad.  Phillip Lynch

    *

    Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que Él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, «el que ha de venir vendrá y no tardará».  Hebreos 10:36,37

    Si has estado orando por algo en tu iglesia —o en tu corazón— y parece que Dios está en silencio, recuerda esto:

    La demora no es una negativa.

    Solo porque la respuesta aún no ha llegado, no significa que Dios no escucha. Simplemente significa todavía no.

    En parte, la madurez espiritual es aprender la diferencia entre no y todavía no. Entre una puerta cerrada y una que tarda en abrirse. […]

    En muchos casos, la demora de Dios es una prueba, no para exponer debilidad, sino para crear resistencia. Todos pueden esperar una vez. La fe aumenta cuando no dejas de confiar la cuarta, la quinta y la quincuagésima vez.

    Tal vez oraste por un avivamiento y no has visto el fruto.

    Tal vez pediste a Dios que remediara una división en tu iglesia o que restaurara una relación que todavía está fracturada.

    Tal vez tienes una idea que todavía no se hace realidad. En esas temporadas, Dios no te ignora. Hace que te desarrolles.

    La prueba revela lo que en realidad hay en el interior, y te recuerda quién está a tu lado. Dios se vale de la espera para profundizar tu dependencia, para recordarte que el apostolado sigue Su programa, no el tuyo.

    Es posible que sientas cansancio o que estés a punto de rendirte. Pero no has terminado y Dios tampoco.

    Su promesa sigue en pie.

    Puedes continuar por más tiempo porque Dios está contigo. Te dará las fuerzas para proseguir cuando se agoten tus propias fuerzas.

    Recuerda, no eres un fracaso hasta que te rindes. Sigue fiel en la espera. Aquel que te llamó cumplirá; en el momento que Él considere ideal.  Pastors.com1

    *

    La mayoría de las personas entienden la esperanza como meras ilusiones, como en esta frase: «Espero que suceda algo». Eso no es lo que se entiende por esperanza en la Biblia. La definición bíblica de esperanza es una expectativa segura. La esperanza es una firme certeza respecto a lo que no está claro y lo desconocido (Romanos 8:24-25; Hebreos 11:1, 7). La esperanza es un componente fundamental de la vida de los justos (Proverbios 23:18). […] Los justos que confían o ponen su esperanza en Dios recibirán ayuda (Salmo 28:7), y no serán confundidos, avergonzados o decepcionados (Isaías 49:23). Los justos, que tienen esta confiada esperanza en Dios, tienen una confianza general en la protección y la ayuda de Dios (Jeremías 29:11) y están libres del temor y de la ansiedad (Salmo 46:2,3). […]

    La esperanza se produce cuando tenemos aguante en medio del sufrimiento (Romanos 5:2-5), […] Las promesas confiables de Dios nos dan esperanza (Hebreos 6:18,19), y podemos enorgullecernos de esta esperanza (Hebreos 3:6) y demostrar gran denuedo en nuestra fe (2 Corintios 3:12). […] Junto con la fe y el amor, la esperanza es una virtud perdurable de la vida cristiana (1 Corintios 13:13), y el amor nace de la esperanza (Colosenses 1:4,5). La esperanza produce gozo y paz en los creyentes por el poder del Espíritu (Romanos 12:12; 15:13).  Got Questions2

    *

    «Esto no era parte del plan».

    Susurré esas palabras en un cuarto de hotel en China. Mientras mi marido y yo sosteníamos en brazos a nuestra hija recién adoptada, nos dimos cuenta de que sus necesidades físicas eran mucho más graves de lo que habíamos pensado en un principio.

    No entendía lo que Dios estaba haciendo. No me sentía preparada para ser la madre de una niña con necesidades especiales. De pronto, mi historia había cambiado. Tenía muchas preguntas, pero no había respuestas.

    ¿La niña iría al colegio?

    ¿Quién la cuidará cuando yo ya no esté?

    ¿De verdad puedo hacer esto?

    Soy una persona que planifica, así que me encanta tener respuestas porque quiero estar preparada. Sin embargo, con la adopción de nuestra hija, Dios me enseñó que la certeza no se encuentra en mis planes ni en predecir el futuro. Incluso ahora, sigue enseñándome, porque cuando mi historia da un giro, a menudo me apresuro a cuestionar la bondad de Dios.

    A nuestra hija le ha ido muy bien y ha mejorado en estos últimos años, pero algunos aspectos de su futuro todavía son desconocidos. ¿Alguna vez vivirá por su cuenta? ¿Qué cuidados necesitará dentro de tres años, o 10, o 20? A pesar de la incertidumbre, la bondad de Dios nunca la ha abandonado ni a ella y ni a nuestra familia; y sé que nunca lo hará.

    Probablemente tu vida también ha cambiado con los años. Tal vez solo quieres saber qué esperar. Sin embargo, aunque no pueda decirte cómo será tu futuro, puedo decirte quién tiene en Sus manos tu futuro.

    La historia de Moisés nos demuestra que la bondad de Dios no está forzosamente vinculada a nuestros planes, sino a Su gloria. Antes de dirigirse hacia la tierra prometida con los israelitas, Moisés le dijo a Dios: «Te ruego que me muestres Tu gloria» (Éxodo 33:18). Dios respondió: «Voy a hacer que todo Mi bien pase delante de ti, y delante de ti voy a proclamar Mi nombre, que es EL SEÑOR» (Éxodo 33:19).

    La gloria de Dios está vinculada a Su bondad, y la bondad de Dios está atada a Su nombre, que revela Su carácter. Moisés tuvo un encuentro con el Señor junto a la zarza ardiente (Éxodo 3:15), y aun en medio de las plagas y en el peregrinaje por el desierto, Dios continuó siendo bueno con Moisés y Su pueblo, Israel. Y Él continuará siendo bueno contigo y conmigo.

    Quizá Dios nos lleve por una senda por la que no planeamos pasar, pero Él nunca nos deja. Moisés no necesitaba un plan detallado antes de dirigirse a la tierra prometida; necesitaba recordatorios de la bondad de Dios. ¡Y la bondad de Dios pasó delante de Moisés! Lo único que Moisés debía hacer era apoyarse en esa bondad, y nosotros también debemos hacerlo.

    La vida no viene con un mapa, pero sí viene con una promesa: Si seguimos a Dios, Su bondad nos seguirá todos los días de nuestra vida (Salmo 23:6).

    Señor, no conozco el futuro, pero Tú sí lo conoces. Ayúdame a descansar en Tu bondad que tiene sus raíces en Tu carácter a medida que confiadamente voy a lo que has planeado para mí. En el nombre de Jesús, amén.  Sarah Frazer3

    Publicado en Áncora en septiembre de 2026.


    1 God’s Delays Aren’t Denials, pastors.com, https://www.pastors.com/free-resources/gods-delays-arent-denials

    2 «¿Cuál es la esperanza del cristiano?» gotquestions.org, https://www.gotquestions.org/Espanol/esperanza-biblia.html

    3 Sarah Frazer, Resting in God’s Goodness When Your Story Shifts, proverbs31.org, 1 de noviembre de 2025, https://proverbs31.org/read/devotions/full-post/2025/11/01/resting-in-gods-goodness-when-your-story-shifts

  • Ago 31 La parábola del sembrador
  • Ago 27 Las palabras pueden herir o sanar
  • Ago 25 Eres de gran valía
  • Ago 24 Calcular los gastos
  • Ago 18 El evangelismo no es algo que uno hace
  • Ago 17 Adaptarse a las diferentes etapas de la vida
  • Ago 14 Su presencia en las tormentas de la vida
  • Ago 12 Lecciones de conducción de 2 Corintios 5
  • Ago 10 Nueva vida en Cristo
   

Rincón de los Directores

Estudios bíblicos y artículos edificantes para la fe

  • Vivir como discípulos, 12ª parte: Discipulado cotidiano

    [The Life of Discipleship, Part 12: Everyday Discipleship]

    El discipulado es una misión para toda la vida que requiere perseverancia, determinación, convicción, el amor de Dios y el poder del Espíritu Santo. El difunto reverendo Billy Graham dijo en cierta ocasión: «El paso de un cristiano por la vida no es un sprint, sino una maratón. […] Ser discípulo es un compromiso para toda la vida, día tras día». El proceso de crecer como discípulos y transformarnos en imagen de Cristo es una tarea permanente. Alguien lo expresó de esta manera:

    Fuimos creados como borradores que deben pasar por un proceso de corrección. Dios obra en nosotros para transformarnos paso a paso en artículos bien acabados que valga la pena leer. Nuestra sustancia sufre sucesivas modificaciones a raíz de las decisiones que tomamos; las pruebas de la vida eliminan lo superficial y superfluo, y las manos del Redactor Jefe nos van ajustando y puliendo.  Scott Montrose[1]

    Nuestro discipulado debe abarcar todos los aspectos de nuestra vida, entre otros nuestra relación con Dios y nuestro trato cotidiano con Él, así como nuestro amor por el prójimo, por cada persona con la que nos cruzamos a lo largo del día. Ser discípulos es ser embajadores de Cristo y transmitir la buena nueva a las personas que Él nos pone delante, ser un vivo reflejo de Su amor en cada faceta de nuestra vida y esforzarnos por volvernos más como Él.

    Vivimos como discípulos en nuestra casa, en el trabajo, en el lugar donde estudiamos y en la comunidad. Incorporamos principios de discipulado a la crianza de nuestros hijos, nuestras relaciones y la forma en que empleamos nuestro tiempo, habilidades y recursos. Procuramos ser un ejemplo vivo de nuestra fe ante nuestras familias, amigos y vecinos, en nuestro trato con diversas personas a lo largo del día y en nuestras comunicaciones en línea.

    El llamado a ser discípulos de Jesús es un llamado a toda una manera de vivir. Es un llamado a ajustar nuestro orden de prioridades de manera que Dios ocupe el primer lugar en nuestra vida. No es que no podamos tener otros afectos, sino que ante todo debemos ser leales a Dios, por encima de nuestros deseos, nuestra voluntad, nuestros seres queridos, nuestros bienes materiales y hasta nuestra propia vida. No es fácil vivir como un discípulo de Cristo; de hecho, Jesús dijo que «el camino es difícil», pero es un camino «de acceso a la vida» (Mateo 7:13,14). Es preciso compromiso, dedicación y centrar en Dios nuestra vida, nuestras decisiones y nuestras relaciones.

    En los evangelios, Jesús insta a Sus seguidores a dar la vida por Él y seguirlo. En el Evangelio de Mateo dice: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame,porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará» (Mateo 16:24,25).

    Negarnos a nosotros mismos puede entenderse como dejar a un lado nuestros deseos personales, ambiciones y objetivos, optar por buscar la orientación de Dios y hacer Su voluntad por encima de la nuestra. Eso no significa que Él nunca nos vaya a indicar que persigamos nuestras ambiciones y procuremos alcanzar nuestros objetivos personales. Si nos esforzamos por descubrir Su voluntad y deseamos agradarle, es muy probable que Su voluntad coincida con nuestros anhelos (Salmo 37:4). No obstante, si la dirección que Él nos indica no encaja con la que nosotros nos inclinábamos por tomar, como discípulos Suyos debemos estar dispuestos a negarnos a nosotros mismos para seguirlo.

    Jesús nos dio la clave para ser capaces de cumplir nuestro compromiso como discípulos, desde el momento de nuestro renacimiento espiritual al salvarnos: «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí» (2 Corintios 5:17; Gálatas 2:20).

    La capacidad y la gracia para vivir como discípulos no provienen solo de nuestro deseo de obedecer los mandamientos de Dios y nuestros esfuerzos por vivir como a Él le agrada, sino también del poder de Dios por el hecho de que Cristo está en nosotros (Colosenses 1:27) y el Espíritu Santo mora en nosotros (Juan 14:15–17). «Somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Efesios 2:10).

    Cristo en nosotros

    Cada mañana podemos dar por sentado que ese día el Señor Jesucristo se manifestará a través de nosotros y realizará algún aspecto de Su obra, aunque nosotros no logremos identificar qué hace. Es un privilegio que tenemos y una responsabilidad.

    El hecho de que Cristo esté en nosotros nos confiere poder. Nos es imposible ser eficaces con otras fuerzas que no sean las derivadas de la vida de Jesucristo, pues Él dijo: «Separados de Mí nada pueden hacer» (Juan 15:5). Y el hecho de que nosotros estemos en Cristo nos da un propósito. No se trata de un poder para vivir centrados en nosotros mismos, sino de un poder que nos faculta para cumplir los planes de Cristo. […]

    El hecho de que Cristo esté en nosotros nos ofrece recursos. Todo lo que podamos necesitar es nuestro en el Señor Jesucristo. Y el hecho de que nosotros estemos en Cristo nos impone obligaciones. Como soy parte de Su cuerpo, la pregunta más importante que debo plantearme es: «¿Qué [quiere Él] que haga?»

    El hecho de que Cristo esté en nosotros nos aporta dinamismo. Y el hecho de que nosotros estemos en Cristo nos atrae requerimientos. Si hay algo que Él quiere lograr, tiene derecho a valerse de nosotros para hacerlo. Si hay un eunuco etíope en el camino del desierto, tiene derecho a decirte que abandones Samaria y vayas a su encuentro (Hechos 8:26–40). Pero para cada misión que te encarga, Él pone en ti el dinamismo de Su Espíritu para que la lleves a cabo.

    Así es la vida cristiana. Tras reconocer nuestro fracaso a la hora de reflejar Su figura e imagen en el mundo, acudimos a la Cruz en busca de perdón, recibimos el Espíritu Santo y nos incorporamos a Cristo, para convertirnos en instrumentos que manifiesten Su vida y Su propósito. El mundo necesita urgentemente saber esto, pero no tendrá motivos para creerlo si no ve la vida y la manera de ser de Jesucristo plasmadas en nuestra propia vida. ¡Ese es el propósito de Dios con relación a nosotros!  Charles Price[2]

    Únete a la misión del reino de Dios

    Dios te invita a cambiar el mundo con Él. Él tiene un sueño con respecto a este mundo; es lo que Jesús llamó el reino de Dios. Dios te creó para que desempeñaras un papel importante en Su visión sobre este reino. No descubrirás tu propósito más profundo en la vida a menos que encuentres tu lugar en la construcción del reino de Dios.

    Para cambiar el mundo no hace falta que seas inteligente, rico, influyente o un gigante espiritual. Pero sí es preciso que aceptes la invitación. Tienes que estar disponible y dispuesto a ser un instrumento en Sus manos, y es posible que seguir a Jesús tenga un precio para ti, porque cambiar el mundo y seguir a Jesús no es fácil, no viene regalado. Tendrás que hacer sacrificios, siempre es así.

    Nuestra fe cristiana no es solo la vía para obtener el perdón de nuestros pecados y acceder a la vida eterna, que lo es. No es solo un sistema de creencias correctas sobre la verdad suprema y el orden de las cosas, que lo es. Ni es solo una manera de recibir consuelo de Dios en tiempos difíciles, o un código de conducta que sirva para llevar una vida buena y provechosa, que lo es. Básicamente, la fe cristiana es un llamado a […] seguir a nuestro Señor y Salvador Jesucristo y unirnos a Su gran misión en nuestro mundo. […] Solo así nos volvemos personas completas, que vivan de acuerdo con el propósito más profundo de Dios.  Richard Stearns[3]

    Conclusión: Nuestra pauta de vida

    Tal como hemos visto en esta serie sobre discipulado, la Biblia nos enseña qué clase de relación quiere tener Dios con nosotros y cómo podemos vivir de una manera que le agrade. Crecer en la imitación de Cristo y ser transformados en Su imagen es la base para disfrutar de una vida plena y productiva en armonía con Dios y los demás, y produce en ellos y en nosotros el fruto de Su Espíritu (Gálatas 5:22,23). En la Biblia aprendemos verdades que Dios nos ha revelado para que ajustemos a ellas nuestra vida.

    En la Palabra de Dios hallamos los preceptos bíblicos que nos sirven de brújula y nos ayudan a encarar los retos que se nos presentan a diario y a dar un testimonio eficaz de Cristo. Su Palabra transmite principios que son nuestra guía para relacionarnos con los demás y tomar decisiones y nos permiten distinguir entre el bien y el mal. Tales principios espirituales determinan nuestra moral, nuestra ética y nuestra actitud frente a la vida, el amor, el mundo, el medioambiente y las relaciones con nuestros semejantes. Si bien la Biblia no trata todas las situaciones en que podemos encontrarnos, sí nos ofrece los principios para navegar por entre las complejidades de la vida de una forma que agrade a Dios.

    Su Palabra nos enseña a vivir como discípulos amando y sirviendo a nuestros semejantes. Nuestro amor a Jesús nos impulsa a servirlos en Su nombre. Nos motiva a ser embajadores Suyos en cualquier situación en que nos hallemos. Nos induce a prestar asistencia a los desvalidos y ofrecer esperanza y sanación a quienes necesitan lo uno o lo otro. Podemos ser las manos de Jesús, que ayuden y toquen; Su boca, que declare la verdad de Su Palabra y comunique aliento y esperanza; Sus ojos, que expresen compasión; Sus pies, que caminen junto al fatigado; Sus brazos, que lo ayuden a llevar su pesada carga. De este modo, nuestra vida lo glorificará y será una bendición para los demás, tal como ponen de relieve los siguientes artículos.

    Una vida bella

    Cuando la vida de un seguidor de Jesús es tal como Él quisiera que fuera, se vuelve bella. El hecho de ser cristianos y tener una relación con Dios debería impregnar nuestras experiencias cotidianas, estar integrado en nuestras decisiones y brindar color a nuestra percepción de nosotros mismos, de los demás y de la propia vida. Las incontables muestras del amor de Dios que tiene un cristiano para con otras personas en el transcurso de su vida pueden parecer a veces insignificantes en sí mismas. Sin embargo, Dios las ve en el contexto de la totalidad de una vida que lo glorifica, y se complace en su belleza.

    Cuanto más nos proponemos fortalecer nuestra relación con Jesús y más deseamos disfrutar de una profunda conexión espiritual con Él, más puede Él manifestar Su Espíritu a través de nosotros. Somos hechura Suya. Si le permitimos que combine los diversos matices de Su amor y misericordia y desarrolle la belleza de forma que Él siempre quiso que adquiriéramos, nos convertimos en una obra maestra, destinada a hablar al corazón de muchas personas. Acojamos con entusiasmo el preciado don de Su presencia en nuestra vida. Si cultivamos la cautivante belleza del amor de Dios en todo lo que hacemos y decimos, los demás se sentirán atraídos a Él en nosotros.  María Fontaine

    El aroma de Cristo

    El apóstol Pablo escribió que la Iglesia es el olor de Cristo para el mundo: «Para Dios somos grato olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden» (2 Corintios 2:15). Quería decir que cada creyente —y cada comunidad de creyentes— constituye una presencia de Cristo en el mundo que es palpable para los no creyentes. […]

    Pero, ¿cuál es esa fragancia? ¿De qué maneras es de esperar que los demás perciban la presencia de Jesús en nosotros? Principalmente de dos: la verdad del evangelio y el amor de Jesucristo. La verdad de Dios incide en todos los aspectos de la vida humana. Por Su Palabra de verdad en manos de Su Espíritu, Cristo hace nuevas todas las cosas en nosotros (Apocalipsis 21:5). Eso significa que, en cada faceta de nuestra vida —en todas nuestras relaciones, funciones y obligaciones—, los cristianos demostramos una lozanía que no cuadra con el espíritu del mundo, sino con el Espíritu Santo de Cristo. Nuestra conversación es diferente: no está llena de murmuraciones y quejas, trivialidades y frivolidades, críticas y comentarios mezquinos, sino que nuestras palabras son siempre amables y edificantes, respetuosas de las personas con las que hablamos (Colosenses 4:6; Efesios 4:29).

    Lo mismo ocurre con nuestra forma de trabajar, de criar a nuestros hijos, de participar en la cultura de nuestro tiempo y de conducirnos con dignidad y gracia. Somos nuevas criaturas en Jesucristo, por lo que en muchos aspectos no estamos en sintonía con la cultura que nos rodea. Pero al actuar conforme a la verdad en todos los aspectos, introducimos la luz de Jesús y la fragancia de Su visión del mundo en cada rinconcito de nuestra vida.

    Los creyentes debemos hacer un gran esfuerzo por ser la fragancia de Jesús. Si nos empapamos de la Palabra de Dios y vivimos con una actitud de oración […], empezaremos a exhalar el aroma fragante del rey Jesús en más aspectos y ámbitos cotidianos. Propongámonos ser esa fragancia de verdad y amor, y descubriremos que el viento del Espíritu de Dios nos acompaña dondequiera que vamos, llevando el aroma de Jesús hacia todos sin excepción, incluso hacia Dios.  T. M. Moore[4]

    Jesús nos ha confiado la misión de transmitir a nuestros semejantes, a los que conviven hoy con nosotros en este planeta, Su amor personal, incondicional y abarcador. La misión que Él encomienda a Sus discípulos es que lleven el evangelio a todo el mundo. Tu campo de misión es el lugar al que el Señor te ha llamado, cualquiera que sea, y se te pide que sirvas y evangelices a las personas que Él pone en tu camino. Cada uno de nosotros tiene alguna oportunidad, alguna red de contactos, algún ámbito en el que puede comunicar el amor y la verdad de Dios, infundiendo fe, esperanza y ánimo a las personas.

    Que el Señor bendiga tu discipulado y tu servicio a Él, así como tu testimonio ante los demás; de esa manera serás la sal de la tierra y la luz del mundo que Él quiere que seas (Mateo 5:13,14). Jesús dijo: «Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16). Hacer eso es vivir como discípulos que glorifican a Dios (1 Corintios 10:31).

    Reflexiones

    Ser un discípulo no es participar en un programa o en un evento; es una forma de vivir. No es algo transitorio, sino para toda la vida. El discipulado […] es para todos los creyentes, para cada día de su vida.  Bill Hull

    Todo creyente que se tome en serio su vocación como discípulo de Jesús se verá a sí mismo como un enviado dondequiera que se encuentre y procurará movilizarse para actuar en ese lugar. Tal vez siendo un buen testigo en el trabajo o un buen vecino para quienes viven cerca, o haciendo voluntariado.  Michael Frost y Alan Hirsch

    No permitas que las palabras de Jesús no pasen de ser letras impresas en tu Biblia. Dales alas, ponlas en acción. Hay personas en tu vida que necesitan tu atención. Piensa cómo puedes preocuparte por su bienestar, amándolas y cuidándolas de la misma manera que te amas y cuidas a ti. Al hacer eso, completarás la cadena de amor que se inició la primera vez que Dios te amó.  Karen Ehman

    Qué dice la Biblia

    «El que permanece en Mí y Yo en él, este lleva mucho fruto. Pero separados de Mí nada pueden hacer. En esto es glorificado Mi Padre: en que lleven mucho fruto y sean Mis discípulos» (Juan 15:5; 15:8).

    «De la manera que han recibido a Cristo Jesús el Señor, así anden en Él,firmemente arraigados y sobreedificados en Él, y confirmados por la fe así como han sido enseñados, abundando en acciones de gracias» (Colosenses 2:6,7).

    «Ustedes, queridos hermanos, edificándose sobre la base de su santísima fe y orando en el Espíritu Santo, manténganse en el amor de Dios, mientras esperan que nuestro Señor Jesucristo, en Su misericordia, los lleve a vida eterna» (Judas 1:20,21).

    Oración para vivir cada día como una discípula

    Padre celestial, gracias por salvarme, llamarme y darme un propósito. Eres tan bueno, y Tu gracia me basta. Te ruego que limpies mi corazón de pecado y quites de mi mente las distracciones que hoy intentan apartarme de la comunión contigo. Ayúdame a permanecer en Cristo, a aprender de Él y apoyarme en Él, de manera que viva para Él y encamine a otros hacia Él. Eres digno de toda mi devoción y alabanza. Haz que sea una discípula fiel, que dé fruto y te glorifique cada día. Te lo pido en el poderoso e incomparable nombre de Cristo, mi Rey. Amén[5].

    Traducción: Esteban.



    [1] Scott Montrose, «La vida nos va puliendo», Conéctate, enero de 2021, https://activated.org/es/vida/el-ser-integral/desarrollo-personal/la-vida-nos-va-puliendo/

    [2] Charles Price, Un cristiano de verdad: Cómo llegar a ser más como Cristo.

    [3] Richard Stearns, Por terminar: Creer es solo el principio (Grupo Nelson, 2013).

    [4] T. M. Moore, «The Fragrance of Truth and Love», 29 de enero de 2010.

    [5] Annie McGuire, «What is a disciple of Christ?», Daily His Disciple, 11 de enero de 2022, https://dailyhisdisciple.com/2022/01/11/what-is-a-disciple-of-christ/.

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  • Abr 28 Vivir como discípulos, 10ª parte: Nuestra vida laboral
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  • Mar 3 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 37-58)
  • Feb 17 Vivir como discípulos, 8ª parte: Transmitir nuestra fe
  • Feb 3 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 20-36)
  • Ene 20 Vivir como discípulos, 7ª parte: Servir a Dios sirviendo al prójimo
  • Dic 16 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 1-19)
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