• Llevar las buenas nuevas. En todo momento.

  • Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

  • Amamos a Dios porque Él nos amó primero.

  • La alabanza es la esencia de la adoración a Dios.

  • Pon tu mano en la mano de Dios.

Áncora

  • El Salmo del Pastor

    J. R. Miller

    [The Shepherd Psalm]

    «El SEÑOR es mi pastor; nada me faltará. En prados de tiernos pastos me hace descansar. Junto a aguas tranquilas me conduce. Confortará mi alma y me guiará por sendas de justicia por amor de Su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo. Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento. Preparas mesa delante de mí en presencia de mis adversarios. Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR moraré por días sin fin.»  Salmo 23:1-6

    El Salmo 23 es el pasaje más conocido de la Biblia. Es el Salmo de los niños grabado en la memoria de miles y miles. Es el salmo de la sala de enfermos, sumamente apreciado por todos los sufrientes gracias a la ternura divina revelada en sus palabras. Es el salmo del lecho de muerte. Rara vez parte de la tierra un cristiano sin repetir las palabras: «Aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo. Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento». Es el salmo de la vejez.

    «El Señor es mi pastor.» Podría pensarse que pastor es un nombre un poco deslucido para referirse a Dios; sin embargo, cuando llegamos a conocer la vida de un pastoren Oriente, el nombre le cae muy bien. El pastor vive con sus ovejas. Las vigila en la noche. Las defiende cuando corren algún peligro. Las conduce por los campos para hallar pastos. Toma a los corderitos y a las desfallecientes en sus brazos y los carga. Busca a las perdidas y descarriadas. Hasta da su vida para protegerlas. Al enterarnos de todos estos detalles vemos que el nombre interpreta muy bien a Dios.

    «Es Señor es mi pastor.» No tendría para nosotros el mismo significado si dijera: «El Señor es un pastor». Podría ser un pastor para muchísima gente —todo lo que implica esa riquísima palabra— y, sin embargo, no ser ningún consuelo para mí. En cambio, si logro decir dichoso «El Señor es mi pastor», puedo entonar la canción hasta el final.

    «El Señor es mi pastor.» El tiempo presente de los verbos en la Biblia es rico en su significado. Así están expresadas las promesas y garantías de la Sagrada Escritura. «El eterno Dios es tu refugio», no fue. Si no, podría haber sido cierto hace un año, ayer, pero no ahora mismo. El otro día alguien hablaba de una persona y dijo: «Era amigo mío. Significaba mucho para mí, hizo mucho por mí. Acudí a él en mis perplejidades, en mis batallas, en mis inquietudes. Pero ya no es mi amigo. Ayer nos cruzamos en la calle y ni siquiera me miró». Con Dios no sucede eso. «El eterno Dios es mi refugio y sus brazos eternos son —no fueron, ni serán; eso sería demasiado indefinido—, sus brazos eternos son mi apoyo.» «Dios es nuestro amparo.» «He aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» «Bástate Mi gracia.» «El Señor es mi pastor.» No habrá jamás un momento en que no puedas decir eso. Nunca se dice de Cristo: «Una vez me amó». Él ama hasta el fin.

    «Nada me faltará.» El otro día un hombre dijo: «Tengo una buena cantidad de dinero reservada para mi vejez, suficiente para mantenernos a mi mujer y a mí en lo que tenemos previsto que nos queda de vida». Sí, pero no es una cantidad segura. Las bolsas de la Tierra están todas llenas de agujeros. El compositor de este salmo no dijo: «Tengo buenas inversiones de sobra; por tanto nada me faltará». Dijo más bien: «El Señor es mi pastor; por eso nada me faltará». […] Cuando carecemos de Dios somos míseramente pobres, por muy millonarios que seamos. Cuando podemos decir: «Dios es mío», entonces somos ricos.

    «En prados de tiernos pastos me hace descansar.» Los pastos proporcionan alimento. En Oriente la provisión siempre era cosa seria. Como llovía poco, con frecuencia los campos se veían agostados y no se encontraban pastos. El pastor conducía entonces a su rebaño kilómetro tras kilómetro hasta hallar en algún rincón sereno de un valle sombreado verdes y lozanos pastos.

    Pero estas palabras también indican que «en prados de tiernos pastos me hace descansar». Las ovejas pacen y se satisfacen y luego se echan a descansar. No podemos seguir ocupados sin pausa en actividades extenuantes; Dios es gentil y amable con nosotros: en el camino nos brinda muchos lugares de reposo. La noche es una de esas ocasiones. Dejamos atrás el esfuerzo y el ajetreo de la jornada y nos hacemos a un lado para reposar.

    A veces esos descansos son obligados. «En prados de tiernos pastos me hace descansar.» No queremos descansar. Pensamos que nuestro trabajo nos necesita, que perderíamos tiempo si nos detuviéramos siquiera un día. Entonces el Buen Pastor nos hace descansar, porque sabe que necesitamos reposo para renovar fuerzas. Quizá no estamos desempeñando bien nuestro trabajo y la alegría se está esfumando de nuestro corazón. Alguien hablaba el otro día de un cristiano que otrora había sido modelo de paciencia, amabilidad y paz. «Cada vez se está poniendo más irritable y quejumbroso» —expresó el amigo—. «Ya no le queda nada de la antigua paciencia que tenía con la gente. Parece frío y adusto.» Ha estado viviendo con tanta intensidad, empujado por su trabajo, que se ha puesto nervioso y se fastidia con facilidad. Le hace falta echarse a descansar en verdes pastos. Tal vez a más de nosotros nos vendría bien recostarnos para tomar alimento y descanso. A lo mejor estamos trabajando más, corriendo a más reuniones, [ganando y] donando más dinero, hablando más sobre religión y, sin embargo, perdiendo en lo referente a la paz, la dulzura de espíritu, que constituye la verdadera prueba y evaluación de la vida espiritual.

    El pastor hace descansar a sus ovejas para que repongan fuerzas y se pongan bonitas en espíritu. Eso es lo que hace a veces con nosotros el Buen Pastor cuando enfermamos, por ejemplo. Creemos que no tenemos tiempo para descansar; mas Él nos llama aparte y cierra las cortinas y la puerta. Téngase en cuenta que es en los verdes pastos donde el pastor hace que sus ovejas se echen a descansar; la habitación en la que yacemos enfermos es en cierto modo una pradera. Un amigo que había pasado varias semanas en el hospital y se hallaba convaleciente, escribió: «He descubierto que mi pequeño catre blanco en este cuarto silencioso es un lotecito de las verdes praderas de Dios». Él nunca nos hace descansar en la escarpada ladera de la montaña ni en el camino polvoriento ni entre las rocas; siempre lo hace en los tiernos y mullidos pastos donde podemos apacentarnos mientras reposamos.

    No dejes pasar sin falta la bendición de la enfermedad, de la tristeza y de toda índole de prueba. Dios quiere que crezcas en dulzura, en paciencia, en confianza, en gozo, en paz, en toda mansedumbre y bondad, siempre que te haga descansar en verdes prados.

    «Junto a aguas tranquilas me conduce.» Los verdes pastos sugieren provisión: a las ovejas hay que apacentarlas. Las corrientes de agua sugieren bebida: hay que abrevar al rebaño. De ahí que el pastor las guíe hasta los riachuelos. A menudo el Antiguo Testamento nos retrata al pastor abrevando a sus ovejas. Jacob encontró a Raquel abrevando en el pozo los rebaños de su padre. Moisés halló a su futura esposa mientras ella sacaba agua para los rebaños de Jetro. Nuestro Pastor guía a Sus ovejas a las aguas de reposo para que beban y se refresquen.

    El pastor sirio conducía a veces a su rebaño por senderos empinados y caminos ásperos, a través de oscuros desfiladeros, pero nunca con la intención de hacerles dificultoso el camino. Siempre su propósito era llevar a las ovejas a un trocito de terreno con verdes prados o junto a tranquilas aguas para que pastaran y se refrescaran. A veces nos afanamos y nos irritamos cuando hemos atravesado duras experiencias. Estamos enfermos, o el trabajo que realizamos es duro, o sufrimos agudos reveses o lacerantes pérdidas. No nos explicamos por qué nos conduce Dios por un camino tan penoso y agotador. ¿Se te ha ocurrido alguna vez que Él te está llevando por esos arduos caminos para que alcances los verdes prados y las corrientes de agua? Al final de cada palmo abrupto de camino, más allá de cada día de esfuerzo y brega, te aguarda una bendición, algo que te enriquecerá, que te hará más fuerte, más santo, menos egoísta, más servicial.

    «Confortará mi alma.» Esas palabras admiten varias interpretaciones. Un lobo puede atacar el rebaño y una de las ovejas puede acabar herida. El pastor toma a la pobre ovejita lastimada y la atiende y la cuida con ternura, como si fuera un niño, hasta que se mejore, la herida sane y la oveja se recupere. […] Vela por la desfalleciente, la acoge en sus brazos, se la coloca en el pecho y la carga hasta que se alivia y puede volver a caminar. […] Uno de los relatos más conmovedores de la Biblia es el del pastor que deja a las noventa y nueve y se interna en las montañas para rescatar a esa singular oveja suya que se había perdido. […]

    El Pastor, con infinita ternura y paciencia, nos restablece. O si no, desmayamos en el camino, nos desanimamos y nos hundimos. El Pastor viene, se inclina para atendernos, nos reconforta, nos habla palabras valerosas para alentarnos; no nos da por perdidos, sino que nos pone nuevamente en pie, con renovadas esperanzas y coraje. O si no, erramos y nos descarriamos como ovejas perdidas, y el Pastor nos sigue por las montañas y nos busca hasta encontrarnos y reponernos. […]

    «Me guiará por sendas de justicia.» Necesitamos guía. No sabemos qué camino elegir en la vida. No sabemos adónde nos llevará tal o cual senda si la seguimos. Todos necesitamos orientación. Si la queremos, la obtendremos y andaremos por la senda de Dios. Quizá no sea la senda fácil, pero nos conducirá al hogar.

    «Aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo.» Esto alude a un valle particularmente tétrico y sombrío, un profundo desfiladero al que nunca baña la luz del sol. Nos hemos acostumbrado a aplicar este versículo a la muerte. Pero hay en este mundo valles más oscuros que el valle de muerte. Hay penas peores que el pesar de la muerte. […]

    «Porque estarás conmigo.»  Las ovejas no deben temer nunca ningún mal mientras el pastor esté con ellas. Un señor cristiano refiere una experiencia de su juventud que ilustra eso. Trabajaba a varios kilómetros de su casa. El sábado trabajó hasta tarde, tras lo cual se fue a su casa para pasar el domingo con sus seres queridos. La ruta a casa pasaba por un valle muy oscuro entre dos cerros. Ninguna estrella lucía allí y por ninguna ventana entraba luz. Lo llamaban «el valle de las sombras» y a veces se escondían allí hombres para asaltar a quienes transitaban por el lugar.

    El muchacho se hallaba un sábado en la noche en el punto más oscuro de ese lóbrego y solitario camino, valiente pero tembloroso, avanzando limpiamente por el camino, cuando oyó a unos cien metros delante de él, una voz fuerte, clara y pletórica de ánimo que lo llamaba: «¿Eres tú John?» Al instante reconoció la voz. Era la de su padre. El buen hombre sabía que en esa sombría noche su hijo las pasaría negras al regresar a casa por el valle; de ahí que movido por su amor paternal, estuvo allí para encontrarse con él en el punto más tenebroso del camino. Todo temor se desvaneció cuando el chico oyó la voz y la reconoció.

    ¿No es esta acaso una ilustración de cómo se reconfortan los hijos de Dios cuando penetran en el valle de las sombras? El camino se presenta extraño y tenebroso. Jamás lo han recorrido antes. No obstante, al ingresar en él oyen una voz que los llama por nombre y advierten luego una Presencia de Amor. «¡No temas!» —dice la voz—. «¡Yo estoy contigo!» Enseguida todo temor se disipa. A medida que los rostros humanos se desvanecen, aparece el rostro del Buen Pastor, radiante de paz y con amorosa calidez. Se aplaca entonces todo el terror. «Aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo.» […]

    «Preparas mesa delante de mí en presencia de mis adversarios.» Peligros acechan por doquier, mas no hacen que el pastor desista de cuidar a sus ovejas. Nuestro Buen Pastor es Amo del mundo, más fuerte que todos los enemigos. ¡Es el Conquistador de todo y capaz de satisfacer las necesidades de Sus ovejas en cualquier parte! Recordamos que Jesús dispuso la mesa para Sus discípulos la noche que fue traicionado y sabemos con qué paz les dio de comer mientras los enemigos tramaban, conspiraban y se agrupaban para apresarlo. Nadie podía perturbarlo —ni a él ni a ellos— hasta que terminara la cena.

    «Unges mi cabeza con aceite.» Dios no quiere que pasemos por este mundo cariacontecidos. Quiere que nos regocijemos.

    «Mi copa está rebosando.» Un escritor relata el caso de un amigo suyo que literalmente llevaba un libro de contabilidad con el Señor. En una columna anotaba todo lo que hacía para Dios; en la otra apuntaba lo que el Señor hacía por él. Si un amigo lo ayudaba o le daba ánimos, lo anotaba. Si estaba enfermo y recobraba la salud, lo anotaba. Consignaba todos los favores y misericordias. Transcurridas varias semanas de aquel ejercicio de contabilidad, se dio por vencido. «Es inútil» —dijo—. «Jamás lograré un balance. Estaré siempre perdidamente endeudado.» Eso sucede con toda vida humana: la bondad divina siempre sobreexcede.

    «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.» Todo el pasado ha estado marcado por el bien; todo el futuro consistirá en bien. El bien y el amor divinos todos los días —los días negros y los días dolorosos, los días de desilusión, los días de enfermedad, el día en que la muerte llegue a tu hogar, el día del entierro—, la bondad y el amor inagotable todos los días de mi vida. Entonces «¡en la casa del Señor moraré por días sin fin!» El bien y la misericordia todos los días de esta vida. Sin embargo, ese no es el fin; al contrario, es apenas el principio. «¡En la casa del Señor moraré por días sin fin!»

    A partir de los escritos de J.R. Miller (1840-1912). Síntesis y ligera adaptación de https://www.gracegems.org/Miller/shepherd_psalm.htm.

     

  • Jun 8 El Dios que me ve
  • Jun 7 Guía divina
  • Jun 4 El gozo de Jesús
  • Jun 2 Encontrar paz en un mundo caótico
  • Jun 1 La complejidad de tomar decisiones
  • May 28 Aumentar la fe ante la inminencia de la muerte
  • May 25 Revestidos de Cristo
  • May 24 Icemos nuestras velas
  • May 20 Calificaciones aprobatorias en la escuela de Dios
   

Rincón de los Directores

  • Jesús, Su vida y mensaje: El lavado de los pies de los discípulos (1ª parte)

    [Jesus—His Life and Message: Washing the Disciples' Feet (Part 1)]

    En el Evangelio de Juan, el ministerio público de Jesús llega a su fin en el capítulo 12. Los siguientes cinco capítulos están dedicados, casi en su totalidad, a las últimas enseñanzas que impartió a Sus discípulos.

    Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que Su hora había llegado para que pasara de este mundo al Padre, como había amado a los Suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin[1].

    Este primer versículo del capítulo 13 nos sitúa en el tiempo y aclara que los hechos que se narran a continuación ocurrieron justo antes de la fiesta de la Pascua. Dice que Jesús sabía que «Su hora había llegado», en otras palabras, la hora de Su muerte, en que abandonaría este mundo. Otros versículos de este capítulo también indican que Jesús sabía lo que iba a suceder[2]. Para Él no fue ninguna sorpresa.

    Como Jesús sabía que le quedaba poco tiempo, se concentró en enseñar a Sus discípulos, y eso se prolonga a lo largo de los cinco capítulos siguientes de este evangelio. En la primera frase también se nos revela algo sobre la relación de Jesús con los que lo habían seguido durante Su ministerio. Amó a Sus discípulos todo el tiempo, y los amó hasta el final, un final cada vez más próximo.

    La siguiente frase es larga y ocupa tres versículos. La analizaremos versículo por versículo.

    Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote hijo de Simón que lo entregara…[3]

    No se nos indica dónde se celebró esta cena; tampoco sabemos exactamente cuándo, solo que fue poco antes de la festividad de la Pascua. Se informa a los lectores que el diablo ya había inducido a Judas Iscariote a traicionar a Jesús; pero los demás discípulos en ese momento no lo sabían.

    …sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba…[4]

    El evangelista aclara que Jesús controlaba la situación. De la misma manera que sabía «que Su hora había llegado para que pasara de este mundo al Padre», aquí dice que sabía que «el Padre le había dado todas las cosas en las manos» y que iba a volver con Él. Jesús estaba a punto de asumir un puesto muy bajo, pero sabía que luego recuperaría el mayor de los honores en presencia de Su Padre.

    …se levantó de la cena, se quitó Su manto y, tomando una toalla, se la ciñó[5].

    Jesús se levantó de la mesa y se quitó el manto. Probablemente se quedó solo con taparrabos, como iría vestido un esclavo. Luego tomó una toalla y se le sujetó a la cintura. El término griego traducido como «toalla» se empleaba para designar un paño o delantal de lino que se ponían los criados para trabajar. Con esto termina esta frase que ocupa tres versículos.

    Luego puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido[6].

    Cierto autor explica: «La etiqueta […] dictaba que cuando llegaba un invitado, sucio tras recorrer las calles polvorientas, un esclavo le lavara los pies. Se trataba de una tarea particularmente humilde, que se incluía en la lista de las que no se le debían exigir a un esclavo judío»[7]. Por mucho que fuera una tarea humilde, Jesús lavó y secó los pies de Sus discípulos.

    Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: «Señor, ¿Tú me lavarás los pies?»[8]

    Es probable que los discípulos permanecieran callados mientras Jesús les lavaba los pies. Solo se intercambiaron palabras cuando le tocó el turno a Pedro. En cierto modo, Pedro habló en nombre de todos los discípulos, ya que consideró impropio que le lavara los pies aquel a quien él antes había llamado «el Cristo, el Hijo del Dios viviente»[9].

    Respondió Jesús y le dijo: «Lo que Yo hago, tú no lo comprendes ahora, pero lo entenderás después»[10].

    No da la impresión de que a Jesús le ofendiera lo que dijo Pedro; de todos modos, lo reconvino y le señaló que ya lo entendería más adelante. El Evangelio de Juan contiene otros comentarios similares: «Estas cosas no las entendieron Sus discípulos al principio, pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de Él, y de que se las habían hecho»[11]; «Cuando resucitó de entre los muertos, Sus discípulos recordaron que había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había dicho»[12]. Es posible que al decir «después» se refiriera a cuando los discípulos recibieran el Espíritu Santo, tras la ascensión de Jesús al Cielo.

    Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tendrás parte conmigo»[13].

    Aunque Jesús le indicó a Pedro que la significación de Sus acciones la entendería más adelante, este se opuso a que le lavara los pies. La respuesta de Jesús fue categórica. A menos que Pedro le permitiera lavarle los pies, no tendría parte con Él. El tono de esa frase es similar al de otras declaraciones bastante contundentes de Jesús: «De cierto, de cierto te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios»[14]; «De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y bebéis Su sangre, no tenéis vida en vosotros»[15]. Cierto autor escribe: «Simple y llanamente, Jesús le dice a Pedro que rechazar el amor que Él está a punto a manifestarle lavándole los pies no hará sino demostrar no es uno de los Suyos que están en el mundo (vers. 1), sino que forma parte de ese mundo»[16].

    Le dijo Simón Pedro: «Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza»[17].

    Tras asegurar precipitadamente que Jesús jamás le lavaría los pies, ahora quiere que le lave también las manos y la cabeza. Pedro parece haber sido un hombre impetuoso; actuaba rápidamente, sin pensárselo mucho, sin muchos miramientos. Esa manera de ser se evidencia también en el relato de la transfiguración de Jesús, cuando «Pedro dijo a Jesús: “¡Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí! Hagamos tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía lo que hablaba, pues estaban asustados»[18]. Dejando a un lado su impetuosidad, lo que dijo Pedro —que quería que Jesús le lavara también las manos y la cabeza— era probablemente un comentario sincero, y le dio a Jesús la oportunidad de explicarles algo a los discípulos y a todos los que leen este evangelio.

    Jesús le dijo: «El que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos»[19].

    Jesús dio a entender que si uno se baña y luego sale —por ejemplo, para asistir a un banquete como ese en el que estaban los discípulos—, solo necesita lavarse los pies, porque ya está limpio. Jesús quería ilustrar que Sus discípulos estaban limpios de pecado, en el sentido de que eran creyentes y sus pecados habían sido perdonados.

    La única excepción era Judas Iscariote.

    Él sabía quién lo iba a entregar; por eso dijo: «No estáis limpios todos»[20].

    Un pasaje anterior de este evangelio explica que Jesús sabía quién lo iba a traicionar. («Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo había de entregar»[21]). «Jesús les respondió: “¿No os he escogido Yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?”»[22] En ese momento no reveló el nombre del traidor, por lo que Sus discípulos no sabían quién era. Pero antes del final de la comida dejó que dos de Sus discípulos se enteraran de quién lo iba a traicionar.

    (Continuará.)


    Nota

    A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995 © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


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    [1] Juan 13:1.

    [2] Juan 13:3,11.

    [3] Juan 13:2.

    [4] Juan 13:3.

    [5] Juan 13:4.

    [6] Juan 13:5.

    [7] Milne, The Message of John, 197.

    [8] Juan 13:6.

    [9] Juan 6:68,69.

    [10] Juan 13:7.

    [11] Juan 12:16.

    [12] Juan 2:22.

    [13] Juan 13:8.

    [14] Juan 3:5.

    [15] Juan 6:53.

    [16] Michaels, The Gospel of John, 729.

    [17] Juan 13:9.

    [18] Marcos 9:5,6, Mateo 17:4, Lucas 9:33.

    [19] Juan 13:10.

    [20] Juan 13:11.

    [21] Juan 6:64.

    [22] Juan 6:70.

     

  • May 11 Señales de los tiempos y sucesos de actualidad
  • May 4 Jesús, Su vida y mensaje: La Pascua
  • Abr 20 Jesús, Su vida y mensaje: Preludio de Su pasión y muerte
  • Abr 13 Jesús, Su vida y mensaje: Fin de Su ministerio público
  • Abr 10 La manera en que Él te ve
  • Abr 6 Jesús, Su vida y mensaje: Los griegos
  • Mar 30 Meditaciones pascuales
  • Mar 23 Jesús, Su vida y mensaje: El juicio final ante el Hijo del hombre
  • Mar 16 Jesús, Su vida y mensaje: La venida del Hijo del hombre (2ª parte)
   

Creencias

Más…
  • Si bien nuestras creencias fundamentales por lo general coinciden con las sostenidas por la mayoría de los cristianos, también abrazamos otras doctrinas menos tradicionales. Nuestra aplicación de la ley del amor que enseñó Jesús —principio cardinal del cristianismo— es una de las características distintivas de nuestro modo de vida y nuestra fe. Este principio, expuesto por Jesús, establece que para cumplir «toda la ley y los profetas» basta con amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos.

Misión

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  • El objetivo primordial de La Familia Internacional es mejorar la calidad de vida de las personas al difundir el vivificante mensaje de amor, esperanza y salvación que se encuentra en la Palabra de Dios. Creemos que el amor de Dios —puesto en práctica en nuestra vida cotidiana— es la clave para resolver muchos de los problemas de la sociedad, incluso en el mundo actual, complejo y acelerado. Al transmitir la esperanza y la orientación que se encuentran en las enseñanzas de la Biblia, creemos que podemos trabajar hacia la construcción de un mundo mejor; y transformarlo, corazón por corazón.

Valores

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  • El valor del individuo

    Valoramos a cada persona, con sus aptitudes, habilidades y cualidades particulares. Estamos convencidos de que todos pueden contribuir a transformar el mundo corazón por corazón.

Acerca de LFI

LFI en línea es una comunidad virtual para los integrantes de La Familia Internacional. LFI es una comunidad cristiana dedicada a compartir el mensaje del amor de Dios en el mundo entero.

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