• La oración es subir hasta el corazón de Dios. Martín Lutero

  • Esperanza en Dios. Áncora para el alma.

  • Dios amó tanto al mundo. A cada persona.

  • Si puedo hacer algún bien, permíteme hacerlo ahora.

  • Incluso una sola vela puede crear un cambio en la oscuridad.

Áncora

  • Las buenas nuevas en una cultura del consumismo

    Recopilación

    [The Good News in a Culture of Consumerism]

    En un libro perspicaz titulado Life: The Movie. El autor, Neal Gabler, afirma que el entretenimiento ha conquistado la realidad. La vida entera se ha convertido en un escenario, y el camino hacia el éxito pasa por llegar a ser una celebridad. Gabler señala que pasamos la vida comprando según las imágenes e ideales que tenemos, mientras tratamos de moldearnos para nuestra actuación.

    El empleo constante de celebridades para lucir colecciones de ropa, artículos deportivos y cosméticos nos dice sutilmente que si somos dueños de esos artículos, también podemos ser como nuestros héroes. De forma estratégica somos convencidos de que no solo tenemos que observar a los ricos y famosos; podemos llegar a ser como ellos. La democratización del crédito y la disponibilidad y fácil acceso a los artículos garantiza nuestra capacidad de desempeñar la parte o partes que elegimos.

    Abundan los recursos prácticos. En las opciones de crédito y financiamiento se pregunta sin rodeos: «¿Por qué esperar?» En otros tiempos, las personas se planteaban si de verdad podían permitirse esas cosas, y tal vez tenían que esperar mientras ahorraban. En muchos casos, era considerable el tiempo entre ver y tener, pero ya no. Son claros los mensajes que nos dicen que podemos tenerlo si lo queremos, y que podemos tenerlo ahora. Claro, llega con un precio enorme en términos de una deuda mayor y de ansiedad. […]

    ¿Lo fundamental es ganar dinero a toda costa? ¿En realidad la felicidad es conseguir lo que se quiere y cuando se quiere? Tal vez es momento de reconocer que la vida es mucho más que esas ideas triviales y que sin embargo también son potentes. Tal vez es el momento de llamar la atención, de insistir en que la verdadera vida es mucho más matizada, enfocada y global que lo que tienen que ofrecer los profetas del materialismo.

    La alternativa, el punto de vista cristiano, es que somos los productos de un Creador personal, amoroso, y que nuestra vida, oportunidades y recursos son regalos que hemos recibido. Interactuamos con la naturaleza y el mundo material, vemos a Dios en ello; pero en nuestra naturaleza también tenemos otras dimensiones. El salmista lo explica de una manera que gran parte del mundo rechaza: La Tierra está llena de la gloria de Dios. Debido a que hemos sido creados por Dios y para Dios, nuestra máxima gloria —nuestro salto a la fama— se encuentra en Dios.

    Las pretensiones del mundo son muchas, las seducciones son inmensas y las atracciones son potentes. Sin embargo, en un mundo de deseos invasivos, de exigencias indiscretas, y de complacencia agitada, se escucha otra voz: «¡Vengan a Mí todos los que están cansados y agobiados, y Yo les daré descanso!» (Mateo 11:28, BLPH). La respuesta no está en un producto, sino en una Persona viviente.  Stuart McAllister

    Transmitir el mensaje en la cultura contemporánea

    Por ser cristianos tenemos la tarea de difundir al mundo de la actualidad las buenas nuevas, el Evangelio, el mensaje del amor y la salvación de Dios. Para poder hacerlo de una manera con la que se puedan identificar las personas, es importante que comprendamos los cambios de fondo que ha experimentado la sociedad, los cuales han tenido un efecto en la perspectiva que tienen muchos del mundo, en sus valores y en su percepción del cristianismo. Si reconocemos lo profundos que han sido tales cambios y los temores, inseguridades y escepticismo que los acompañan, estaremos mejor capacitados para transmitir el mensaje de una forma relevante para las personas a las que tenemos la misión de dirigirnos.

    Sabemos que el Evangelio es un mensaje para la actualidad, pero encontrar la forma de transmitir el mensaje a quienes no se han visto atraídos al mismo, o que, por la razón que sea, le han tomado antipatía, representa un reto cada vez mayor. El mundo moderno ha cambiado de una manera impresionante y con suma rapidez durante los últimos treinta años, y la tendencia no ha cambiado. El secularismo ha calado profundamente en los círculos de pensamiento e influencia con valores que fomentan el interés en uno mismo y el materialismo, así como otros valores que son incompatibles con el cristianismo y los valores tradicionales y que en última instancia los van corrompiendo.

    Al mismo tiempo, ciertos principios o conceptos que durante los últimos 50 años han sido aceptados como bases inamovibles en la sociedad occidental, ya no poseen la misma solidez de la que solían gozar. Muchas personas se sienten inseguras con relación a su futuro. Confían mucho menos en el gobierno, en los entes religiosos y educativos o en la veracidad de lo que publican los medios de comunicación. Hasta el concepto de ahorrar conlleva un riesgo mayor, pues muchas instituciones financieras han fracasado y hay países enteros al borde del colapso económico.

    El clima cultural, social, intelectual, secular y moral, sumado al aumento generalizado del cuestionamiento, escepticismo y rechazo de los criterios y valores que durante años constituyeron lo aceptado, ha generado un cambio fundamental en los valores, ética, perspectiva del mundo, relación con la autoridad y trato con los demás de gran parte de la población. Para muchos es más difícil saber en quién confiar. Hay personas que se ven atraídas al mensaje del Evangelio debido a las condiciones del mundo y la sociedad, pero para otros, ese mismo clima hace que les resulte mucho más difícil identificarse con el Evangelio, y aún más difícil creerlo o aceptarlo.

    Esto genera un buen número de retos para aquellos de nosotros que estamos consagrados a la difusión del Evangelio, entre ellos el reto no menor de difundir el mensaje de un hombre que vivió, murió y resucitó hace 2000 años, y de afirmar al mismo tiempo que ese mensaje es el más importante que habrá de recibir la persona en su vida. Por consiguiente, es de vital importancia que el cristiano con vocación misionera encuentre métodos nuevos y creativos para expresar y entregar el mensaje imperecedero del amor de Dios de una manera que capte la atención de los habitantes del mundo de la actualidad. De más está decir que los cristianos de otras épocas también tuvieron sus retos, pero el nuestro es el reto del mundo actual.

    Tenemos que resolver el dilema de presentar a Jesús de una forma que encuentre eco en las personas con las que nos relacionemos. Sobre todo teniendo en cuenta que, por lo menos en la sociedad occidental, muchos de los no cristianos abrazan valores que hacen que el cristianismo parezca irrelevante para su vida y perspectiva del mundo. En muchos países a veces puede ser difícil sacar a colación el tema de Dios, y ni hablar de Jesús, pues el secularismo y materialismo se han difundido ampliamente y han reemplazado a la fe en Dios, haciéndolo irrelevante para su sistema de creencias.

    En la actualidad muchas personas recelan de los mensajes que oyen, y tienen motivos justificados. Cada día a través de la Internet, la televisión, las noticias, la propaganda, son bombardeadas con mensajes que le dicen que necesitan esto, lo otro y lo de más allá, que tal o cual es la mentalidad correcta o la postura adecuada. El mensaje del Evangelio podría parecerles otra propaganda que trata de convencerlos de lo que necesitan, de cómo vivir y de lo que las hará felices. La gente suele sentir recelo ante tales mensajes, pues ha comprobado por experiencia que muchos de ellos son muy poco válidos o carecen de validez alguna. La gente busca respuestas, pero es muy cauta en cuanto a aquello en lo que deposita su confianza.

    Para tener éxito a la hora de dar a conocer el Evangelio, es necesario que las personas se identifiquen con uno. Para transmitir el mensaje a la gente de su ciudad o país, a las personas con las que trabajan, o a sus vecinos y conocidos, es necesario comprender a esas personas, entender su cultura y lo que valoran.

    Toda persona, sea cual sea su país o cultura, se merece y necesita oír el Evangelio. Por ser cristianos, tenemos la misión de difundirlo en el país, cultura y comunidad en que nos encontremos, de un modo en que los oyentes se identifiquen más fácilmente con el mensaje y que les resulte más fácil de entenderlo y aceptarlo.  Peter Amsterdam

    Rebatir el evangelio del consumismo

    El evangelio del consumismo tiene tres principios básicos: (1) somos creados para ser consumidores individuales; (2) debemos ser pasivos; (3) nuestro único deber es consumir más.

    El primer principio tiene que ver con nuestra identidad: quiénes somos y cómo nos vemos a nosotros mismos. El segundo principio tiene que ver con nuestro organismo: lo capacitados que estamos para efectuar cambios y participar en el mundo que nos rodea. El tercer principio tiene que ver con nuestro propósito: ¿cuál es la razón de nuestra existencia y nuestro modo de vida? El evangelio del consumismo se infiltra en cada parte de nuestra persona y va en contra de […] el Dios revelado en las Escrituras.

    Dios no es un consumidor. Dios es un creador. Ser creados a imagen de Dios significa que también fuimos hechos para crear. Efesios 2:10 (BLPH) dice que «Él nos ha creado por medio de Cristo Jesús, para que hagamos el bien que Dios mismo nos señaló de antemano como norma de conducta».  Reesheda Graham-Washington y Shawn Casselberry[1]

    Moldeados para un propósito mayor

    Jesús habló con frecuencia del desafío del materialismo. Claro, en aquella época no existían los anuncios, marcas, cosméticos y revistas de moda; sin embargo, Él explicó en Lucas 12 que las cosas tienen una forma de adherirse a nuestro corazón y de convertirse en nuestro maestro. Habló de cómo podemos muy fácilmente dar nuestro corazón al patrón equivocado, definirnos a nosotros mismos por nuestro así llamado «tesoro», y terminar sirviendo al dinero.

    En Romanos 12, Pablo escribe que nos conformamos a los patrones de este mundo sin siquiera pensarlo. Pablo no escribió acerca del consumismo como tal, sino que habló de que los valores principales del imperio tienen una forma de moldear quiénes somos. El consumismo, como una expresión más adelantada del materialismo, es una expresión moderna e institucionalizada del mismo egoísmo que siempre ha sido el problema. Los cristianos somos llamados a vivir con una esperanza y deseo distintos y a recordar que somos formados con un propósito mayor. […]

    La historia bíblica de Daniel resalta cómo podemos vivir e incluso prosperar en Babilonia, un imperio que simboliza la adoración falsa. Daniel se propuso que pertenecía a un imperio más importante. Oró y buscó el apoyo de amigos con valores parecidos. A menudo volvía a calibrar el propósito de Dios para él (por lo menos formalmente tres veces al día) y recordó que todo —lo que incluía su intelecto y habilidad para interpretar sueños— provenía de Dios y que solo Dios era merecedor de la máxima gloria. […]

    Los cristianos somos llamados a dedicar nuestra vida a una historia distinta. En lugar de conformarnos, debemos ser transformados[2]. Consumiremos, pero con una mirada distinta. Encontraremos nuestra esperanza, deseo e identidad en Jesús y paradójicamente encontraremos nuestra vida al renunciar a ella, al cambiar nuestro plan para seguir el de Dios. Valoraremos a las personas, dedicaremos tiempo a crecer, servir, compartir y adorar a Dios de manera que resistamos la mercantilización. Viviremos para la gloria de Dios en un mundo que se centra en el yo. Ese es el punto de inicio de una vida que vale la pena para el presente y para la eternidad.  Brendan Pratt[3]

    Publicado en Áncora en octubre de 2021.


     

  • Oct 20 Lecciones aprendidas del alemán contento
  • Oct 19 Un final fiel
  • Oct 18 Igualdad en Cristo
  • Oct 13 Adoptar una fe esperanzadora ante las pruebas
  • Oct 12 La esperanza, áncora para el alma
  • Oct 11 El tesoro y la perla
  • Oct 5 Vida abundante
  • Oct 4 Este día lo ha hecho el Señor
  • Sep 30 Remontarse por encima del estrés
   

Rincón de los Directores

  • Vienen mejores días (1ª parte)

    Todas las cosas ayudan a bien

    [Better Days Ahead—Part 1: All Things Work Together for Good]

    Y sabemos [con plena confianza] que Dios [quien vela profundamente por nosotros] hace que todas las cosas redunden [conforme a Sus designios] en bien de los que lo aman; esto es, de los que son llamados conforme a Su plan y Su propósito.  Romanos 8:28 (Traducción de Amplified Bible)

    Dios es bueno. Hace bien todas las cosas. Él no pasa por alto ni olvida nada. Es omnisciente. Jamás dice: «Uy, no vi venir esa». Él nunca se atrasa. Es soberano, y Su providencia toca cada aspecto de la vida de cada uno de nosotros.

    Las pruebas, penalidades y pérdidas que soportamos en la vida pueden cooperar para nuestro bien en la medida en que depositamos nuestra confianza en el Señor, lo seguimos y permitimos que el Espíritu Santo obre en nuestra vida a fin de cumplir sus designios. Por difíciles que sean las cosas, por mucho que suframos, mediante Su gracia podemos continuar confiando en el Señor. Sabemos que nos aguarda un porvenir eterno y glorioso.

    María escribió:

    Como «muchas son las aflicciones del justo»[1] desde luego es un consuelo saber que «a los que aman al Señor, todas estas cosas les ayudan a bien, a los que conforme a Su propósito son llamados»[2]. Es más, es imperativo que convirtamos esta promesa de Romanos 8:28 en un elemento fundamental de nuestra vida, para poder salir victoriosos de las numerosas pruebas, dificultades, batallas y tentaciones que enfrentamos.

    Si no pasamos todo lo que nos ocurre por el filtro de Romanos 8:28, si no vemos siempre nuestras decepciones, penas, pruebas, enfermedades, oposición, batallas y todo lo demás por el prisma de Romanos 8:28, lamentablemente nos perderemos muchas valiosas enseñanzas que el Señor quiere que asimilemos. Además nos privaremos de la paz que nos embarga cuando confiamos cabalmente en esa preciosa promesa y principio.

    Si aprendemos la sencilla ecuación de que las pruebas equivalen a bienes, nuestra vida se enriquece, las enseñanzas que tomamos se amplían, nuestra mente se serena más y reconocemos más fácilmente la mano del Señor en los acontecimientos de nuestra vida. Hay un mundo de diferencia entre observar una riada de problemas, pruebas y tribulaciones esperando que suceda lo peor, o apreciarlos con la ilusión y expectativa de descubrir todo el bien que sabemos que el Señor sacará de ellos.  María Fontaine

    Es un gran privilegio saber que podemos confiar en el Señor a despecho de las dificultades, penalidades y desafíos que se nos presenten en la vida. George Mueller dijo una vez: «En mil pruebas, no son quinientas las que redundan en bien del creyente, sino novecientas noventa y nueve, más una».

    Romanos 8:28 no es un agradable eslogan o mantra para ayudarnos a pasar un mal día imaginándonos uno mejor. Es una promesa de nuestro Padre, dirigida a quienes lo amamos y que, por Su gracia, estamos poniendo todo de nuestra parte por seguirlo. El siguiente extracto presenta algunas puntualizaciones sobre esta conocida promesa.

    En primer lugar, Romanos 8:28 no significa que podemos vivir como nos plazca y que Dios arreglará los desastres que armemos. Para entender la verdad que encierra Romanos 8:28 no podemos limitarnos a citar la parte del verso que nos gusta: «Sabemos que todas las cosas ayudan a bien…» y saltarnos el resto: «a los que aman a Dios […], a los que conforme a Su propósito son llamados».

    Romanos 8:28 es una promesa para creyentes. Creyentes de verdad. Los que viven para Cristo… Este versículo se dirige a los que aman a Dios y hacen todo lo posible por obedecer Sus mandamientos y les dice: «Aunque cosas malas/tristes/impías/malvadas afecten tu vida, Yo (Dios) me valdré de ellas para sacar un bien, tanto en tu vida como en el mundo».

    Joni Eareckson Tada es una oradora, autora y cantante cuadripléjica que lleva más de 40 años reducida a una silla de ruedas. Cuando la gente le pregunta por qué Dios permite el sufrimiento, suele contestar: «Dios permite lo que detesta para realizar lo que ama». ¿Y qué ama Dios? Que las personas entablen una relación con Él y se parezcan más a Él. La vida y labor cristiana de Joni son un clamoroso testimonio de que Dios puede servirse de una tragedia —por ejemplo, un accidente que tras un salto al agua deja paralítica a una persona— para influir poderosamente en la vida de millones.

    Romanos 8:28 nos dice que Dios puede disponer todas las cosas para el bien. No dice que todas las cosas sean buenas… La verdad de Romanos 8:28 nos recuerda que aunque el pecado y Satanás son poderosos, Dios es más poderoso. Es capaz de redimir y restaurar lo que sea para nuestro bien y Su gloria. Puede que no todas las cosas sean buenas, mas Dios es capaz de hacer y hará que todas redunden en nuestro bien.  Lori Hatcher[3]

    Hay personas que tienen muy buena imaginación y les resulta más fácil entender un principio espiritual cuando la explicación contiene algo que puedan visualizar mentalmente. Hace poco leí el siguiente artículo, que me pareció una descripción edificante y alentadora.

    Tengo un salvavidas. Es mi posesión más valiosa. Navegando por el mar de la vida, innumerables veces atisbo una tempestad que asoma por el horizonte. Entonces agarro mi salvavidas y me lo ajusto bien, de modo que no se me vaya a soltar. Me preparo así para los implacables embates que se avecinan.

    Cuando se desata la tormenta, mi pequeña embarcación se ve azotada por embravecidas olas que amenazan hundirme y ahogarme. Pero el salvavidas me garantiza que sobreviviré. Mejor dicho: más que sobrevivir, remontaré, quizá con magulladuras y contusiones, pero triunfante.

    A veces las tormentas se aparecen sigilosamente a popa. Sorprendida por la violencia de las aguas, mi lancha zozobra, arrojándome a las heladas aguas. Me ahogo, borboteo y hago esfuerzos por respirar, pero me encuentro en una vorágine. Cuanto más me debato, con más fuerza me atenaza el agua.

    A solas, indefensa y perdida, aguardo el fin. La esperanza titila como una vela que se va derritiendo. Mientras me hundo por última vez bajo las aguas, una Voz se deja oír entre el estruendo de la tormenta:

    —¡Echa mano del salvavidas! —exclama—. Es tu única esperanza.

    Esforzándome para ver en la oscuridad, distingo algo que flota. Es mi salvavidas, siempre a mi alcance cuando más lo necesito. Me lo amarro y enseguida empiezo a flotar.

    La oscuridad todavía me envuelve. El mar sigue revuelto, y las encrespadas olas amenazan hundirme. La lluvia continúa hiriéndome las mejillas. Pero floto de nuevo. Con plena confianza y con mi salvavidas bien puesto, contenta espero a que amaine la tempestad.

    ¿Cuál es el secreto de mi salvavidas? Es tan sencillo que tal vez lo descartes. Se trata de este versículo de la Biblia: «Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados». (Romanos 8:28). TODO —tormentas, lluvia y vientos— redunda en nuestro BIEN. Como sea, algún día lo entenderemos.  S. Jade

    Debo admitir que es mucho más fácil confiar en el Señor cuando las cosas marchan bien, cuando gozamos de buena salud, tenemos lo que necesitamos y nosotros y nuestros seres queridos estamos sanos y salvos. En cambio, cuando las cosas no andan bien puede ser mucho más difícil confiar en el Señor. En esas circunstancias somos proclives a preocuparnos, estresarnos, quejarnos, trabajar más duro y tratar de arreglar los problemas a como dé lugar. Sabemos, sin embargo, que esa no es la solución.

    En el momento en que la experimentamos, no siempre comprendemos por qué el Señor permite alguna angustia o tragedia en nuestra vida, y en muchos casos nos toca confiar en Él pese a que no logramos captar la visión de conjunto. Edward Teller nos recuerda: «Cuando llegas al cese de toda la luz que conoces y es hora de dar un paso hacia las tinieblas de lo desconocido, la fe nos hace saber que ocurrirá una de dos: O se te dará algo firme sobre lo cual apoyar el pie o se te enseñará a volar». Enseguida una excelente explicación del ya fallecido reverendo Billy Graham que arroja luz sobre el tema:

    Es fácil creer que Dios nos ama y se preocupa por nosotros cuando las cosas marchan bien; en cambio, cuando la vida se nos vuelve en contra, cuesta mucho más creer que Él se interesa.

    ¿Por qué hemos de seguir confiando en Dios cuando ni siquiera se vislumbra un cambio y parece que Dios ni nos escucha? Una razón es que por muchos cambios que nos hayan acontecido, Dios no ha cambiado. Lo que afirma la Biblia es cierto: «Yo, el Señor, no cambio» (Malaquías 3:6).

    Y si Dios no varía, quiere decir que Sus promesas tampoco. Prometió estar contigo en el pasado, y todavía lo está. Prometió guiarte en el pasado, y todavía lo hará. Entérate de Sus promesas, estúdialas, créelas y fíate de ellas. En la Biblia Él «nos ha dado preciosas y grandísimas promesas» (2 Pedro 1:4).

    No permitas que tus circunstancias rebasen tu fe; más bien que tu fe rebase tus circunstancias[4].

    Si sufres de una enfermedad debilitante o un ser querido ha partido de este mundo, citar Romanos 8:28 y meditarlo no altera la situación y puede que no sirva de mucho para aliviar el dolor instantáneamente. Vivimos en un mundo degradado, y cuando nosotros o la gente que amamos sufre una pérdida o tragedia, ¡duele! Lloramos. Nos afligimos. Y generalmente tardamos en ver lo bueno que sale de las cosas malas que ocurren, lo cual muchas veces pone a prueba nuestra fe mientras seguimos confiando en Él en tiempos de prueba. En su libro Why Us? (¿Por qué a nosotros?), Warren Wiersbe declara que Dios «prueba Su soberanía, no interviniendo constantemente y evitando esos sucesos, sino dominándolos e imponiéndose sobre ellos, de tal manera que hasta las tragedias terminan cumpliendo Sus objetivos finales»[5]. Que el siguiente relato les dé ánimos en este aspecto.

    No sé si Louis Braille era creyente, pero su vida da ejemplo de un Dios soberano que hace que todas las cosas redunden en bien. En la Academia de Ciencias francesa se exhibe un viejo punzón de zapatero bastante ordinario. Lo ocurrido con ese punzón es bien singular. Al mirarlo uno jamás se imaginaría que ese simple instrumento hubiera dado origen a algo trascendental. A decir verdad, causó un tremendo dolor.

    Ese fue el punzón que un día se cayó de la mesa del zapatero y le sacó el ojo a su hijo de nueve años. La herida fue tan profunda que el niño perdió la vista en ambos ojos, tras lo cual lo matricularon en una escuela especial para niños ciegos. El chico aprendió a leer palpando grandes bloques de madera esculpidos.

    Cuando el hijo del zapatero se hizo adulto se le ocurrió un método nuevo de lectura. Consistía en aprender un sistema de puntos de relieve traducido a las letras del alfabeto que se podía leer desde un pedazo de papel en cualquier superficie plana. Louis Braille llegó a utilizar el mismísimo punzón que le quitó la vista de niño para formar y configurar los puntos en un sistema completamente nuevo de lectura para invidentes. De ahí que se lo conozca como el sistema Braille[6].

    Es posible, desde luego, que nosotros no experimentemos una manifestación tan visible del bien que Dios ha prometido labrar en nuestra vida. En épocas así, en que nuestra fe es sometida a intensas pruebas, todo se reduce a depositar nuestra vida, nuestros seres queridos, nuestra salud y nuestro sustento en manos de Dios y confiar en que Él cuidará de nosotros. Aun cuando aparentemente el Señor guarda silencio y las pruebas parecen interminables o las pérdidas que sufrimos enormes, Dios es misericordioso y fiel y nunca nos dejará ni nos desamparará.

    El relato de José en el Antiguo Testamento nos entrega un bellísimo ejemplo de cómo Dios sacó un bien de una situación que parecía imposible. En alusión a ello W. De Haan comentó:

    [Me trae a la memoria] la verdad bíblica de que no existen casualidades en la vida de los hijos de Dios. En la Escritura leemos la interpretación que hizo José de una difícil experiencia que pareció ser una gran calamidad. Luego de que lo arrojaran a una cisterna, lo vendieron a esclavitud. Lo sucedido fue una gran prueba de fe para él. Desde el punto de vista humano dio la impresión de que fue un trágico caso de injusticia y no un medio providencial de bendición. No obstante, José aprendería luego que «Dios lo encaminó a bien» (Génesis 50:20)[7].

    Podemos sacar lección del profeta Habacuc, mientras leemos estos conocidos versículos:

    Aunque la higuera no florezca, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! El Señor omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas.  Habacuc 3:17-19 (NVI)

    Es importante recordar que en la época de Habacuc proliferaba la maldad y el futuro no se veía nada alentador. Es más, la situación era bastante sombría. Sin embargo, a pesar de tales circunstancias, Habacuc proclamó su confianza en Dios diciendo: «Aun así, yo me regocijaré en el Señor». No solo confiaba en Dios, sino que se regocijaba y recordaba que el Señor era su fortaleza. Reconocía que aunque tal vez careciera de los alimentos básicos, nunca carecería de Dios.

    Creo que es más difícil confiar en que el Señor hará cooperar todo para tu bien cuando piensas que tú eres el culpable del aprieto en el que te encuentras. Cuando consideras que has cometido errores o juzgado mal una situación o tomado decisiones imprudentes y que por ende las cosas van de mal en peor, puedes abrigar la sensación de que te mereces sufrir las consecuencias negativas. Sientes esa angustia visceral que te dice que no estás «calificado» para obtener la gracia y misericordia ofrecidas por Dios en Romanos 8:28. Lo que no debemos olvidar es que ese cumplimiento de la Palabra de Dios ¡es una manifestación de Su gracia! Personalmente me reconforta el concepto de los vuelcos divinos expresado en el siguiente mensaje de Jesús.

    Yo soy el Dios de los vuelcos. Puedo hacer que el mal derive en bien. Mi plan maestro saca una victoria de una aparente derrota. Ven a Mí tal como eres, con tus heridas de batalla, y expón esas heridas a Mi luz sanadora…

    Cuando experimentas un vuelco divino en tu vida, observas con entusiasmo lo magistralmente que obro Yo en el mundo. Tu sufrimiento adquiere sentido, pues sabes que puedo sacar —y en efecto saco— un bien de un mal. En últimas Mis designios no se frustran. ¡Yo tengo la última palabra! Cuando te das cuenta de que Mi sabiduría y Mis caminos están completamente fuera de tu comprensión, captas un atisbo de Mi gloria. Eso te inspira a adorarme, a inclinarte ante Mi infinita inteligencia y Mi ilimitado poder. Al abrir tu alma en adoración a Mí obtienes la certeza de Mi inagotable amor. «Yo sé los planes que tengo acerca de ustedes, dice el Señor, planes de bienestar y no de mal, para darles porvenir y esperanza» (Jeremías 29:11)[8].

    Sea lo que sea que esté pasando en nuestra vida y por muchas dificultades que afrontemos es importante tener presente que todavía tenemos a Dios. ¡Él nunca nos dejará ni nos desamparará! ¡Dios es bueno, es amor! Permite que experimentemos dificultades, pruebas y penalidades, pero ahí no termina todo. Él también dispensa hermosas bendiciones. Por eso, si nos inclinamos a dudar y preguntarnos por qué las cosas no marchan como esperábamos, podemos sacar una enseñanza de Arthur Ashe. Así lo refiere el siguiente testimonio:

    El afamado tenista Arthur Ashe murió de SIDA, enfermedad que contrajo luego de una transfusión de sangre durante una intervención al corazón. Más que un gran deportista, Ashe fue un caballero que inspiró y animó a muchos con su conducta ejemplar tanto dentro como fuera de la cancha. Ashe pudo haber sucumbido a la amargura y la autocompasión de cara a su enfermedad; no obstante, mantuvo una actitud agradecida.

    Explicó: «Si con motivo de mis reveses me preguntara “¿por qué me tocó a mí?”, tendría que preguntarme también “¿por qué a mí” me han tocado tantas cosas buenas? ¿Por qué gané Wimbledon? ¿Por qué me casé con una mujer tan bella y dotada y por qué tuve un hijo maravilloso?» La actitud de Ashe increpa a los que con frecuencia murmuramos: «¿Por qué a mí? ¿Por qué permite Dios que me pase esto a mí?»

    Por muy severamente que estemos sufriendo no debemos olvidar las misericordias que Dios vierte en nuestra vida, cosas como comida, techo y amigos, bendiciones que muchos no poseen. ¿Y qué decir de las bendiciones espirituales? Podemos sostener en las manos la mismísima Palabra de Dios y leerla. Poseemos el conocimiento de Su gracia salvífica, los consuelos de Su Espíritu y la dichosa certeza de la vida eterna con Jesús. Piensa en las bendiciones de Dios y pregúntate: «¿Por qué he sido tan favorecido?»  Vernon C. Grounds[9]

    ¡Qué importante recordatorio! Nuestra vida está colmada de bendiciones. ¡Alabado sea el Señor! Al depositar tu confianza en el Señor y esperar pacientemente en Él tendrás la certeza de que te fortalecerá, te bendecirá, proveerá para tus necesidades y te conducirá por la senda de Su voluntad. Aún más, un día —en esta vida o en la otra— verás el cumplimiento de Su inquebrantable promesa que declara que hace que todas las cosas cooperen para tu bien.


    [1] Salmo 34:19.

    [2] Romanos 8:28.

    [3] “All Things Work Together for Good”—3 Things You Never Noticed About Romans 8:28, https://www.preaching.com/articles/things-work-together-good-3-things-never-noticed-romans-828/

    [4] Graham, Billy, Don’t let your faith be overcome by your circumstances, Gaston Gazette, 12 de octubre de 2012, https://www.gastongazette.com/article/20121012/Lifestyle/310129772

    [5] https://www.preceptaustin.org/romans_828-39

    [6] https://www.preceptaustin.org/romans_828-39

    [7] https://www.preceptaustin.org/romans_828-39

    [8] Young, Sarah, Jesus Lives (Thomas Nelson, 2009).

    [9] https://www.preceptaustin.org/habakkuk-devotionals-and-sermon_illustrations

     

  • Ago 17 Jesús, Su vida y mensaje: Juan 17: Oración de Jesús (2ª parte)
  • Ago 14 «Mis ovejas oyen Mi voz»
  • Ago 10 Jesús, Su vida y mensaje: Juan 17: Oración de Jesús (1ª parte)
  • Ago 3 Jesús, Su vida y mensaje: Juan 16:23–33
  • Jul 27 Jesús, Su vida y mensaje: Juan 16:13–22
  • Jul 20 Jesús, Su vida y mensaje: Juan 16:1–12
  • Jul 13 Jesús, Su vida y mensaje: Juan 15: Si el mundo os odia
  • Jul 6 Jesús, Su vida y mensaje: Juan 15: Permaneced en Mi amor
  • Jun 29 Jesús, Su vida y mensaje: Juan 14: Voy al Padre
   

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  • Si bien nuestras creencias fundamentales por lo general coinciden con las sostenidas por la mayoría de los cristianos, también abrazamos otras doctrinas menos tradicionales. Nuestra aplicación de la ley del amor que enseñó Jesús —principio cardinal del cristianismo— es una de las características distintivas de nuestro modo de vida y nuestra fe. Este principio, expuesto por Jesús, establece que para cumplir «toda la ley y los profetas» basta con amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos.

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