• Así brille vuestra luz.

  • Su alegría. Nuestra fuerza.

  • Dios es bueno. Siempre.

  • Donde Dios está, hay amor. (1 Juan 4:7-8)

  • Busquen primero Su reino.

Áncora

Devocionales presentados de forma sencilla

  • Glorificar a Dios con nuestras palabras

    Tesoros

    [Glorifying God with Our Words]

    Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de Ti, oh Señor, roca mía, y redentor mío.  Salmo 19:14

    Había una vez una mujer a la que no le gustaba oír lo que le decía su pastor. Un día, las palabras del pastor le resultaron inaguantables. Eran verdad, pero se enfadó tanto que empezó a propagar mentiras y chismes maliciosos sobre él. Pero cuanto más hablaba, más se entristecía. Al final empezó a arrepentirse de todas las mentiras que había dicho.

    Por fin, con lágrimas en los ojos, acudió a casa del pastor para pedirle que la perdonara.

    —He dicho muchísimas mentiras sobre usted —le dijo—. Le ruego que me perdone.

    El pastor tardó un buen rato en responder. Parecía estar profundamente sumido en sus pensamiento y orando. Al fin dijo:

    —Sí, te voy a perdonar; pero antes tendrás que hacer algo por mí.

    —Sube conmigo al campanario y te lo explicaré —le respondió—. Pero antes iré a buscar una cosa a mi habitación.

    Cuando el pastor volvió de su cuarto traía bajo el brazo una gran almohada de plumas. La mujer, nerviosísima, casi no podía contenerse de preguntar para qué era la almohada y para qué subían al campanario. No obstante, guardó silencio; y algo jadeantes los dos llegaron por fin al campanario de la iglesia.

    Desde la torre se divisaba una gran extensión de campo, hasta más allá del pueblo. De pronto el pastor, sin decir palabra, rasgó la almohada y tiró todas las plumas por la ventana. El viento y las brisas se llevaron las plumas dejándolas caer por todas partes: en los tejados, en las calles, debajo de los autos, en las copas de los árboles, en los patios donde jugaban los niños, aun en la carretera y más allá, hasta perderse en la distancia.

    El pastor y la mujer se quedaron un rato viendo revolotear las plumas. Por fin el pastor se volvió hacia la mujer y le dijo:

    —Ahora quiero que vayas y me recojas todas esas plumas.

    —¿Recoger todas esas plumas? —le preguntó con voz entrecortada—. ¡Pero eso es imposible!

    —Sí, lo sé —dijo el pastor—. Esas plumas son como las mentiras que dijiste de mí. Lo que has empezado, ya no lo puedes parar, por mucho que te arrepientas, porque los vientos de las habladurías han desparramado tus mentiras por todas partes. ¡Es fácil apagar una cerilla, pero imposible extinguir el gran incendio forestal que puede ocasionar ese mismo fósforo!

    La lengua es un miembro asombroso de nuestro cuerpo, a pesar de su reducido tamaño. Mide apenas entre ocho y diez centímetros de largo y unos cinco de ancho. Sin embargo, es capaz de causar estragos y echar a perder nuestra relación con los demás con palabras desagradables o llenas de amargura o al lanzar críticas despiadadas y ensañarse con los semejantes. La Biblia hace algunas afirmaciones contundentes sobre el poder de la lengua: «Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa! También la lengua es un fuego, un mundo de maldad entre nuestros órganos. Contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende fuego a todo el curso de la vida» (Santiago 3:5-6).

    Por otra parte, dice: «La lengua apacible es árbol de vida» (Proverbios 15:4). Nuestras palabras pueden ser inspiradas por Dios para dar vida a otras personas. Si decimos palabras amorosas, sabias y alentadoras, podemos consolar, fortalecer, alentar, inspirar y animar a los demás con nuestra lengua. Podemos compartir con los demás la verdad de la Palabra de Dios y Su plan para la salvación eterna, lo que será un árbol de vida.

    El libro de Proverbios en la Biblia afirma que la muerte y la vida están en poder de la lengua (Proverbios 18:21). Las palabras que pronunciamos con la lengua pueden bendecir o maldecir a otros, pueden levantar por las nubes o dejar por los suelos, pueden ayudar o causar dolor, pueden desanimar o brindar gracia y esperanza a otros.

    No es cierto aquel dicho de que «con piedras y palos gruesos me romperás los huesos, pero las palabras no me hieren». Ha habido casos de vidas arruinadas y permanentemente afectadas debido a chismes maliciosos. En algunos casos más extremos, incluso al punto de provocar suicidios. La mayoría podemos recordar alguna ocasión en la que nos sentimos deprimidos y desanimados a raíz de unas las palabras crueles e hirientes pronunciadas por otra persona. También es probable que hayamos herido a alguien en algún momento con nuestras palabras desconsideradas y poco amables. Tal vez sin intención o con ánimo de bromear; pero así y todo tuvieron mal efecto y causaron una herida en un corazón ajeno.

    ¡Qué pena que a veces hiramos a alguien cuando tal vez ya está destrozado, o lleva una carga pesadísima sin nosotros tener ni idea! Quién sabe si en el preciso momento en que suspiraba por una palabra amable y alentadora, nosotros, en cambio, lo herimos profundamente con nuestras palabras.

    ¿Qué podemos hacer para evitar esas palabras desconsideradas y antipáticas que tan fácilmente brotan de nuestros labios? ¿Qué podemos hacer para domar nuestra lengua? La Biblia dice: «Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua» (Santiago 3:7-8). El único capaz de domarla es Dios.

    La única forma de domar la lengua es esta: dejar que Dios nos transforme el corazón, «porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). Si tenemos el corazón rebosante del amor de Dios, las palabras que salgan de nuestra boca estarán llenas de amor y compasión, porque «Dios es amor» (1 Juan 4:8).

    Cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador, nacemos de nuevo y Su Espíritu vive en nosotros y nos transforma mediante el amor de Dios (2 Corintios 3:18). «Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo. Pondré Mi Espíritu en ustedes para que sigan Mis decretos» (Ezequiel 36:26-27).

    Jesús es la verdadera fuente de amor, amabilidad, bondad y compasión. A medida que Jesús se vuelve el centro de tu vida, Su Espíritu te inspirará y hablará por medio de ti Sus preciosas palabras de amor, luz y vida a otros. Conforme dedicas tiempo a leer y estudiar fielmente la Palabra de Dios en la Biblia, Su Palabra vivirá en ti y te ayudará a crecer en espíritu. Jesús dijo: «El espíritu es el que da vida; […] las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63).

    A medida que dedicas tiempo a orar, a acercarte a la presencia de Dios y a permitir al Espíritu Santo transformar tu corazón y tu vida, las palabras que hables rebosarán Su amor y amabilidad, además de demostrar verdadera preocupación por otros. Cuando anuncias a otros la esperanza y la verdad que tenemos en Jesús, tus palabras tendrán una chispa divina de vida y un poder cuyo origen puede estar únicamente en lo más profundo del Espíritu Santo que mora en ti.

    La Biblia dice: «El hombre se alegra con la respuesta de su boca; y la palabra a su tiempo (en el momento indicado), ¡cuán buena es!» (Proverbios 15:23). Y: «Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene» (Proverbios 25:11). Es un regalo maravilloso poder hablar palabras de amor, esperanza y ánimo a quienes las necesitan en el momento oportuno y de la manera precisa, cuyo efecto perdurará: tus palabras de fe y consuelo producirán buen fruto en la vida de las personas que las escuchan.

    La clave para glorificar a Dios con tus palabras es abrir tu corazón a Jesús y ofrecerle a Él tu vida, tus esperanzas y tu futuro, y pedirle que te infunda el poder de Su Espíritu Santo. «Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena voluntad» (Filipenses 2:13). Su Espíritu te dará el poder de hablar palabras de vida y esperanza a otros, de manera que edifiquen e «impartan gracia a los que oyen» (Efesios 4:29).

    La Biblia contiene las palabras más hermosas, amorosas y profundas que se han escrito. A medida que les permitimos vivir en nosotros, fluyen de nosotros a otras personas. Jesús dijo: «El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva» (Juan 7:38). Demos gloria a Dios con nuestras palabras y acciones, y llevemos el mensaje de esperanza y vida eterna mediante la fe en Jesús a otras personas. «Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno» (Colosenses 4:6).

    Tomado de un artículo de Tesoros, publicado por La Familia Internacional en 1987. Adaptado y publicado de nuevo en junio de 2024.

  • Jun 12 ¿Engreído o seguro?
  • Jun 7 ¿Cómo será el Cielo?
  • Jun 4 El amor de Dios por la humanidad
  • May 31 El taller de reparación del Evangelio
  • May 30 El Cielo: nuestra esperanza eterna
  • May 27 Los siervos vigilantes
  • May 22 Endurecer mi rostro como el pedernal
  • May 21 Jesús satisface completamente
  • May 16 Fe expectante
   

Rincón de los Directores

Estudios bíblicos y artículos edificantes para la fe

  • Virtudes de los seguidores de Cristo: paz

    [Virtues for Christ-Followers: Peace]

    La siguiente virtud de la lista es la paz, que nace del hecho de que tenemos una buena relación con Dios gracias al regalo de salvación que nos hizo Jesús. Por medio de la salvación alcanzamos la paz con Dios, lo cual nos permite tener paz interior y estar en paz con el prójimo. Cuando centramos nuestra vida en Dios y nos encomendamos a Su providencia, experimentamos Su paz, que es fruto de la presencia del Espíritu Santo.

    La paz es asimismo un efecto de nuestra confianza en Dios y la fe en Su amor por nosotros. Jerry Bridges escribió que «la paz debería formar parte integral de nuestra manera de ser, porque Dios nos ha prometido Su paz, porque nos ha mandado que dejemos que la paz reine en nuestra vida y en nuestras relaciones, y porque la paz es uno de los frutos del Espíritu y por tanto una clara señal de Su accionar en nosotros»[1].

    En la serie Más como Jesús escribí los siguientes párrafos sobre la diferencia entre la paz bíblica y la paz como ausencia de conflictos:

    Tenemos tendencia a sentir paz cuando las cosas marchan bien, cuando gozamos de buena salud, estamos contentos, nos encontramos en una situación económica favorable y no afrontamos ninguna gran dificultad. No obstante, la paz bíblica es mucho más que la tranquilidad que sentimos cuando todo anda sobre ruedas. Es un ancla firme aun en aguas turbulentas. La verdadera paz trasciende las circunstancias. Tiene que ver con la presencia de Dios a nuestro lado, con el hecho de vivir en Su reino, permitir que Él gobierne nuestra vida y confiar en que Él es nuestro Padre que nos ama y tiene siempre en consideración lo que más nos conviene. Tenemos paz porque lo tenemos a Él.

    Aunque tengamos paz con Dios gracias a la salvación, eso no significa necesariamente que gocemos de la paz de Dios en nuestra cotidianidad. A menudo nos vemos privados de esa paz porque nos preocupamos e inquietamos por incidentes o retos bastante intrascendentes. Tratamos de lidiar con ellos nosotros solos en lugar de presentárselos al Señor y echar sobre Él nuestras cargas, con la confianza y tranquilidad de que Él nos acompaña y vela por nosotros. Jesús prometió que en Él podíamos tener paz. En tiempos de dificultades e incertidumbre debemos cobrar ánimo, sabiendo que Jesús ha vencido al mundo. Esa seguridad nos aporta paz, ya que depositamos nuestra confianza en el Señor.

    *

    La paz de Dios: shalom

    La paz (shalom) se define como el estado de quien no se ve afectado por perturbaciones, tanto externas como internas. No es el estar libre de perturbaciones, o sea, la ausencia de conflictos o trastornos, sino más bien el estado de quien no se deja vencer o angustiar por las perturbaciones por su confianza en las promesas que Dios nos ha hecho y en Su fidelidad para con nosotros.

    La paz, entonces, es un estado de ánimo: la persona puede hallarse en circunstancias difíciles, pero está contenta, confiada, esperanzada, en un estado de reposo. Estar en paz es descansar, experimentar el descanso que viene de Dios. Cuando estamos en presencia de Dios y le permitimos estar con nosotros y obrar en nosotros, Él nos da descanso.

    Cuando entendemos que no podemos ganarnos o merecernos el favor de Dios por nosotros mismos debido al pecado, ponemos fin a la agitación y el desasosiego de nuestro espíritu. Dejamos de estar turbados por estar bregando con Dios o tratando de granjearnos Su aceptación (Hebreos 4:9,10).

    El Espíritu Santo consuela al creyente en el que mora (Juan 14:15–18; 2 Corintios 1:3,4) y le da fuerzas en los momentos de debilidad (Romanos 8:26). También nos trae a la memoria todo lo que Jesús enseñó (Juan 16:13,14): que tiene plena autoridad en y sobre todas las cosas, por lo que independientemente de lo que nos pueda suceder, Él está en control, y lo hace todo para nuestro bien (Romanos 8:28).

    Él está siempre con nosotros (Mateo 28:19,20), así que nunca atravesamos las dificultades solitos. No tenemos nada que temer (Juan 6:20) porque Él es el Yo soy, eterno y presente.

    En Él tenemos seguridad eterna (Romanos 8:35–39), por lo que nada podrá jamás separarnos de Él y de Su amor incondicional por nosotros, sellado por Jesús y garantizado por medio del Espíritu Santo (2 Corintios 1:22; Efesios 1:13,14). La Palabra de Dios (Jesús) es fiel, y Él cumplirá todo lo que ha prometido para llevarnos hasta el día de nuestra redención (Filipenses 1:6).

    Sean cuales sean nuestras circunstancias, podemos «pensar en esto» (Filipenses 4:8), lo cual nos conducirá a aguas de reposo en las que Él confortará nuestra alma (Salmo 23:2,3), dándonos consuelo y descanso. Así podemos tener paz en medio de la tormenta (Juan 14:27; Filipenses 4:7; Isaías 26:3). […]

    Cuando experimentamos la paz de Dios, cuando amamos y servimos a otros de la familia de Dios y manifestamos Su amor en nuestro trato con el prójimo, de manera que podamos vivir en paz con todos (Romanos 12:18), nosotros los creyentes sentimos y demostramos la paz de Dios a través del fruto creciente del Espíritu en nosotros.  Randy DeVaul[2]

    *

    Jesús prometió que en Él podíamos tener paz. En tiempos de dificultades e incertidumbre debemos cobrar ánimo, sabiendo que Jesús ha vencido al mundo. Esa seguridad nos aporta paz, ya que depositamos nuestra confianza en el Señor, tal como ilustran los siguientes artículos.

    La paz que da Jesús

    Cuando haces espacio para Jesús, Él te hace uno de los mejores regalos que hay: «La paz os dejo, Mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo» (Juan 14:27).

    La paz que viene del mundo es totalmente circunstancial. Si tienes un buen empleo, sientes paz. Si lo pierdes, dejas de sentirla. Si tienes dinero en el banco, sientes paz. Cuando ese dinero desaparece, dejas de sentirla.

    Jesús nos da un tipo diferente de paz. La Biblia dice que es «paz […] que sobrepasa todo entendimiento» (Filipenses 4:7).

    ¿Qué significa eso? Pues que tienes paz cuando no hay ninguna razón evidente o visible para ello. Todo a tu alrededor podrá ser un caos, pero por algún motivo inexplicable tú tienes paz. Esa es la paz que sobrepasa todo entendimiento, y solo puede venir de Jesús, el Príncipe de Paz.

    Jesús quiere darte ese tipo de paz para que no te turbes ni tengas miedo.

    Cada vez que Jesús entra en una habitación, la llena de paz. ¿Tienes aposentos en tu corazón llenos de preocupaciones, disgustos, ansiedad o miedo? Esos son aposentos a los que no has invitado a pasar a Jesús. Tus preocupaciones revelan asuntos que no le has encomendado a Dios. Quizá tu situación económica, tu vida amorosa, tu carrera, el cuidado de tus hijos, tu horario o tu ministerio. Sea lo que sea, tienes que soltarlo y entregárselo a Jesús.

    La única manera de tener verdadera paz es esta: entrégale a Dios cada parte de tu vida y deja que Él la use para cumplir Su propósito. Así tendrás una paz que será inmune a todas las presiones de la vida.  Rick Warren[3]

    No temas

    «No temas» es el mandamiento más frecuente en la Biblia. […] Frente a los temores de todos los días, Jesús señala un lirio, un gorrión, y dice con calma: confía. Busca primeramente el reino de los Cielos.

    La confianza no elimina los percances que puedan suceder, lo que sea que suscitó nuestro miedo en un principio. La confianza simplemente encuentra una nueva válvula de escape para la ansiedad y un nuevo fundamento para la confianza: Dios. Dejemos que Él se encargue de los detalles preocupantes de la vida, la mayoría de los cuales de todos modos escapan a nuestro control. «No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias —escribió Pablo—. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6,7, NVI).

    Cuando cuestiono la utilidad práctica de esas palabras a la vista de todas las calamidades que les han acaecido a los seguidores de Jesús a lo largo de los años, me recuerdo a mí mismo que Pablo las escribió cuando estaba en una celda de una cárcel romana. En efecto, la paz de Dios «sobrepasa todo entendimiento».  Philip Yancey[4]

    *

    El temor y la inquietud se remedian presentándole al Señor en oración lo que nos preocupa y confiando en que Él conoce todos nuestros problemas y nos ama. La Biblia no promete que siempre que le llevemos nuestras cargas a Jesús nos vayamos a librar de ellas, pero sí que Él nos sustentará con Su paz. Una vez que le hemos presentado nuestras peticiones en oración, podemos obtener Su paz. A nosotros nos corresponde rogarle a Dios que nos dé paz y confiar en Él, incluso en medio de las tormentas de la vida, tal como ilustran los siguientes artículos:

    Paz en Cristo

    Bethany Hamilton, una de las mejores surfistas del mundo a pesar de tener un solo brazo, proclama […] que Dios puede cambiar tragedias en oportunidades para gloria Suya.

    En un video del canal I Am Second, Bethany cuenta que volvió a subirse a su tabla de surf solo un mes después de su encontrón casi mortal con un tiburón que le arrancó el brazo izquierdo de un mordisco. Al tercer intento, la joven de 13 años fue capaz de surfear la ola hasta la playa.

    En una fracción de segundo, más o menos en Halloween de 2003, el ataque de un tiburón dejó a la joven Bethany sin su brazo izquierdo. Tras ese insólito accidente, perdió cerca del 60% de su volumen de sangre. Recuerda que de camino al hospital un paramédico le susurraba al oído: «Dios nunca te dejará ni te abandonará».

    «Yo estuve acostada rezando todo el trayecto, pidiéndole ayuda a Dios.»

    Con el rostro sonriente, recuerda que la invadió una «sensación de paz y tranquilidad» a pesar de haber perdido el brazo izquierdo y más de la mitad de su sangre porque fue «capaz de acudir a Jesús en ese momento loco de mi vida».

    «Creo que eso fue lo que me mantuvo viva», afirma Bethany.  Jennifer Riley[5]

    Empedrado con oración

    ¿No quieres andar tan preocupado? Reza más. En lugar de mirar temeroso hacia delante, mira hacia arriba con fe. «No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho» (Filipenses 4:6, NTV). Este mandamiento no sorprende a nadie. En lo que a la oración se refiere, la Biblia nunca se avergüenza. Jesús habló de «la necesidad de orar siempre y no desmayar» (Lucas 18:1). En lugar de preocuparte por alguna cosa, ora por todo. ¿Por todo? ¿Cuando cambio un pañal? ¿Cuando salgo con alguien? ¿Debo orar por las reuniones de negocios, las bañeras rotas y las cosas que tiendo a postergar? Sí, ora por todo. El camino que conduce a la paz está empedrado con oración. Menos consternación, más súplica. Menos ansiedad, más oración. A medida que ores, la paz de Dios guardará tu corazón y tu mente[6].

    La oración hecha con fe da paso a la paz de Dios. No una paz aleatoria, nebulosa, terrenal, sino Su paz, importada del Cielo. La tranquilidad propia de la sala del trono, Dios te la ofrece a ti. ¿Crees que Él necesita combatir la ansiedad? ¿Crees que alguna vez se retuerce las manos o pide antiácidos? Por supuesto que no. Para Dios, un problema supone tanto un obstáculo como una ramita para un elefante. Dios goza de perfecta paz porque Su poder es perfecto. Y te ofrece Su paz. Una paz que «guardará tu corazón y tus pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:7). Los filipenses, que vivían en una plaza fuerte, estaban acostumbrados a que los centinelas romanos montaran guardia. Dios supervisa tu mundo. Él sigue de cerca tu vida. Pon atención y lo oirás decir: «Todo está seguro. Puedes descansar».  Max Lucado[7]

    *

    Recientemente estaba batallando para no preocuparme, dado el nivel de dolor que he tenido de un tiempo a esta parte. Por casualidad leí estas palabras de Francisco de Asís, escritas hace cientos de años. Dijo: «Ten paz. Que no te den miedo las vicisitudes de la vida; más bien encáralas con plena esperanza cuando se presenten. Dios, de quien eres, te librará de ellas. Él te ha guardado antes y te guiará para que pases de manera segura a través de todo; y cuando no aguantes más, te enterrará en Sus brazos. En cuanto a mañana, o te preservará del sufrimiento, o te dará una fuerza inquebrantable para soportarlo». Ese es un buen consejo, y no me cabe duda de que Dios inspiró a Francisco de Asís cuando escribió esas palabras. A fin de cuentas, fue Jesús quien dijo en un principio: «Paz a vosotros».  Joni Eareckson Tada[8]

    *

    Para crecer en la virtud de la paz tenemos que ejercitar nuestra fe. El apóstol Pablo escribió: «Lo que también han aprendido y recibido y oído y visto en mí, esto practiquen, y el Dios de paz estará con ustedes»[9]. La senda de la verdadera paz se halla en la comunión con el Señor, permaneciendo en Él, confiando en Él y siguiéndolo. Nuestras posesiones, nuestras relaciones, nuestros recursos económicos y nuestras circunstancias no son lo que nos brinda paz. La clave para hallar la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, y vivir en ella es permanecer en Dios, vivir Su Palabra y confiar en Él para todo.

    Oración para hoy

    Oh Señor, Tú eres una torre de refugio para los pobres, una torre de refugio para los necesitados en su angustia. Eres refugio de la tempestad y amparo del calor (Isaías 25:4, NTV). Gracias por la paz que derramas sobre todos los que depositan su confianza en Ti, incluso en medio del ajetreo y los altibajos de nuestra vida cotidiana.

    Gracias, Señor, porque eres el firme cimiento sobre el que se alza mi vida. Eres el ancla que estabiliza mi barco. Eres la fuerte viga que sostiene mi casa: mi vida, mi cuerpo, mi espíritu. Me das paz, fe y descanso. Sé que pase lo que pase en esta vida, Tú me sostendrás[10].

    Reflexiones

    «Mucha paz tienen los que aman Tu Ley, y no hay para ellos tropiezo» (Salmo 119:165).

    «Jesús no prometió alterar nuestras circunstancias, pero sí prometió mucha paz y pura alegría a quienes aprendieran a creer que Dios realmente lo controla todo».  Merlin Carothers

    «Estas cosas os he hablado para que en Mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, Yo he vencido al mundo» (Juan 16:33).

    «Cuando centramos nuestra vida en Dios, encontramos una alegría, un equilibrio y una paz inexplicables.»  Brittany Ann

    (Continuará.)


    Nota
    A menos que se indique otra cosa, todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995 © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.



    [1] Jerry Bridges, La práctica de la piedad (Publicaciones Faro de Gracia, 2021).

    [4] Philip Yancey, Rumores de otro mundo: ¿Qué nos falta aquí en la Tierra? (Vida Pub, 2005).

    [5] «One-Armed Surfing Star Bethany Hamilton on Trusting God», Christian Post, 23 de marzo de 2011.

    [9] Filipenses 4:9 (NBLA).

    [10] Tomado de «Descanso en Ti» y «Un firme cimiento», Para Jesús, con cariño, adaptado.

  • Jun 4 Ver a Dios en tu sufrimiento
  • May 28 1 Corintios: Capítulo 2 (versículos 9-16)
  • May 14 Virtudes de los seguidores de Cristo: gozo
  • Abr 30 1 Corintios: Capítulo 2 (versículos 1-8)
  • Abr 16 Virtudes de los seguidores de Cristo: amor
  • Abr 2 1 Corintios: Capítulo 1 (versículos 26-31)
  • Mar 12 1 Corintios: Capítulo 1 (versículos 17-25)
  • Feb 27 1 Corintios: Capítulo 1 (versículos 4-16)
  • Feb 14 La Primera Epístola a los Corintios: Introducción
   

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