Áncora

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    Recopilación

    [Make a Difference]

    Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos considerados y comprometidos puede cambiar el mundo. Verdaderamente, es lo único que lo ha logrado.  Margaret Mead

    Este mundo no es nuestro hogar permanente

    Pablo nos enseña que «nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo»[1]. «Ciudadanía» se deriva del término polis, del griego para ciudad-estado. El territorio de Grecia es tan montañoso que tales centros poblados evolucionaron, siendo cada uno independiente y distinto de todos los demás.

    La afirmación de Pablo indica que nuestro hogar, el lugar y pueblo al que pertenecemos, está «en el cielo». Su declaración también significa que nuestra salvación no proviene de este mundo, dado que «aguardamos al Salvador» que vendrá del cielo.

    Como resultado, «…no tenemos aquí ciudad permanente»[2]. Entonces, ¿cuál es la razón por la que el Señor nos deja aquí? Envió a Su Hijo a morir para que pudiéramos vivir con Él en el paraíso[3]. ¿Por qué el Señor pagaría un precio tan elevado con el fin de que viviéramos en el cielo para luego dejarnos en la tierra?

    La respuesta que aprendí en mis primeros años de cristiano fue sencilla: Él desea que yo conquiste a tantas personas para Jesús como me sea posible. Alguien me dijo que Dios me podía preguntar en el cielo: «¿A quién trajiste contigo?»El Señor nos salva y nos deja en la tierra para valerse de nosotros para salvar a otros.

    Obviamente, esto es cierto. Pero hay más.

    Si a Dios solo le importaran nuestras almas, su Hijo no habría sanado a tanta gente. No nos habría encargado atender personalmente a los hambrientos, a los pobres, a los enfermos y a los encarcelados[4].

    Debemos comprometernos en temas relacionados con nuestra cultura porque Dios se interesa por cada aspecto de la misma. Podemos salvar bebés por medio de ministerios en favor de la vida. Podemos alimentar a los hambrientos, atender a los enfermos y servir a los encarcelados. Podemos dejar una huella en esta tierra que el cielo celebre.  Tomado de Denison Forum

    *

    Sé el cambio que deseas ver en el mundo.  Mahatma Gandhi

    Cambia tu parte del mundo

    Si a veces te sientes impotente al ver la situación en que se encuentra el mundo, no te dejes vencer. Dicen que son los grandes imperios, los gobiernos, los ejércitos y las guerras los que producen alteraciones en el curso de la Historia y cambian la faz de la Tierra. De ahí que a veces nos deprimamos y pensemos que no somos nada o que nada podemos hacer. La situación nos parece irremediable y caemos en la desesperanza. Nos da la impresión de que una sola persona nada puede hacer para mejorar las cosas. Terminamos creyendo que ni vale la pena intentarlo, que de nada sirve malgastar esfuerzos y nos vemos inclinados a desistir.

    Es posible que no lleguemos a transformar todo el país, tal vez ni siquiera esta ciudad. Desde luego jamás conseguiremos que cambien todos sus habitantes. Pero no me cabe duda de que todos los días sembramos las semillas de la verdad, las semillas del amor de Dios, en el corazón de la gente, y es inevitable que de algunas de ellas brote nueva vida.

    Puede que no hayamos cambiado toda la ciudad o todo el país, y mucho menos todo el mundo, pero hemos transformado parte de él. Si se transforma una vida, se ha transformado parte del mundo y con ello queda demostrado que hay esperanzas de cambiarlo todo. Si se puede transformar una vida, es indudable que se puede hacer lo mismo con muchísimas otras. Es posible regenerar regiones enteras hasta transformar el mundo entero, todo a partir de una sola persona… que tal vez seas tú.

    No me digas que es imposible cambiar el mundo. ¿Por qué no intentas cambiar la parte del mundo en que vives, tu mundo, el mundo en el que te desenvuelves: tu familia, tu casa, tus vecinos, tu ciudad? Y puede que te sorprendas al ver lo que sucede.

    No vayas a pensar que no vale la pena abocarse al intento, que solo no puedes hacer mucho porque no eres gran cosa.

    Puedes empezar a transformar el mundo hoy mismo. Algunos ya lo han hecho, han cambiado gran parte del mundo: el mundo de su vida, el de su familia, su hogar; las vidas, familias y hogares de quienes los rodean; su comunidad, su ciudad y los países a los que han ido.

    ¿Que no se puede cambiar el mundo? Claro que se puede. Y si perseveras en ello, un día de estos, cuando llegue el momento de tu retribución, Dios te recompensará. Te dirá: «Bien, buen siervo y fiel. Entra en el gozo de tu Señor»[5].

    «No nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos si no desmayamos»[6].

    Empieza hoy mismo. Transforma tu vida, tu hogar, tu ciudad, tu país. ¡Cambia el mundo!  David Brandt Berg

    *

    Soy un fragmento de un espejo cuyo diseño y forma desconozco. No obstante, con lo que tengo, puedo reflejar luz en los lugares oscuros de este mundo —los lugares entenebrecidos en el corazón del hombre— y cambiar algunas cosas. Quizás otras personas observen y hagan lo mismo. Este es el significado de mi vida.  Alexander Papaderous.

    Publicado en Áncora en febrero de 2020.


    [1] Filipenses 3:20.

    [2] Hebreos 13:14.

    [3] Juan 3:16.

    [4] Mateo 25:35–40.

    [5] Mateo 25:21.

    [6] Gálatas 6:9.

     

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Rincón de los Directores

  • ¡El fuego y el viento!

    [The Fire and the Wind!]

    A menos que personalmente se hayan enfrentado a hechos catastróficos, puede ser difícil captar la intensidad de esas experiencias y lo pequeño e indefenso que se vuelve el hombre frente a ellas. Puede ser aterrador conocer de cerca esas catástrofes, porque para muchos que tienen esa experiencia —a menos que ocurra un milagro enviado por Dios—, hay muy pocas probabilidades de escapar.

    Además de los testimonios de la devastación causada por esos hechos también llegan magníficos testimonios de protección sobrenatural, guía, y la mano de Dios que protege a Sus hijos de manera milagrosa.

    En esos graves acontecimientos muchos tienen una necesidad inmediata de clamar a Dios o a Jesús, porque se dan cuenta de que no hay nada que ellos puedan hacer. En consecuencia, muchos han experimentado la intervención de Dios para protegerlos en medio de situaciones graves que les cambió la vida en un momento.

    En los violentos incendios en Australia que se han prolongado por meses, muchos se han encontrado en situaciones en las que, si no fuera por la gracia de Dios, no habrían sobrevivido.

    En las zonas de Australia en las que los incendios recientes se propagaron con furia por meses, hay pueblos y pequeñas ciudades rodeadas de cientos o miles de kilómetros cuadrados de bosques. Muchos árboles son de diversas especies de eucaliptos. Su savia es tan inflamable que en un incendio un árbol puede literalmente explotar como una bomba, lanzando fragmentos de madera en llamas a cierta distancia y el fuego se propaga rápidamente.

    Arden a una temperatura tan alta que esos incendios pueden propagarse por zonas extensas y a gran velocidad, dejando poco más que cenizas a su paso. Sin embargo, a pesar de ese poder aterrador, Dios todavía está con Sus hijos, manteniéndolos en el hueco de Su mano. Nada puede oponerse al poder ilimitado de nuestro Dios amoroso, poder para salvar y proteger.

    Alguien me envió un testimonio de una situación en la que se encontró un hombre. Estaba en un pueblo del que no se podía escapar por tierra de los incendios que se acercaban desde tres direcciones. Los habitantes del pueblo se encontraban atrapados por el incendio en tres lados, y al otro lado estaba el océano. Debido a los enormes muros de fuego que se acercaban, ellos enfrentaban una muerte inevitable. Los equipos de rescate trataban de llegar por agua a muchos de esos lugares, pero se veían superados por la magnitud de la situación.

    A continuación reproducimos el testimonio de aquel hombre que se encontraba en medio de ese infierno.

    * * *

    Bueno, la situación es mucho mejor que antes. No parece como la medianoche anterior. En realidad, hay algo de luz que pasa a través del humo. Desde luego, hay peligro de los incendios localizados. Y los incendios van en dirección al norte por la carretera Princes. Eso es todo lo que sé.

    Pero antes de eso era... era… compañero, nadie quiere pasar por eso. ¡Era aterrador!

    Y estoy bastante… todavía estoy conmovido, pero estoy agradecido de que nuestros animales estén vivos y que nuestros invitados estén bien. Nos quedamos juntos. Y sí, ¡fue horrendo!

    Quiero dar a Dios la gloria porque, compañero, tengo un buen amigo que fue bombero. Bueno, fue el jefe del cuerpo de bomberos en Mallacoota, Graham Clarke. Él me avisaba.

    Mi amigo está en Canberra, pero donde se encontraba estaba totalmente rodeado de fuego, y tuvo la bondad de llamarme para decirme: «David, está en el aeropuerto». Así que sabía dónde estaba el incendio. El aeropuerto de Mallacoota está a cinco o seis minutos en auto. Sabía que llegaría al pueblo porque las sirenas empezaron a sonar.

    La verdad es que se oía el fuego que rugía y que se dirigía al pueblo. Se podía oír el fuego. Graham, el jefe de bomberos, me había dicho: «Lo escucharás, David. Oirás el sonido». Escuchamos que explotaban las bombonas de gas. Eso significa que las casas estaban siendo destruidas.

    En ese momento, comencé a orar. Yo era ateo, pero rogué a Dios, a Jesús: «¡Haz que el viento cambie de dirección!»

    No lo creerías, pero te diré la verdad, te lo juro. Retrocedió. Literalmente, sentimos que el viento llegaba desde la playa; no debería haber pasado, pero así fue. Fue increíble. Se detuvo después de cinco minutos, y probablemente 20 minutos más tarde, la brisa se convirtió en un viento fuerte y luego el cielo se puso rojo.

    Pensamos que era un incendio que se dirigía hacia nosotros y que estaba a punto de pasar sobre nosotros. Sin embargo, era, creo, la intervención de Dios. No cabe duda, por medio de la oración. Porque lo rojo era el sol que pasaba a través del humo, no el fuego que estaba a punto de destruir, de destruirnos totalmente aquí. Porque en ese caso los bomberos no podrían haber hecho nada, sin importar cuántos camiones tuvieran.

    En esencia, hay un muro de rocas en el punto de evacuación en la playa. Así que es lo único que hay para protegerse del calor irradiado. Querían que nos metiéramos en el agua contra ese muro. Tiene ostras y cosas que pueden hacer cortes, no es lo mejor, pero salvaría del calor radiante, es una barrera. Así pues, estábamos listos para saltar al agua. Y todos estábamos en la orilla, listos para meternos, cuando el cielo se puso rojo. Parecía como lo que habíamos visto cuando se acercaba el fuego, ¡pero era Dios que lo detenía! Sí. Estamos agradecidos de estar vivos.

    * * *

    El esposo de la señora que envió este testimonio encontró el teléfono de aquel hombre y lo llamó para decirle que estaban orando por él. No tenía mucho tiempo para hablar porque todavía estaba trabajando arduamente en las operaciones de rescate.

    Explicó que un muro de llamas de unos 18 metros de altura se aproximaba hacia él y hacia las otras personas que habían huido a la playa. Empezó a orar en silencio. Luego, empezó a orar con mayor atrevimiento, cada vez más, hasta que gritaba su oración.

    En ese momento, empezó a soplar el viento del oriente y alejó el fuego. Las personas que estaban a su alrededor lo oían orar, pero a él no le importó. Mientras más osado se volvía, más fuerte era la respuesta. «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia».

    Él ha estado en BBC World Service, Jerusalem Times, por todo el mundo.

    * * *

    A menudo David decía: «Hace falta una situación imposible para que Dios haga un milagro». Dios es capaz de obrar en respuesta a nuestras oraciones más allá de todo lo que podamos hacer.

    Lo que es una maravilla es que aunque en realidad experimentamos personalmente Sus milagros o nos enteramos de que han sucedido, las manifestaciones físicas son a menudo opacadas por las victorias espirituales que ocurren, como en el caso de ese hombre que era ateo antes de tener esa experiencia.

    A él le pasó algo más grande que los acontecimientos físicos, algo transformador que será eterno. Por haber visto de cerca la muerte, descubrió a quien podría transformar su vida por la eternidad. ¡¿Qué mayor milagro podría pedirse que ese?! ¡Creo que se debió a que muchas personas, no solo en Australia sino en todo el mundo, estaban orando por esos milagros!

    «Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah».  Salmo 46:2-3

    «Entonces Jesús, mirándolos, dijo: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios”».  Marcos 10:27

    «Tú eres mi refugio; Tú me protegerás del peligro y me rodearás con cánticos de liberación».  Salmo 32:7 (NVI)

     

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