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Áncora

   

Rincón de los Directores

  • Jesús, Su vida y mensaje: Preludio de Su pasión y muerte

    [Jesus—His Life and Message: Moving Toward His Passion and Death]

    El artículo anterior trató sobre el fin del ministerio público de Jesús. A partir de este punto, tanto en los evangelios sinópticos[1] como en el de Juan la acción se centra en Su pasión y muerte.

    Los tres evangelios sinópticos mencionan la proximidad de la Pascua, una festividad anual en la que se conmemora el rescate del pueblo judío cuando era esclavo en Egipto. Cierto autor explica:

    Según el calendario judío, la Pascua se celebraba el 14 o 15 [del mes hebreo] de Nisán y era seguida por la Fiesta de los Panes sin Levadura, que se extendía del 15 al 21 de Nisán. Esas festividades componían lo que se consideraba por lo general la semana de Pascua[2].

    Los evangelios sinópticos explican que, en los días que precedieron a estas celebraciones, los líderes judíos —los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas— conspiraron para detener y matar a Jesús. En el libro de Marcos dice:

    Dos días después era la Pascua y la fiesta de los Panes sin levadura. Los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderlo con engaño y matarlo. Y decían: «No durante la Fiesta, para que no se alborote el pueblo»[3].

    El Evangelio de Lucas, por su parte, dice:

    Estaba cerca la fiesta de los Panes sin levadura, que se llama la Pascua. Los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarlo, porque temían al pueblo[4].

    Y el de Mateo:

    Los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote, llamado Caifás, y se confabularon para prender con engaño a Jesús, y matarlo[5].

    El objetivo de los adversarios de Jesús, los líderes religiosos, era aprehenderlo y lograr que lo condenaran a muerte. Pero les preocupaba que si lo arrestaban en público se produjeran disturbios. En un pasaje anterior del Evangelio de Marcos se menciona que los líderes religiosos estaban preocupados por la popularidad de Jesús con la gente.

    Lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarlo, porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de Su doctrina[6].

    El Evangelio de Mateo narra que la reunión de los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo tuvo lugar en el palacio del sumo sacerdote, cargo que ostentó Caifás del año 18 al 36 d. C. Eso indica que la jerarquía religiosa y diversos miembros de las familias de los sumos sacerdotes asistieron al encuentro. También estuvieron presentes importantes ancianos del pueblo que no eran sacerdotes. Es bastante probable que muchos de esos hombres, por no decir todos, pertenecieran al Sanedrín, un organismo de gobierno que constaba de 71 miembros, presidido por el sumo sacerdote.

    Conscientes del gran riesgo de detener a Jesús durante la Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura, por el hecho de que había mucha gente en Jerusalén que tenía una opinión favorable de Él, decidieron arrestarlo cuando terminara la festividad. «Decían: “No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo”»[7].

    (En este punto, en los evangelios de Mateo y de Marcos se intercala en la narración el episodio de la mujer que derramó perfume de nardo sobre la cabeza de Jesús[8]. Después, ambos evangelios pasan a la descripción de la traición de Jesús. Para que este artículo sea más fácil de seguir, el episodio de la mujer que ungió a Jesús lo veremos más abajo, después de la narración de la traición por parte de Judas.)

    A pesar de que los líderes religiosos habían decidido no detener a Jesús durante las festividades, la situación dio un vuelco cuando Judas, uno de los discípulos de Jesús, fue a verlos. El Evangelio de Lucas cuenta:

    Entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno de los doce; este fue y habló con los principales sacerdotes y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría. Ellos se alegraron y convinieron en darle dinero. Él aceptó y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo[9].

    El Evangelio de Mateo dice:

    Uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes y les dijo: «¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta piezas de plata[10].

    El Evangelio de Marcos explica que, después que le prometieron el dinero, «buscaba oportunidad para entregarlo»[11].

    Por ser uno de los doce discípulos, Judas era una de las personas más próximas a Jesús. Este había estado preparando a los doce discípulos para que prosiguieran Su misión después de Su muerte y resurrección. Les había dado «autoridad sobre los espíritus impuros, para que los echaran fuera y para sanar toda enfermedad y toda dolencia»[12]. Les había dicho:

    En la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de Su gloria, vosotros que me habéis seguido, también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel[13].

    Judas escuchó las enseñanzas de Jesús y lo vio curar enfermos y resucitar muertos. Como era uno de los doce, es probable que participara junto con los demás discípulos en viajes misioneros y que tuviera las mismas experiencias que ellos. «A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones diciendo: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios”»[14]. A pesar de todo, Judas decidió traicionar a Jesús. Según los evangelios, lo hizo por codicia. En el Evangelio de Juan se alude a su avaricia.

    Era ladrón y, teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella[15].

    Después que los principales sacerdotes le prometieron dinero, «buscaba oportunidad para entregarlo».

    El ungimiento en Betania

    Regresemos a los versículos 6 a 13 de Mateo 26, donde se narra un incidente ocurrido en casa de Simón el leproso.

    Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se le acercó una mujer con un vaso de alabastro de perfume muy costoso, y lo derramó sobre la cabeza de Él, que estaba sentado a la mesa[16].

    Betania era una aldea situada a 3 km de Jerusalén. Aunque a este Simón se le llama «el leproso», cuando Jesús lo visitó ya no tenía lepra; de lo contrario, nadie habría entrado en su casa. Posiblemente Jesús lo había curado en una ocasión anterior, antes de esta visita.

    Algunas versiones dicen que Jesús estaba «reclinado junto a la mesa», lo que da a entender que probablemente se trataba de una comida para una ocasión especial o una fiesta. En aquel tiempo y en aquella cultura, la gente por lo general se sentaba para comer; pero cuando uno recibía invitados distinguidos o había una celebración, comía reclinado. Uno se tendía de lado, con un cojín bajo el brazo, mirando hacia la mesa en la que se servía la comida.

    Estando a la mesa, se le acercó una mujer cuyo nombre no se menciona, que llevaba un costoso perfume en un frasco de alabastro. El alabastro es una piedra procedente de Alabastron, en Egipto, similar al mármol. Los frascos de alabastro solían tener un cuello largo, para que el aceite o perfume se vertiera despacito y no se desperdiciara.

    El Evangelio de Marcos aclara que ese costoso perfume era de nardo.

    Estando Él en Betania, sentado a la mesa en casa de Simón el leproso, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho valor; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre Su cabeza[17].

    El nardo, también llamado espicanardo, era un perfume muy cotizado, extraído de los rizomas de una planta que crece en la cordillera del Himalaya.

    Al ver esto, los discípulos se enojaron y dijeron: «¿Para qué este desperdicio?, pues esto podía haberse vendido a buen precio y haberse dado a los pobres»[18].

    El Evangelio de Marcos es más preciso en cuanto al valor del nardo y la reacción de los discípulos.

    «Podía haberse vendido por más de trescientos denarios y haberse dado a los pobres». Y murmuraban contra ella[19].

    Trescientos denarios eran los ingresos anuales de un trabajador, mucho dinero. Como las donaciones caritativas eran un deber asociado a las peregrinaciones a Jerusalén con ocasión de los festivales religiosos, a los discípulos les pareció que el perfume se podía haber aprovechado mejor vendiéndolo y dando el dinero a los necesitados.

    Al darse cuenta Jesús, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Lo que ha hecho conmigo es una buena obra, porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a Mí no siempre me tendréis»[20].

    No está claro a quién le dirigieron los discípulos su comentario sobre lo que había hecho la mujer con el nardo. Probablemente hablaban entre sí. Jesús se dio cuenta de lo que pensaban del gesto de la mujer, y adoptó un punto de vista diametralmente opuesto. Lo que ellos consideraban un desperdicio, a Jesús le pareció hermoso.

    Pues al derramar este perfume sobre Mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura[21].

    Jesús era consciente de que se le acababa el tiempo y pronto moriría. El texto no aclara si la mujer tuvo una premonición de que se acercaba la muerte de Jesús y por eso derramó el aceite sobre Su cabeza, o si fue que Jesús interpretó su gesto de esta manera porque sabía lo que le esperaba.

    De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella[22].

    Aunque Jesús sabía que pronto se enfrentaría a la muerte, también sabía que Su muerte no sería el fin, sino el principio de un movimiento que se extendería por toda la Tierra. Por eso el gesto de la mujer se recordaría, como lo estamos recordando en este momento.


    Nota

    Todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995 © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Utilizados con permiso.


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    [1] Mateo, Marcos y Lucas.

    [2] Evans, World Biblical Commentary, 354.

    [3] Marcos 14:1,2.

    [4] Lucas 22:1,2. V. también Mateo 26:3–5.

    [5] Mateo 26:3,4.

    [6] Marcos 11:18.

    [7] Mateo 26:5; también Marcos 14:2.

    [8] Mateo 26:6–13, Marcos 14:3–9.

    [9] Lucas 22:3–6.

    [10] Mateo 26:14,15. V. también Marcos 14:10,11.

    [11] Marcos 14:11.

    [12] Mateo 10:1.

    [13] Mateo 19:28.

    [14] Mateo 10:5,8.

    [15] Juan 12:6.

    [16] Mateo 26:6,7.

    [17] Marcos 14:3.

    [18] Mateo 26:8,9.

    [19] Marcos 14:5.

    [20] Mateo 26:10,11.

    [21] Mateo 26:12.

    [22] Mateo 26:13.

     

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