Áncora

  • El padre y los hijos perdidos

    Peter Amsterdam

    [The Father and the Lost Sons]

    «Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde”. Y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo, el hijo menor se fue lejos a una provincia apartada»[1].

    La insólita petición del hijo menor debió de sorprender y escandalizar a los oyentes originales. El hijo pide que se le entregue la parte de la herencia que habría de recibir a la muerte de su padre, estando este aún vivo y gozando de buena salud. A todos los efectos, con ese acto está rompiendo con su padre. Muy probablemente los oyentes se esperaban que Jesús a continuación les contara que el padre montó en cólera y castigó a su hijo.

    Pero el padre acepta y reparte la propiedad entre sus hijos. El hijo menor quería vender su herencia a cambio de efectivo, y al hacer eso, no manifestó el menor interés en el futuro de su padre y lo privó de la parte de los frutos que le correspondía en su vejez.

    El hermano mayor, que recibe su parte de la herencia al mismo tiempo, obtiene la posesión de la tierra restante, pero no el control. A medida que progresa el relato queda claro que el padre sigue siendo el jefe del hogar y de la finca, ya que más adelante en la parábola le dice al hijo mayor: «Todas mis cosas son tuyas», por el hecho de que el hijo mayor tendrá la propiedad y el control de todo cuando el padre muera.

    Infortunios del hijo menor

    Seguidamente Jesús cuenta lo que le pasa al hijo menor: «Juntándolo todo, el hijo menor se fue lejos a una provincia apartada, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia y comenzó él a pasar necesidad»[2].

    Al marcharse de la casa de su padre, el hijo menor se lanza a una vida que puede describirse como desenfrenada y desordenada, con la que termina perdiendo todo lo que tenía. Después que se gasta toda la plata, sobreviene una hambruna. En esas épocas, debía de haber muy pocas posibilidades de trabajo.

    «Entonces fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual lo envió a su hacienda para que apacentara cerdos. Deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba»[3].

    Los oyentes originales habrían entendido lo bajo que había caído con ese trabajo de apacentar chanchos. Según la Ley, los cerdos eran animales inmundos, y textos judíos posteriores declaran maldito a cualquiera que los críe. Para colmo pasa hambre y tiene envidia de lo que comen los cerdos. En ese momento «vuelve en sí».

    «Volviendo en sí, dijo: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros’”»[4].

    El hijo entra en razón y decide volver con su padre, confesar su error y su pecado. Recordando que a los «jornaleros» de su padre no les falta la comida, tiene pensado pedirle a su padre que lo acepte como jornalero. Por consiguiente, ya no tendría categoría de hijo. En el discurso que piensa decirle a su padre hay una confesión de culpabilidad: «He pecado»; una admisión de haber echado a perder la relación con él: «Ya no soy digno de ser llamado tu hijo», y una propuesta de solución: «Hazme como a uno de tus jornaleros».

    El regreso a casa

    «Entonces se levantó y fue a su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó. El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”».[5]

    Después que el hijo avergonzó a su padre delante de todo el pueblo, habría sido justo y razonable que el padre dejara que el hijo se acercara y pasara caminando por el pueblo ante las miradas de desaprobación de la gente. Pero no. El padre, lleno de misericordia, corre hacia él, algo que un anciano decoroso no hacía nunca en público. Para ello habría tenido que subirse la vestimenta y mostrar las piernas, lo cual en la cultura de aquel entonces se habría considerado vergonzoso. Lo primero que hace el padre es abrazar y besar a su hijo, antes incluso de escuchar lo que este le quiere decir.

    «El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Pero el padre dijo a sus siervos: “Sacad el mejor vestido y vestidle; y poned un anillo en su dedo y calzado en sus pies”».[6]

    El hijo empieza a pronunciar el discurso que ha ensayado, pero el padre no lo deja terminar. Después de oír al hijo manifestar que no es digno de ser llamado así, el padre no necesita escuchar nada más. Ordena a sus criados que le pongan el mejor vestido, un anillo y zapatos. Con esos actos el padre da a conocer que se ha reconciliado con su hijo.

    Aparte del mensaje para los criados y vecinos, hay también un fuerte mensaje para el hijo, un mensaje de perdón. La bienvenida del padre es un acto de gracia inmerecida, de perdón. Nada que haga el hijo puede remediar lo que hizo antes. El padre no desea el dinero perdido; quiere a su hijo perdido.

    «“Traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta”»[7]. El hecho de que se prepare un animal de buen tamaño para la celebración da a entender que es probable que todo o casi todo el pueblo esté invitado a la fiesta. El padre revela su motivo para regocijarse y festejar cuando exclama: «“Porque este, mi hijo, muerto era y ha revivido; se había perdido y es hallado”. Y comenzaron a regocijarse»[8].

    El hijo mayor

    «El hijo mayor estaba en el campo. Al regresar, cerca ya de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados le preguntó qué era aquello. El criado le dijo: “Tu hermano ha regresado y tu padre ha hecho matar el becerro gordo por haberlo recibido bueno y sano”. Entonces se enojó y no quería entrar».[9]

    El hijo mayor, al terminar la jornada de trabajo, vuelve del campo una vez comenzada la fiesta. Al enterarse del motivo de la celebración y de que su padre ha recibido nuevamente en casa al hijo menor, se pone furioso. En una fiesta así era habitual que el hijo mayor estuviera atendiendo a los invitados, como parte de sus obligaciones en calidad de coanfitrión juntamente con su padre. Pero el hermano mayor, saltándose el protocolo, se niega públicamente a entrar en la casa y unirse a la celebración, y seguidamente discute con su padre a la vista de todos.

    «Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrara. Pero él, respondiendo, dijo al padre: “Tantos años hace que te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo”»[10].

    Arriesgándose a quedar humillado y avergonzado delante de sus invitados, el padre deja la fiesta para suplicarle a su hijo que se una a la celebración. La respuesta del hijo denota impertinencia, resentimiento, rencor, y revela cómo ve la relación con su padre.

    ¿Cómo reacciona el padre? Exactamente de la misma manera que con su otro hijo perdido: con amor, bondad y misericordia. Dice: «“Hijo, tú siempre estás conmigo y todas mis cosas son tuyas”»[11].

    La relación que tiene con él el hijo mayor está dañada —como ocurría con el menor—, y el padre desea repararla.  Ambos hijos necesitan reconciliarse con su padre y restaurar su relación con él. Ambos reciben el mismo amor de su padre, amor comunicado con humildad.

    La última frase del padre expresa su alegría por el hecho de que el hijo menor ya no esté perdido. «“Era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto y ha revivido; se había perdido y ha sido hallado”»[12]. Queda a discreción del oyente imaginar si el hermano mayor, que también estaba perdido, será hallado y restaurado, porque no se nos dice su respuesta.

    Esta parábola nos muestra algo bien hermoso de Dios nuestro Padre. Él es todo compasión, gracia, amor y misericordia. Como el padre de la parábola, deja que tomemos decisiones por nosotros mismos, y nos ama independientemente de cuáles sean nuestras decisiones y sus consecuencias. Él desea que todos los que se han descarriado, todos los perdidos, todos aquellos cuya relación con Él está dañada, vuelvan a casa. Los está esperando, y los recibe con gran alegría y celebración.

    Esa es la actitud de Dios frente a cada persona. Él nos ama entrañablemente y anhela tener una relación viva con todos. Busca a los perdidos y se alegra enormemente cuando vuelven a casa. Los recibe con los brazos abiertos, sin importar quiénes sean ni lo que hayan hecho. Los perdona, los ama, los acoge. Como reza un antiguo himno: «Venid, venid, si estáis cansados, venid».

    El Padre ama profundamente a cada persona. Jesús dio la vida por todos. Y a nosotros se nos pide que demos a conocer esa noticia. Para ello tenemos que buscar a los demás, como hacía Jesús, hacer un esfuerzo por llegar a ellos y comunicarles el mensaje de que Dios los ama y quiere tener una relación con ellos. Dios es compasivo, está lleno de amor y misericordia. Ama a todas las personas y pide que nosotros, Sus representantes, hagamos lo que hizo Jesús: que manifestemos amor incondicional, que amemos a los despreciados, y busquemos a los perdidos, los llevemos a la reconciliación y reaccionemos con alegría y celebración cuando se encuentra lo que estaba perdido.

    Publicado por primera vez en enero de 2015. Pasajes seleccionados y publicado de nuevo en enero de 2020.


    [1] Lucas 15:11-13. Todos los versículos de la Biblia proceden de la versión Reina-Valera, revisión de 1995.

    [2] Lucas 15:13-14.

    [3] Lucas 15:15-16.

    [4] Lucas 15:17-19.

    [5] Lucas 15:20–21.

    [6] Lucas 15:21–22.

    [7] Lucas 15:23.

    [8] Lucas 15:24.

    [9] Lucas 15:25–28.

    [10] Lucas 15:28–30.

    [11] Lucas 15:31.

    [12] Lucas 15:32.

     

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  • Ene 15 Pequeños comienzos
  • Ene 14 Vence con el bien el mal
  • Ene 9 Sé todo lo que puedes llegar a ser, 1ª parte
  • Ene 7 No se avergüenza de ser llamado nuestro Dios
  • Ene 3 Fuerza para un año nuevo
  • Dic 31 Un desafío de año nuevo
  • Dic 27 Entiende tu propósito
  • Dic 26 Esperanza y ayuda para el año nuevo
   

Rincón de los Directores

  • Más como Jesús: Reflexiones sobre la semejanza a Cristo

    [More Like Jesus: Reflections on Christlikeness]

    Uno de los objetivos primordiales que tenemos los cristianos es emular a Jesús, seguir Sus huellas, imitar Sus acciones y actitudes y Su fe y confianza en el Padre. A lo largo del Nuevo Testamento encontramos palabras de aliento para emularlo.

    El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo[1].

    Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús[2].

    ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién lo instruirá? Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo[3].

    Ejemplo les he dado para que, así como yo se los hice, ustedes también lo hagan[4].

    Enseguida algunas frases selectas que nos animan a los creyentes a ser imitadores de Cristo.

    Asemejarse a Cristo quiere decir vivir y actuar como Cristo vivió y actuó.  Jim George

    La semejanza con Cristo es un viaje, no un destino. La dicha está en el viaje.  Charles R. Swindoll

    El designio para la vida de Sus hijos es llegar a parecernos a Cristo. Si bien muchas veces deseamos confort, placer, prosperidad y curación, el Señor sabe que esos no siempre son los medios que producirán en nosotros la santidad que Él desea. A veces Dios manifiesta Su amor retirando la prueba; muchas veces Él demuestra Su amor permitiendo que la prueba persista, pues conoce la presión exacta que producirá en nuestra vida una mayor semejanza con Cristo, lo que al mismo tiempo representa Su mayor deseo y nuestro mayor bien.  Randy Smith

    No son los grandes dones lo que Dios bendice tanto, sino una gran similitud con Cristo.  Robert Murray McCheyne

    ¿Cómo le concedemos la gloria a Dios? La Biblia nos responde brevemente: Pareciéndonos cada vez más a Jesucristo.  Sinclair Ferguson

    La afinidad con Cristo es tu postrer destino; mas tu travesía durará toda una vida.  Rick Warren

    ¿Se te ha ocurrido alguna vez que cien pianos afinados todos con el mismo diapasón quedan automáticamente afinados entre sí? Todos terminan armonizando, no porque se hubieran afinado entre sí, sino conforme a otro patrón al que cada uno debe acoplarse individualmente. De ahí que cien adoradores que se reúnan, cada uno con la mirada puesta, no en los demás sino en Cristo, están más unidos de corazón de lo que podrían llegar a estar si tomaran conciencia de su unidad y apartaran la mirada de Dios esforzándose por lograr una hermandad más estrecha.  A. W. Tozer

    He puesto mi alma, cual cheque en blanco, en las manos de Jesucristo, mi Redentor, y deseado que Él estampe allí lo que le plazca. Sé que será Su propia imagen.  George Whitefield

    Dios nunca permite dolor sin razón en la vida de Sus hijos. Nunca consiente que Satanás ni las circunstancias ni ninguna persona malintencionada nos haga daño a menos que haya dispuesto valerse de esa aflicción para nuestro bien. Dios nunca desaprovecha el dolor. Siempre hace que redunde en nuestro bien supremo, el bien de conformarnos más a la imagen de Su Hijo (véase Romanos 8:28,29).  Jerry Bridges

    La perfección del amor que Dios nos profesa no se calibra según la habilidad con que Él este administrando la agenda de nuestra vida. No, la perfección del amor que Dios tiene por nosotros se aprecia en el objetivo que Él ha fijado para nuestra vida, el cual no es otro que la semejanza con el Hijo al que ama.  Michael Lawrence

    Jesús nunca consideró que nuestro deber fuera simplemente poner la otra mejilla, ir más allá de lo que se nos pide, bendecir a los que nos persiguen, dar al que nos lo solicita y otros tantos mandatos. Si bien por lo general se entiende, y con mucha razón, que reacciones de ese tipo son características de la semejanza con Cristo, Él las expuso como ejemplos ilustrativos de lo que cabría esperar de un nuevo tipo de persona, una que con inteligencia y tenacidad aspira, por sobre todo lo demás, a vivir en el marco de la regla divina y ser poseída por la clase de integridad que Dios mismo posee, como lo describe Mateo 6:33. Jesús más bien invitó a la gente a seguirlo e iniciarse en ese estilo de vida en el que conductas como amar a los enemigos se presentan como lo único sensato y feliz que se puede hacer. Para una persona que lleva ese tipo de vida lo difícil sería odiar al enemigo, negarse a ayudar al que se lo suplica o maldecir al que maldice. [...] La verdadera imitación de Cristo, la verdadera fraternidad con Cristo, se produce en el momento en que se hace difícil no reaccionar como reaccionaría Él.  Dallas Willard

    Hay muchos que predican a Cristo, pero no tantos que viven a Cristo. Mi gran objetivo es vivir a Cristo.  Robert Chapman

    Cuando la esposa del misionero Adoniram Judson le contó que un artículo de periódico lo comparaba con algunos de los apóstoles, Judson respondió: «No quiero ser como Pablo o como un hombre cualquiera. Quiero ser como Cristo. Quiero seguirlo a Él solamente, copiar Sus enseñanzas, embeberme de Su Espíritu y poner mis pies en Sus huellas. ¡Ay, cuánto deseo ser más como Cristo!»  Anónimo

    El cristiano no debería adoptar como modelo nada menos que Cristo mismo.  Charles Spurgeon

    El propósito último que Dios tiene para nosotros es [...] que nos conformemos realmente a la imagen de Su Hijo, tanto en nuestra persona como en nuestra situación. [...] Jesús no solo murió para salvarnos de la pena del pecado, ni siquiera para hacernos santos en nuestra situación ante Dios. Murió a fin de purificarnos para Sí, un pueblo deseoso de ser transformado a imagen de Él. [...] Este proceso de conformarnos gradualmente a semejanza de Cristo empieza en el momento mismo de nuestra salvación, cuando el Espíritu Santo viene a morar en nosotros y en realidad nos entrega una nueva vida en Cristo. A este proceso gradual lo llamamos santificación, o crecer en santidad, ya que realmente se trata de un proceso de crecimiento.  Jerry Bridges

    Recuerden que su misión no es producir máquinas eficaces, de movilidad social ascendente, sumamente instruidas y de reconocidas dotes atléticas. [...] Es bueno ofrecer a sus hijos magníficas oportunidades; mas no es esa la finalidad de la labor de los padres. La semejanza a Cristo sí lo es. Sobre todo procuren educar hijos que se parezcan y actúen como Jesús.  Chip Ingram

    En donde habita el Espíritu Santo, Su presencia suscita un hambre de santidad. Su cometido es magnificar a Cristo y es Él quien infunde en el creyente el deseo de emular a Cristo. El hombre natural no abriga tal pasión. En cambio en el cristiano el Espíritu de Dios comienza a llevar a cabo la voluntad divina a fin de que el hijo de Dios se haga semejante al Unigénito de Dios. Y el que empezó esta buena obra en la vida del creyente «la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6).  Donald S. Whitney

    La similitud con Cristo no se produce por imitación, sino por inhabitación.  Rick Warren

    El bien que Dios aspira a lograr en nuestra vida es que nos conformemos a la imagen de Su Hijo. No necesariamente se trata de confort o felicidad, sino de conformidad con Cristo en una medida cada vez mayor en esta vida y cuando ésta alcance su plenitud en la eternidad.  Jerry Bridges

    Plantéate bien claramente en la conciencia la pregunta: «¿Qué porción poseo de la mente de Cristo?» ¿Responde mi corazón, corresponde mi disposición a la mente santa, afable, humilde, clemente, benévola, paciente y abnegada de Cristo? ¿Los hombre que conocen la belleza y la gloria del Original, tal como aparece esbozada en las páginas del evangelio, dicen cuando me ven: «¡He aquí la imagen de Cristo!»? ¿O por el contrario, miran con escepticismo y luego de permanecer largo tiempo en silencio manifiestan que guarda poca o ninguna semejanza? ¡Ah, no se contenten con nada que no sea una copia del corazón de Cristo en el de ustedes!  John Angell James

    La Escritura expresa que Dios hace que todas las cosas cooperen «para el bien» de los que lo aman (Romanos 8:28). ¿Qué significa, sin embargo, ese «bien»? Consiste en que los creyentes sean transformados conforme a la imagen de Cristo (Romanos 8:29). De ahí que todas las experiencias de la vida estén destinadas, bajo la mano soberana de Dios, a acercarnos a la meta suprema de la vida cristiana, que es la semejanza con Cristo.   Sinclair Ferguson

    Nuestras debilidades no son negativas como quizá pensemos. Nos llevan a depender de la gracia y el poder de Dios para lograr una mayor afinidad con Cristo y un ministerio más amplio.  Paul Washer

    La iglesia existe con el objeto de preparar a sus miembros, mediante la práctica de la presencia de Dios, para que sean siervos de otros, con el fin de que la similitud con Cristo llegue a ser un bien común.  William Adams Brown

    Peguen esa pregunta en sus casas: «¿Qué haría Jesús?»; y luego plantéense: «¿Cómo lo haría Jesús?» Qué haría Él y cómo lo haría será siempre nuestro mejor indicador.  Charles Spurgeon

    Es inconcebible que una persona pueda enamorarse del Redentor en sentido bíblico y no desear ardientemente amoldarse al objeto de ese afecto.  John Hannah

    «Revestirse de Cristo» [...] no es una más de las tareas que debe realizar un cristiano; tampoco es una especie de ejercicio excepcional para los de las altas esferas. Representa la totalidad del cristianismo. El cristianismo no ofrece absolutamente nada más.  C. S. Lewis

    No debemos olvidar nunca, si es que hemos de crecer en gracia y por tanto en semejanza a Cristo, que Aquel en quien confiamos y Aquel a quien amamos y servimos es el Cristo crucificado. Seguirlo significa tomar la cruz, así como negarnos a nosotros mismos. Implica una vida de crucifixión.  Sinclair Ferguson

    Cuando llego a entender que todo lo que me está pasando es para hacerme más parecido a Cristo, se aplaca muchísimo la ansiedad.  A. W. Tozer

    En última instancia llegamos a parecernos a lo que adoramos. Si adoramos el dinero, nos volvemos materialistas. Si adoramos el poder y el prestigio, nos tornamos fríos y encallecidos. Si adoramos un ídolo, terminamos espiritualmente muertos e inertes como una piedra. Por otra parte, si adoramos a Cristo, nos ajustaremos a Su imagen. [...] De ser Él nuestra preocupación cada vez mayor, imperceptiblemente nos iremos transformando conforme a Su imagen por acción del Espíritu Santo.  John MacArthur

    El Hijo toma forma en quienes se abandonan a Él. Cristo se forma a Sí mismo en la vida de quienes prescinden de todas las demás formas de vida en las que se habían basado para amoldar las suyas. Cristo toma forma en una vida dispuesta a ser masilla en las manos de Dios. Cristo estampa las facciones de Su propio rostro en la greda de nuestra alma cuando dejamos de ser duros y resistentes, y cuando retiramos nuestras propias manos incompetentes y admitimos que no somos tan buenos ceramistas como Él.  John Piper

    Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a Él a medida que somos transformados a Su gloriosa imagen.  2 Corintios 3:18 (NTV)


    [1] 1 Juan 2:6.

    [2] Filipenses 2:5 (NTV).

    [3] 1 Corintios 2:16.

    [4] Juan 13:15.

     

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  • Dic 21 Un excelente obsequio
  • Dic 17 Promesas navideñas
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  • Nov 9 Amor que ve más
   

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