• Incluso una sola vela puede crear un cambio en la oscuridad.

  • Donde Dios está, hay amor. (1 Juan 4:7-8)

  • Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

  • El mundo pasará; pero la Palabra de Dios permanecerá para siempre.

  • Así brille vuestra luz.

Áncora

Devocionales presentados de forma sencilla

  • Cómo hacer discípulos de los nuevos creyentes

    Tesoros

    [Discipling New Believers]

    Antes de ascender al Cielo, Jesús encomendó a Sus discípulos una gran misión: «Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado» (Mateo 28:19,20). Nosotros, Sus discípulos de hoy en día, tenemos esa misma misión: la de difundir la buena nueva de la salvación mediante la fe en Cristo y alimentar la fe de los nuevos creyentes.

    Cuando alguien acepta a Jesús y vuelve a nacer espiritualmente (Juan 3:5–7), es como si empezara una nueva vida. En ese momento se inicia un proceso continuo por el que va creciendo en su relación con Dios y en su discipulado.

    Para llegar a ser un cristiano maduro, un nuevo creyente necesita principalmente seis cosas:

    1. Oración. Muchos nuevos cristianos no están habituados a orar o no son conscientes de la importancia de la oración en su relación con el Señor. Cuando los discípulos de Jesús le pidieron: «Señor, enséñanos a orar» (Lucas 11:1), Él les respondió mostrándoles cómo hacerlo. Podemos invitar a los nuevos creyentes a orar con nosotros y animarlos a orar por su cuenta. También debemos orar por ellos después que se salvan, con el fin de que se desarrollen espiritualmente, se conviertan en discípulos y ansíen la leche pura de la Palabra de Dios, «para que por ella crezcan para salvación» (1 Pedro 2:2).

    2. La Palabra. Es importante que la fe de un nuevo creyente esté cimentada en la Palabra de Dios. «La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17). Ahora bien, la Biblia es un libro muy extenso, eso sin mencionar todos los comentarios bíblicos y demás libros cristianos. Un nuevo creyente necesita orientación para estudiar la Palabra de Dios. Hay que animarlo a leerla diariamente y ofrecerle sesiones para estudiarla, comentarla y aprender a aplicarla. Estimula en él el deseo de conocerla mejor contándole cómo te ha servido a ti leerla y aplicarla.

    3. Relación con Dios. Cuando alguien acepta a Jesús como Señor y Salvador, recibe de Él el regalo de la salvación. Pero ese es solo el punto de partida de su proceso de transformación como discípulo. Es preciso que comprenda a fondo lo que es la salvación y sus implicaciones con respecto a su vida, y que aprenda a cultivar una relación personal con Dios. La certeza de que Él lo ama incondicionalmente debería inspirarle seguridad, y tiene que aprender a amarlo con todo el corazón, toda el alma, toda su mente y todas sus fuerzas (Marcos 12:30,31). También tiene que aprender a dejarse guiar por Él y por Su Palabra a la hora de tomar decisiones y en sus actividades cotidianas, y aprender a depender de Él y a encomendarle sus caminos, sus problemas y todo aquello con lo que se encuentre en la vida en vez de querer bandearse por sí solo (Proverbios 3:5,6). Nada de eso sucede automáticamente. Cultivar nuestra relación con Dios toma tiempo, requiere oración y estudio de Su Palabra.

    4. El amor de Cristo. Un nuevo creyente necesita sentir el amor de Dios y aprender a tener la confianza de que Él nunca dejará de amarlo, sean cuales sean sus defectos, errores y pecados. Y nosotros debemos ser una muestra viva de ese amor y andar «en amor, como Cristo también nos amó y se entregó a Sí mismo por nosotros» (Efesios 5:2). Un nuevo creyente puede necesitar que le recuerdes continuamente que Dios lo ama mientras va creciendo en Cristo como la «nueva criatura» que Él quiera que sea, en la cual «las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). Juan marcó la pauta de cómo debemos amar a los nuevos creyentes a los que estamos ayudando a crecer en la fe cuando dijo: «En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó Su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos» (1 Juan 3:16).

    5. Fraternidad. Un nuevo creyente necesita el apoyo de otros cristianos, sobre todo de los que son veteranos y maduros en la fe. Además, necesita ver el amor cristiano en acción y conocer a personas que se hayan comprometido a regirse por los principios de la Palabra de Dios. Le hace bien ver cómo responde Dios a las oraciones y cómo obra en la vida de otras personas. Así poco a poco va entendiendo y reconociendo cómo obra también en la suya. «Considerémonos los unos a los otros para estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como algunos tienen por costumbre; más bien, exhortémonos» (Hebreos 10:24,25). Puede asistir a reuniones de un grupo reducido, de una iglesia celular, en un templo o de otro tipo. En cualquier caso, congregarse con hermanos es un aspecto fundamental de nuestra vida cristiana.

    6. Difundir la buena nueva. Un nuevo creyente necesita que se le anime y se le enseñe a transmitir su fe. Todo cristiano ha sido llamado a ser testigo y embajador de Cristo y a divulgar la buena nueva del evangelio, a fin de que otros tengan la oportunidad de escuchar la verdad y aceptar a Cristo. Esa es la misión más importante del mundo. «Somos embajadores en nombre de Cristo; y como Dios los exhorta por medio nuestro, les rogamos en nombre de Cristo: ¡Reconcíliense con Dios!» (2 Corintios 5:20).

    Es importante que un nuevo creyente entienda que el cimiento de nuestra fe es la Palabra de Dios. La fe cristiana tiene como fundamento la Palabra de Dios, la cual contiene la verdad y el testimonio de testigos oculares de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Nosotros podemos fallarle, otras personas también, pero la Palabra de Dios nunca. Jesús dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras jamás pasarán» (Mateo 24:35).

    Es esencial enseñar a un nuevo converso a poner su fe en Dios y en Su Palabra, no en sus sentimientos ni en las circunstancias. El hecho de que haya aceptado el regalo de la salvación por medio de la fe en Jesús no significa que no vaya a tener problemas y dificultades, o que no vaya a sufrir tragedias y pérdidas en esta vida. Habrá momentos en los que su fe será puesta a prueba, lo cual le ayudará a crecer espiritualmente y acercarse a Dios. Si su casa está construida sobre la roca de la Palabra, permanecerá firme cuando la azoten las tormentas de esta vida (Mateo 7:24,25).

    Enseñar a otros para que enseñen a otros

    En una misiva personal dirigida a Timoteo, un joven y prometedor dirigente de la iglesia primitiva, el apóstol Pablo menciona uno de los secretos de la rápida expansión del nuevo movimiento: «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (2 Timoteo 2:2). Es un principio que el propio Jesús aplicó al instruir a Sus discípulos:

    Si un número suficiente de quienes abrazan la fe en Cristo asume el reto de transmitírsela a otros, y si estos hacen lo propio, más habitantes del planeta tendrán ocasión de descubrir el amor de Dios y la salvación en Jesús. Puede que no todos tengamos la vocación de evangelizar a tiempo completo, pero a todos se nos manda amar al prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:39), lo cual incluye darles a conocer nuestra fe para que tengan oportunidad de llegar a creer en Jesús.

    Por nosotros mismos, por mucho que nos esforcemos, no podemos ayudar a alguien a crecer espiritualmente, como tampoco podemos guiarlo hacia Cristo: es el Espíritu Santo el que cambia y transforma la vida de las personas a medida que van creciendo en la fe y actuando como discípulos. «Dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta» (Romanos 12:2). Su Palabra y Su Espíritu son los que transforman el corazón y la vida de las personas si nosotros ponemos nuestro granito de arena y oramos por ellas, las guiamos hacia el Señor y la Biblia, y procuramos ser un ejemplo vivo de Cristo y Su amor.

    Cuando Jesús dio a Sus discípulos la Gran Comisión, no solo les mandó: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15), también les encargó que formaran discípulos. «Vayan y hagan discípulos de todas las naciones […]. Enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado» (Mateo 28:19,20). Pongamos todos de nuestra parte para ayudar a los nuevos creyentes a crecer como discípulos.

    La misión de los que somos cristianos activos y damos testimonio del Señor es anunciar el evangelio a todo el mundo, en todas partes, «predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, con toda libertad» (Hechos 28:31). Ahora bien, para cumplir esa tarea no solo debemos testificar y ayudar a otros a abrazar la fe en Cristo, sino también contribuir a su desarrollo y ayudarlos a convertirse en discípulos maduros capaces de evangelizar y enseñar a otros más.

    El propio Jesús no predicó a millones de personas. Se pasó la mayor parte del tiempo enseñando y preparando a Sus discípulos para que ellos continuaran Su obra después de Su partida. Cuando Él ascendió al Cielo, ellos fueron capaces de hacerlo gracias al poder y la inspiración del Espíritu Santo, y así nació la iglesia primitiva. Aplicando el principio de que cada uno enseñe a otro se multiplicará el número de ciudadanos del reino de Dios que lo amen y glorifiquen y aporten al proyecto de construir Su reino.

    Todo cristiano debería plantar su vida en la tierra del servicio a Dios, consagrarse a Él, tomar su cruz y seguir a Jesús (Mateo 16:24). Hemos sido llamados a ser la luz del mundo y a hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efesios 2:10), de modo que nuestra vida y nuestras acciones sean un testimonio vivo para el mundo. «Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos» (Mateo 5:14–16).

    La vocación de discípulo no es fácil, y nos tomará toda la vida ir adquiriendo progresivamente el carácter de Cristo. Pero Él ha prometido recompensarnos por todo lo que entreguemos al reino de Dios y dediquemos a difundir la buena nueva y ser una imagen viva del amor de Dios. «Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente. Recuerden que el Señor los recompensará con una herencia» (Colosenses 3:23,24).

    Publicado en Áncora en abril de 2026. Traducción: Esteban.

  • Abr 3 Reflexiones para el Viernes Santo
  • Abr 1 La conversión de un procónsul romano
  • Mar 31 Testigos oculares
  • Mar 30 La resurrección de Jesús (2ª parte)
  • Mar 25 Encuentra la Salvación gracias a un folleto
  • Mar 23 La resurrección de Jesús (1ª parte)
  • Mar 20 ¿Por qué existimos? Conozco la respuesta.
  • Mar 17 El propósito de la Biblia
  • Mar 16 La naturaleza de Dios: Amor
   

Rincón de los Directores

Estudios bíblicos y artículos edificantes para la fe

  • Vivir como discípulos, 9ª parte: Formar discípulos

    [The Life of Discipleship, Part 9: Discipling Others]

    Cuando Jesús estaba a punto de ascender al Cielo y se despidió de Sus discípulos, les encomendó la gran misión de evangelizar y hacer discípulos. «Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado» (Mateo 28:19,20). Nosotros que somos Sus discípulos también hemos sido llamados a hacer discípulos, enseñar la fe cristiana y ayudar a otros a crecer en su discipulado.

    Impartir enseñanzas sobre Jesús y ayudar a otros a crecer en su fe es esencial para la continuidad de la fe; es como el cristianismo se perpetúa. Jesús estuvo unos tres años enseñando a Sus seguidores y preparándolos para continuar Su labor y propagar la fe una vez que Él hubiera muerto y resucitado. Si los discípulos no hubieran sido fieles en enseñar a hombres y mujeres que fueran «idóneos para enseñar también a otros» (2 Timoteo 2:2), el mensaje se habría desvanecido en una generación. Formar discípulos y enseñar son elementos importantes del discipulado y de la continuidad de la fe.

    No es lo mismo predicar el evangelio que enseñar. El término griego que en el Nuevo Testamento se traduce como predicar significa publicar, proclamar. Y algunas de las definiciones de la palabra griega que en el Nuevo Testamento se traduce como enseñar son «impartir instrucción, adoctrinar». En el curso de Su vida pública, Jesús hizo ambas cosas: predicó y enseñó, tal como indica Mateo 11:1: «Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a Sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos».

    Jesús pregonó la buena nueva y Sus enseñanzas a las multitudes, pero también enseñó individualmente, como en el caso de Nicodemo (Juan 3:1–12) y de la mujer samaritana con la que conversó junto a un pozo (Juan 4:7–30). Él declaró que Su misión al predicar era proclamar el reino de Dios. «Es necesario que […] anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado» (Lucas 4:43). Y al enseñar en diversas situaciones y circunstancias, formaba discípulos e impartía instrucciones a los que, a su vez, iban a formar más discípulos, de manera que ese proceso se repitiera continuamente, de persona en persona, siglo tras siglo.

    Proclamar la buena nueva y conducir a las personas a la salvación por medio de la fe en Cristo las encamina hacia el discipulado. Ayudar a alguien a crecer en su fe y su discipulado constituye un paso más, que es importante para fortalecer espiritualmente a los nuevos creyentes. La historia y la expansión del cristianismo por el mundo se han basado en el hecho de que los creyentes comunicaban su fe y formaban discípulos, para que estos a su vez comunicaran su fe y formaran más discípulos.

    La evangelización y la formación de discípulos son fundamentales para la expansión y la continuidad del cristianismo. A menos que los creyentes proclamemos la buena nueva y ayudemos a otros a crecer en la fe y continuar la labor que Cristo nos encomendó, no cumpliremos el llamamiento a ser la luz del mundo (Mateo 5:14).

    ¿Qué significa formar discípulos? Los siguientes extractos de artículos ofrecen buenas definiciones:

    Formar discípulos es establecer relaciones intencionales que nos permitan caminar con ellos, a fin de animarse, equiparse y estimularse mutuamente con amor a avanzar hacia la madurez en Cristo. Incluye prepararlos para enseñar a otros.  Greg Ogden[1]

    Formar discípulos es algo de lo que se habla mucho. No es otra cosa que ayudarnos deliberadamente unos a otros a alcanzar una mayor conformidad con Jesús. Es un acto deliberado porque su fin es ayudar a personas concretas a crecer de formas concretas en su devoción a Dios. Es un acto recíproco, no un acto unidireccional con un sabio en una esquina y un alumno en la otra. Todos los cristianos necesitamos formación espiritual, y todos hemos sido equipados por el Espíritu para edificarnos mutuamente (Judas 1:20; Efesios 4:12; 1 Pedro 2:5).

    No es preciso que seas un gurú de la formación de discípulos. Basta con que estés disponible. No es preciso que seas un teólogo. Basta con que seas un instrumento para impartir gracia a otros discípulos. Formar discípulos es algo para seguidores de Jesús normales y corrientes, comprados con Su sangre, imperfectos. Cristianos, ¡comprometámonos a formarnos unos a otros como discípulos!  Tony Shepherd[2]

    Para formar discípulos no es necesario ser un talentoso maestro de la Biblia ni tener un profundo conocimiento de la doctrina cristiana. Formar discípulos es hacer lo posible por ayudar a otros en su desarrollo espiritual y esforzarse por ser un modelo de Cristo para ellos. No todos somos maestros talentosos, pero todos debemos aprender a hablar de nuestra fe en Dios y Su amor y ayudar a los demás a entender mejor a Jesús, la salvación y los fundamentos de la fe. También podemos estudiar la Biblia y otros textos cristianos con otras personas para ayudarlas a crecer en la fe.

    Puede que no sepas responder a todas las preguntas que te plantee alguien nuevo en la fe o alguien que esté pasando por un período de cuestionamiento de su fe. Pero puedes ayudarlos a buscar respuestas en la Biblia o en las enseñanzas de maestros bíblicos talentosos, o contarles lo que has aprendido por experiencia personal en tu relación con el Señor. Puedes orar con ellos y así enseñarles a orar e invocar versículos de la Biblia.

    El discipulado es un proceso que dura toda la vida, que nos transforma progresivamente, «de gloria en gloria», en la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18). Formar discípulos no significa necesariamente guiarlos a lo largo de todas las etapas de su vida cristiana, sino más bien hablarles de tu experiencia y tu fe y dirigirlos hacia el Señor y Su Palabra. El objetivo es que el tiempo que les dediques los ayude a crecer en su conocimiento de Dios y en su relación con Él, y que su fe se fortalezca.

    Para formar discípulos no es preciso impartirles clases formales; se puede hacer pasando un rato de comunión espiritual con ellos, contestando sus preguntas, orando con ellos cuando tienen dificultades y ayudándolos a encontrar respuestas a sus dudas; o acompañándolos cuando pierden a un ser querido o sufren una tragedia, transmitiéndoles así el amor y el consuelo de Cristo.

    Jesús dedicó gran parte de Su vida pública a convertir intencionalmente en discípulos a Sus conversos. Los que perpetúan y propagan la fe son los discípulos, y dado que el objetivo es hacer discípulos de todas las naciones, formar discípulos es una parte importante de la gran misión que Él nos encomendó. Formando discípulos y enseñándoles fortalecemos a los cristianos que abrazan la fe en el Señor. Al impartirles enseñanzas, afianzarlos en su fe y ayudarlos a entender las creencias cristianas fundamentales, descubrir la presencia de Jesús y lograr una mayor cercanía con Dios, los creyentes crecen como discípulos.

    Discípulos que hacen discípulos

    Desde el principio del cristianismo, la consecuencia natural de ser un discípulo de Jesús siempre ha sido hacer [más] discípulos de Jesús. «Vengan en pos de Mí, y los haré pescadores de hombres» (Mateo 4:19). Esto es una promesa: Jesús convierte a Sus discípulos en formadores de discípulos. Y un mandato: Él pidió a todos Sus discípulos que fueran e hicieran discípulos de todas las naciones, bautizándolos y enseñándoles a obedecerle (Mateo 28:19,20). Desde el comienzo, el plan de Dios era que cada discípulo de Jesús hiciera discípulos que hicieran discípulos que hicieran discípulos, hasta que el evangelio se divulgara entre todas las naciones.

    Él ha designado a todo Su pueblo para que conozcamos el gozo de transmitir Su amor, difundir Su Palabra y multiplicar Su vida entre todas las naciones de la Tierra. Ese es el gran propósito para el que fuimos creados: para que gocemos de la gracia de Cristo mientras divulgamos el evangelio desde donde vivimos hasta los confines de la Tierra. Y vale la pena consagrar nuestra vida a la consecución de ese propósito. Vale la pena por los miles de millones de personas que aún no conocen la misericordia y la majestad de Dios en Cristo. Y vale la pena por nosotros, porque fuimos creados para ser discípulos que hagan discípulos hasta el día en que veamos el rostro de Aquel a quien seguimos y juntamente con todas las naciones conozcamos Su satisfacción por toda la eternidad.  Francis Chan y Mark Beuving[3]

    Agentes de transformación evangélica

    Tras Su resurrección y ya cerca del final de Su ministerio terrenal, Jesús anunció a Sus discípulos el mandato que hoy se conoce como la Gran Comisión, una declaración cargada de implicaciones. […]

    «Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado. Y he aquí, Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:19,20).

    Vayan. Hagan discípulos. Bauticen. Enseñen. Inspiren.

    Lo cierto es que no hay nada que derrita más rápidamente el frío glacial de un mundo perdido que el calor exponencial de una persona que forme a un discípulo, de dos que formen a dos, de cuatro que formen a cuatro, hasta que surjan por doquier nuevos creyentes maduros que se propaguen como un incendio forestal. […]

    Este movimiento de crecimiento y arraigo espiritual entre el pueblo de Dios, especialmente en el corazón entusiasta de los nuevos cristianos, llena la iglesia de insurgentes formados en la Biblia cuya pasión por que los hijos perdidos de Dios sean hallados solo es comparable a la pasión por que se alimente a Sus hijos ya rescatados.  Ed Stetzer[4]

    Dios nos llama a proclamar el evangelio, difundir Su amor y Su verdad y ayudar a otros a progresar en su discipulado. Ahora bien, el lugar en el que cumplas esa misión, el método que uses y las personas objetivo dependerán de dónde te haya puesto Dios, de la vida que Él te haya trazado y de las personas que Él ponga en tu camino. Divulgar la buena nueva y convertir en discípulos a los nuevos creyentes es algo que podemos hacer en nuestro barrio, en nuestra comunidad, en el trabajo, en la universidad, misionando en el extranjero, en el seno de una entidad local sin ánimo de lucro, dondequiera que Dios nos ponga. Jesús mismo nos encargó que contribuyéramos a hacer discípulos. Un discípulo forma discípulos.

    No se trata de establecer una relación formal con esas personas, sino una amistad. Jesús llamó amigos a los hombres a los que estaba preparando para ser discípulos: «Los he llamado amigos porque les he dado a conocer todas las cosas que oí de Mi Padre» (Juan 15:15). ¡El aspecto de la amistad es importantísimo! Hay muchas maneras de crear situaciones que propicien la amistad con las personas a las que testificas y preparas como discípulos: invitarlas a tomar un café, recibirlas en tu casa para cenar, dar un paseo o iniciar un grupo de oración o un grupito de estudio de la Biblia.

    Cuando acompañas a alguien en su desarrollo espiritual, contribuyes a que llegue a tener una relación más profunda con Dios. Los siguientes extractos de artículos lo expresan muy bien:

    Usar la amistad para formar discípulos

    La tarea de formar discípulos no es exclusiva de la llamada élite espiritual; es el deber de todo discípulo (Mateo 28:18–20). Un discípulo hace discípulos.

    Conviene recordar que Jesús llamó amigos a Sus discípulos (Juan 15:12–15). Eso es asombroso. En la cruz, la ira de Dios cayó sobre el Hijo para que pudiéramos ser amigos de Dios. Cuando el Hijo de Dios te invitó a ser Su discípulo, te invitó a ser Su amigo. Gozar de la amistad de Jesús por medio de Su Palabra, la oración y Su pueblo es gozar de la experiencia del discipulado (Juan 15:7–11). Formar discípulos, entonces, es invitar a otras personas a ser amigas de Jesús. Es preguntarse: «¿Cómo puedo ayudar a este ser humano a conocer mejor a Jesús y amarlo más?»

    Con frecuencia, ser un discípulo significa simplemente estar presente. Es orar con alguien en una reunión. Es hablar de lo que aprendiste del sermón. Es cantar con suficiente volumen para animar a los que te rodean, aunque tu voz no dé para estar en un coro. Es vivir cristianamente, emulando a Cristo e invitando a otros a hacer como tú. Por fortuna, el crecimiento espiritual de los demás es, en última instancia, obra de Dios, y es independiente de nuestros imperfectos esfuerzos por hacer discípulos (1 Corintios 3:6,7). No hace falta que seamos la fuente de toda sabiduría espiritual. Tampoco necesitamos un título del seminario ni años de experiencia sirviendo a Dios. Hacer discípulos es simplemente ayudarlos a crecer en su amistad con Jesús, contándoles y viviendo lo que hemos aprendido de la Palabra de Dios en nuestra propia amistad con Jesús.  Quina Aragon[5]

    La vida espiritual de una persona sigue un proceso. Cada uno se encuentra en una etapa diferente. El Señor puede pedirte que acompañes a alguien durante un tiempo para transmitirle Su amor, Su verdad y Su Palabra y tener comunión con él. Es posible que te toque sembrar o regar, ayudarle a convertirse en discípulo o a crecer en su discipulado si se encuentra en un punto en el que está listo para entregarse más a Dios. Tú estás ahí para ayudar, para aconsejarle cuando te lo pida, para presentarle los principios de Dios, para ayudarle a comprender Su Palabra y Sus caminos, para darle ánimo y apoyo, y para compartir con él tus vivencias como discípulo.

    Enseñar a alguien y formarlo como discípulo lleva tiempo; pero el tiempo que dedicamos a formar eficazmente aunque solo sea a una persona es tiempo bien empleado. Podemos ser propensos a medir nuestro éxito formando discípulos por el número de personas a las que ayudamos en su discipulado, pero esa no es una medida precisa. Solo tenemos que hacer lo que Dios nos pida, dar testimonio y formar como discípulos a aquellos que Él ponga en nuestro camino, y orar y confiar en que el Espíritu Santo obrará en su vida.

    Francisco de Asís dijo en cierta ocasión: «De nada sirve caminar a un sitio para predicar a menos que nuestro caminar sea nuestra predicación». Nuestras fuerzas y nuestra motivación para dar a conocer a Jesús son fruto de nuestro amor por Él y nuestra relación con Él. La capacidad de un cristiano para vivir como un discípulo, testificar y formar discípulos es consecuencia de hacer lo que Dios manda a los discípulos, como por ejemplo modelar nuestra vida según Su Palabra y emular a Jesús (v. las partes 1–4 de la serie Vivir como discípulos). Todo comienza por uno mismo: por amarlo personalmente y poner en práctica Sus principios, y también tener la convicción, el entusiasmo y el deseo de testificar, proclamar la buena nueva y participar en el proceso de hacer discípulos.

    Todos tenemos alguna oportunidad, alguna comunidad, algún ámbito en el que podemos conectar con otros y fortalecer su fe, su esperanza y su espíritu por el hecho de vivir como discípulos e introducir los principios del discipulado en nuestras relaciones. Jesús mismo nos encargó que ayudáramos a otros a convertirse en discípulos. Porque somos discípulos, amamos, creemos y seguimos las enseñanzas de Jesús, y también contribuimos a difundir esas enseñanzas y la Palabra de Dios, y ayudamos y enseñamos a otros a crecer en su discipulado.

    Reflexiones

    Todo cristiano debe ayudar a los no creyentes a convertirse en creyentes mostrándoles a Cristo. Eso es hacer discípulos. Y todo cristiano debe ayudar a otros creyentes a crecer y alcanzar mayor madurez. Eso es hacer discípulos.  John Piper

    Los discípulos se multiplican. Uno de los últimos mandatos de Jesús a Sus discípulos antes de ascender fue: «Vayan y hagan discípulos de todas las naciones» (Mateo 28:19). Eso incluye evangelizar —difundir el evangelio e instar a las personas a arrepentirse y creer en Cristo—, pero también formar discípulos. Los cristianos deben participar activamente en la formación de personas que, a su vez, puedan formar a otras. Ese es el modelo que vemos en el ministerio de Jesús: Él formó a once hombres que se pasaron el resto de su vida haciendo discípulos, preparando a otros que también se dedicaran a hacer discípulos, y así sucesivamente.  Got Questions[6]

    Cuando somos transformados en la imagen de Jesús, los demás lo ven en nosotros y entran en contacto con el poder que acaba con los temores y las dudas y confiere esperanza. En 1 Corintios 11:1, el apóstol Pablo exhorta: «Sean ustedes imitadores de mí; así como yo lo soy de Cristo». En lo que a hacer discípulos se refiere, ¡no hay mejor modelo que Jesús! Él enseñó a Sus seguidores a formar discípulos con Su ejemplo.  Shawn D. Anderson

    Qué dice la Biblia

    «Este evangelio está dando fruto y creciendo en todo el mundo, como también ha sucedido entre ustedes desde el día en que supieron de la gracia de Dios y la comprendieron plenamente» (Colosenses 1:6).

    «El discípulo no es superior a su maestro, pero cualquiera que es plenamente instruido será como su maestro» (Lucas 6:40).

    «Dios se propuso dar a conocer cuál es la gloriosa riqueza de este misterio entre las naciones, que es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria.A este Cristo proclamamos, aconsejando y enseñando con toda sabiduría a todas las personas, para presentarlas completamente maduras en su unión con Cristo» (Colosenses 1:27,28).

    Oración

    Padre celestial, gracias por darme un estilo de vida en Cristo Jesús que me permite formar discípulos. Cada momento de este día, ayúdame a amarte y a amar a las personas con las que me cruzo. […] No permitas que me pierda hoy las aventuras que me envías para que viva y anuncie la buena nueva de Jesús. Atrae mi corazón hacia Ti y hacia las personas precisas que deseas que acerque a Ti, estableciendo amistades que formen discípulos como lo hacía Jesús. Por Tu Palabra y Tu Espíritu, transfórmame en un seguidor de Jesús que te ame, que ame al prójimo y que forme discípulos. En el nombre de Jesús, amén[7].

    Traducción: Esteban.



    [1] Greg Ogden, Discipulado que transforma (Editorial Clie, 2006).

    [2] Tony Shepherd, «Disciple Others», 9Marks.org, 30 de marzo de 2021, https://www.9marks.org/article/disciple-others/.

    [3] Francis Chan y Mark Beuving, Multiplícate: discípulos haciendo discípulos (David C. Cook, 2012).

    [4] Ed Stetzer, Subversive Kingdom: Living as Agents of Gospel Transformation (B&H Publishing Group, 2012).

    [5] Quina Aragon, «But I’ve Never Been Discipled», The Gospel Coalition, 8 de agosto de 2020, https://www.thegospelcoalition.org/article/never-been-discipled/.

    [6] «¿Qué es el discipulado cristiano?», GotQuestions.org, https://www.gotquestions.org/Espanol/discipulado-cristiano.html.

    [7] «Disciplemaker’s Prayer», Cadre Missionaries, https://www.cadremissionaries.com/disciplemakers-prayer.

    © La Familia Internacional, 2026. Política de privacidad Política de cookies

  • Mar 3 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 37-58)
  • Feb 17 Vivir como discípulos, 8ª parte: Transmitir nuestra fe
  • Feb 3 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 20-36)
  • Ene 20 Vivir como discípulos, 7ª parte: Servir a Dios sirviendo al prójimo
  • Dic 16 1 Corintios: Capítulo 15 (versículos 1-19)
  • Dic 2 Vivir como discípulos, 6ª parte: Amar al prójimo
  • Nov 11 1 Corintios: Capítulo 14 (versículos 26–40)
  • Oct 28 Vivir como discípulos, 5ª parte: Buscar primeramente el reino de Dios
  • Oct 14 1 Corintios: Capítulo 14 (versículos 1–25)
   

Creencias

Más…
  • …una comunidad cristiana, en línea, dedicada a difundir el mensaje del amor de Dios por todo el mundo. Creemos que toda persona puede entablar una relación personal con Dios por medio de Jesucristo y gracias a ello tener felicidad, paz interior y el incentivo para ayudar a otros y dar a conocer las buenas nuevas del amor de Dios.

Misión

Más…
  • El objetivo primordial de La Familia Internacional es mejorar la calidad de vida de las personas al difundir el vivificante mensaje de amor, esperanza y salvación que se encuentra en la Palabra de Dios. Creemos que el amor de Dios —puesto en práctica en nuestra vida cotidiana— es la clave para resolver muchos de los problemas de la sociedad, incluso en el mundo actual, complejo y acelerado. Al transmitir la esperanza y la orientación que se encuentran en las enseñanzas de la Biblia, creemos que podemos trabajar hacia la construcción de un mundo mejor; y transformarlo, corazón por corazón.

Valores

Más…
  • El valor del individuo

    Valoramos a cada persona, con sus aptitudes, habilidades y cualidades particulares. Estamos convencidos de que todos pueden contribuir a transformar el mundo corazón por corazón.

Acerca de LFI

LFI en línea es una comunidad virtual para los integrantes de La Familia Internacional. LFI es una comunidad cristiana dedicada a compartir el mensaje del amor de Dios en el mundo entero.

Visita nuestra página de LFI para conocer mejor nuestra agrupación.

Si estás afiliado a LFI, iniciar sesión para ver todo el contenido.

Últimas series

Más…
1ª y 2ª a los Tesalonicenses
Un estudio de las epístolas de Pablo a los Tesalonicenses y cómo se aplican esas enseñanzas en la actualidad.
Pasemos a Lo esencial
Artículos que tratan los temas fundamentales de la doctrina y fe cristiana.
Vivir el cristianismo
Aplicar las enseñanzas de la Biblia a nuestra vida diaria y decisiones.